Economía electoral: ¿por qué no será como en 2017?

El gobierno quiere repetir la estrategia económica de hace dos años, pero las condiciones son bien diferentes.

Daniel Schteingart
7 de junio de 2019 08 hs
dany@cenital.com  
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Desde 2011, los oficialismos repitieron una misma receta económica en los años electorales: dólar planchado y estímulos para el consumo y la actividad vía gasto público y créditos baratos. Este año, la situación resulta más desafiante. Por un lado, porque la tutela del FMI limita la aplicación de dichas políticas económicas "electoralistas". Por el otro, porque el punto de inicio es bastante peor: la economía arrancó el año mucho más deprimida y con una inercia inflacionaria mucho más alta que en los últimos años electorales, y con réplicas del terremoto cambiario del año pasado y el resto de los indicadores financieros. 

Planchar al dólar siempre tiene un objetivo claro: moderar la inflación y permitir que el poder adquisitivo se recupere para que aumente el consumo de cara a las elecciones. Si se vota con el bolsillo, que el bolsillo esté más lleno. Por eso, las políticas que evitan que el dólar suba (venta de reservas o de dólar futuro, por ejemplo) son usuales en años electorales. 

Al mismo tiempo, las personas y las empresas tienden a comprar dólares en años electorales, ya que buscan anticiparse a una probable devaluación post-electoral. Por eso, la intervención del Banco Central suele ser más activa en estos años.

En 2017, la demanda de dólares aumentó, pero la luna de miel del macrismo con los mercados generó una cuantiosa oferta de "dólares financieros", producto del endeudamiento externo y la entrada de capitales para aprovechar las altas tasas de interés en pesos (carry-trade o "bicicleta financiera"). Ello permitió transitar el año con una relativa paz cambiaria. 

Este año, la situación es muy distinta. La luna de miel con los mercados terminó en divorcio, por lo que hace un año que los dólares financieros en vez de entrar, salen. Es decir, no está la oferta de dólares que hubo en 2017 para compensar el aumento de demanda típica de años electorales.

La única forma de frenar la suba, por lo tanto, es que el Banco Central intervenga. Sin embargo, entre octubre de 2018 y fines de abril, el FMI prohibió vender dólares para hacer frente a la demanda, por el temor de que el BCRA rife las reservas y, de este modo, que Argentina no pueda cumplir con el pago de la deuda contraída. Esta limitación al accionar del BCRA terminó por quitarle poder de fuego para controlar el dólar, que pasó de $38 a $46 en el mismo período, atizando aún más la inflación y postergando la recuperación del poder adquisitivo y del consumo.

El FMI se ablanda en la campaña electoral

Hace poco más de un mes, el FMI -gracias a una gestión del gobierno de Trump-, habilitó al Banco Central a vender todos los dólares que sean necesarios para garantizar la calma cambiaria de cara a las elecciones y mejorar las chances electorales del oficialismo. El anuncio logró que el mercado se tranquilice, al menos momentáneamente.

La gran duda para los próximos meses es si el gobierno tiene el poder de fuego suficiente para mantener a raya el dólar. Hay dos variables a seguir de cerca: las reservas y el riesgo país. 

Las reservas actuales son relativamente altas, cercanas a US$ 65.000 millones. Sin embargo, la dinámica es preocupante: el último desembolso del FMI, de US$ 10.835 millones, tardó solo cuarenta días en usarse completamente en pagos de deuda y ventas minoristas de dólares. 

¿Son suficientes los dólares que tiene el Banco Central para hacer frente a la probable aceleración de la demanda estos meses de elecciones? El año pasado nos demostró que el poder de fuego -en momentos de incertidumbre- es limitado, dada la total desregulación de la entrada y salida de dólares del país que implementó este gobierno. 

Más preocupante es la película de mediano plazo, ya que la próxima gestión deberá afrontar abultados vencimientos de deuda en dólares. Por lo tanto, la venta de dólares para controlar el dólar en el presente se hace a costa de la sustentabilidad a futuro de la deuda.

