Argentina Exporta: ¿es posible un boom de ventas externas?

Con el objetivo de mejorar el acceso a mercados y aumentar el financiamiento, el Gobierno presentó un programa. En Cenital analizamos cuáles fueron sus resultados.

Cuando allá por octubre del año pasado el Gobierno convocó a autoridades provinciales, diputados, senadores y empresarios al Centro Cultural Néstor Kirchner para anunciar el lanzamiento del programa "Argentina Exporta", habían transcurrido 1.035 días de gestión macrista. Quien estuvo a cargo la inauguración del evento, concebido para "delinear la estrategia de internacionalización de las empresas argentinas", fue la diputada nacional Elisa Carrió. Ni la particular elección de la maestra de ceremonias ni el cierre del acto protagonizado por Mauricio Macri parecían ser suficientes para ocultar una verdad incómoda: con más de dos tercios de mandato al hombro y en línea con la fallida promesa de una "lluvia de inversiones", la apuesta de Cambiemos por el "boom de exportaciones" había naufragado.

En números

Las cifras hablan por sí mismas. En 2017, el déficit en la balanza comercial de bienes alcanzó un récord histórico de 8.309 millones de dólares y, pese a la mega devaluación del peso registrada en abril del año pasado, el rojo acumulado en 2018 también llegó al podio de las peores marcas: fue el tercer peor saldo comercial de los últimos 20 años. Si nos remontamos a datos históricos de la balanza comercial argentina, el resultado negativo del año pasado recién es superado por el desbalance comercial de 1998, cuando se registró un déficit de U$ 4.900 millones. En conjunto, los años 2017 y 2018 drenaron de la economía argentina un total de 12.190 millones de dólares en concepto de déficit comercial.

Las razones detrás de esta fallida gestión del comercio exterior responden a una política en materia económica construida sobre el mito del aislacionismo preexistente y la creencia de que "todo lo bueno vendrá de afuera". Mediante la devaluación del peso, la eliminación o reducción de retenciones y la desregulación de la actividad exportadora, se intentó mejorar la rentabilidad de actividades económicas vinculadas a las ventas externas, contrayéndose al mismo tiempo los motores de la demanda interna vía ajuste de salarios, aumento de la tasa de interés y tarifazos. Sin embargo, desde el vamos, ni la estructura productiva local ni el contexto económico internacional eran compatibles con el éxito de ese programa.

Desde el lado de la oferta, las ventas argentinas al exterior describen históricamente una baja elasticidad con respecto al tipo de cambio real y a las variaciones en los aranceles a la exportación. Es decir, la devaluación de la moneda y la baja de retenciones, per se, poseen un impacto limitado en el desempeño del complejo exportador. Si a eso se agrega una notable falta de incentivos a la producción y a la innovación productiva y una tasa de interés que encarece notablemente el acceso al crédito y alienta la financiarización de activos, el saldo final jamás podría haber sido positivo. Los datos así lo demuestran: según un estudio de Proyecto Económico, el valor exportado entre 2016 y 2018 marca una reducción del 15,5% en comparación con las divisas que ingresaron durante el periodo 2012-2015.

Desde el lado de la demanda, la economía mundial contemporánea no está en condiciones de acompañar un modelo económico liderado por las exportaciones. La creciente guerra comercial que tiene como actores principales -pero no exclusivos- a Estados Unidos y China, la caída en el precio de los commodities, la volatilidad de los mercados financieros y la ralentización del crecimiento económico y el comercio global son rasgos presentes en la economía mundial que atentan contra la posibilidad de una salida exportadora. Por ceguera o dogmatismo, la fuerza gobernante no vio o no quiso ver que lo que proponía era imposible.

Más allá de las buenas intenciones, el lanzamiento del programa "Argentina Exporta" en esta coyuntura política y económica se parece más a un intento por mostrar algún tipo de reacción ante la dura realidad del frente externo que un verdadero plan de desarrollo exportador. Bajo premisas de "mejorar el acceso a mercados", "ampliar el financiamiento" y "promover la calidad", que en ningún caso contemplan instrumentos concretos de diversificación o aumento de la competitividad exportadora, el programa aspira a "triplicar las exportaciones para 2030 y cuadruplicar la cantidad de empresas que exportan".

Sin un verdadero programa de desarrollo productivo que contemple medidas e instrumentos para la mejora de la competitividad de manera genuina, tales como financiamiento para la producción y la exportación, desdolarización de los costos energéticos y de los insumos para la producción y ambiciosos planes de infraestructura logística, el "Argentina Exporta" parece tener como destino exclusivo poblar las páginas de matutinos y portales en épocas de campaña.

Este exceso de voluntarismo fue motivo de un intercambio de tuits entre un corresponsal de Bloomberg, Patrick Gillespie, y el por entonces director del Banco Central, Pablo Quirno. "El Gobierno argentino se ha fijado como meta triplicar las exportaciones en 2030. El año pasado se exportó por un monto de 58 billones de dólares. Admirable, pero no sé si es una meta muy ambiciosa o muy tímida. 12 años para triplicar un valor tan bajo. Además, es imposible hacerle rendir cuentas a esta administración en 2030", escribió Guillespie en su cuenta personal. La respuesta de Quirno fue: "Nada es Imposible (Impossible is Nothing). Podríamos estar ante un 4to mandato de Cambiemos para ese entonces".