Esos temores sobre la sustentabilidad a futuro son las que se están reflejando, actualmente, en el riesgo país, que tocó niveles récord en los últimos 5 años. Y, en una especie de círculo vicioso, la suba del riesgo país impide que Argentina pueda financiarse en los mercados voluntarios de deuda y, de esta forma, generar oferta adicional que compense la demanda de dólares.

Por todo esto, más allá del mayor poder de intervención que hoy tiene BCRA y el elevado nivel de reservas, las dudas sobre la estabilidad del dólar siguen vigentes. Un nuevo salto importante del tipo de cambio minimizaría las chances electorales del macrismo.

Estímulos acotados y tardíos

Por el lado de los estímulos oficiales a la actividad económica, la situación también es más complicada que en 2017. En las últimas elecciones legislativas, el piso de la recesión se había alcanzado a mitad de 2016, y la economía y el empleo privado comenzaron a recuperarse a partir de julio de ese año. En este caso, el timing es diferente: a marzo de 2019 (último dato disponible) la economía y el empleo privado no habían tocado piso aún. 

Algo similar ocurrió con el poder adquisitivo y la inflación: el peor momento se dio a mediados de 2016, de modo que en las PASO 2017 el bolsillo llevaba un año de graduales mejoras. En contraste, la inflación comenzó 2019 muy caliente, haciendo que el peor momento del poder adquisitivo haya sido marzo-abril, cuando se ubicó en el valor más bajo en una década. En otras palabras, la crisis económica se siente en el bolsillo mucho más que las últimas recesiones y más cerca de las elecciones.

En este contexto, el margen para tomar medidas que impulsen la actividad económica es más limitado que en otros años electorales, debido, principalmente, a que el FMI exige el cumplimiento de las "metas fiscales" para el desembolso de los préstamos. Esto obliga al gobierno a reducir el gasto público, que cayó 13% en términos reales en el primer cuatrimestre del año. Salvo contadas excepciones (como el Paseo del Bajo), a diferencia de 2017, el gobierno no está impulsando la obra pública para incentivar la actividad de la construcción, que tiene un fuerte efecto multiplicador sobre el resto de la economía.

Por otro lado, el cumplimiento de las "metas monetarias" -cero emisión-, también impuestas por el FMI, obliga a mantener tasas de interés muy elevadas lo que reduce (y al mismo tiempo encarece) la capacidad de financiamiento de las empresas y las familias. Para contrarrestar esto, el gobierno está impulsando algunas medidas de estímulo, como los préstamos de ANSES a beneficiarios de programas sociales, la baja del costo financiero del Ahora 12, el relanzamiento del PRO.CRE.AR o subsidios para la compra de autos cero kilómetro. Todas medidas que, si bien ayudan a recuperar el consumo, son de limitado alcance en términos macro.

Por lo tanto, no veremos una recuperación económica vigorosa de cara a las elecciones: el gasto público en modo ajuste por el FMI y la inversión cayendo por la falta de demanda ("¿qué voy a invertir si tengo la mitad de la planta parada?") y el aumento del costo financiero no empujarán la economía. El alicaído consumo puede repuntar levemente siempre y cuando los salarios le ganen a la inflación, lo cual podría pasar sólo si el dólar permanece estable. Sin embargo, esa recuperación apenas permitiría recuperar algo de los 11 puntos perdidos el año pasado. El único sector que crece fuerte es el agro (tras la sequía de 2018) pero no alcanza para compensar el resto de la actividad económica. El rebote en "V" que esperaba el gobierno para llegar a las elecciones mejor parado está prácticamente descartado. Recordemos que, en 2017, la economía crecía en torno al 4% para las elecciones legislativas. 

En síntesis, la macroeconomía de cara a las elecciones bailará nuevamente al ritmo del dólar, en un contexto de alta incertidumbre, con la corrida cambiaria fresca en la memoria y con reservas cayendo a ritmos preocupantes. Y, a diferencia de años previos, los estímulos oficiales para intentar reanimar a una economía deprimida son más limitados. Claramente, lo económico estará lejos de ser un aliado del gobierno a la hora de votar.