Inflación de ricos, inflación de pobres

¿Qué hay detrás de los números que difundió el INDEC?

Daniel Schteingart
14 de junio de 2019 17:06 hs
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"La inflación de mayo marcó un 3,1% mensual y un 57,3% en los últimos doce meses". "La inflación acumulada en la Capital Federal es del 19% en lo que va de 2019". "El mercado prevé una inflación del 40% para 2019".

Una de los indicadores más utilizados para medir la inflación ("suba generalizada de los precios de una economía") es el índice de precios al consumidor (IPC). Los IPC toman una canasta de consumo de bienes y servicios de la población. Ahora bien, ¿cómo se ponderan los distintos rubros? ¿Por qué "alimentos y bebidas" pesa tanto más que "electrónica" en el índice?

La razón es sencilla. Los IPC se construyen a partir de la suma de todos los gastos que hacen los hogares al cabo de un período de tiempo (en general, un año, para poder captar mejor consumos estacionales, tales como el turismo). Para ello, el INDEC hace una Encuesta de Gasto de los Hogares (ENGHO), que se actualiza cada cierto período de tiempo. En Argentina, la última ENGHO es del año 2012-2013, y actualmente se está haciendo una nueva.

Vale tener en cuenta que en los IPC el "changuito" de bienes y servicios es siempre el mismo, hasta tanto aparezca una nueva ENGHO que confirme que los patrones de consumo de la población cambiaron. Que el "changuito" sea el mismo implica que las cantidades son fijas, pero que el peso de los distintos bienes y servicios va variando en función de la evolución de los precios de los distintos rubros que componen tal "changuito".

A modo de ejemplo, supongamos que el "changuito" se compone de dos bienes: arroz y detergente. Supongamos que, al momento de la última ENGHO, el total de los gastos de la población en arroz es de $80, en detergente de $20 y, por consiguiente, el "changuito" total vale $100. De este modo, en el primer IPC que salga en base a los datos de esa ENGHO, arroz pesará 80% y detergente 20%. Ahora bien, supongamos que al cabo de un mes, el arroz se encareció un 25% y pasó a costar $100 y que, por el contrario, el detergente permaneció sin cambios. El "changuito" ahora cuesta $120 (se encareció 20%) y el arroz ahora pesa un 83,3% (100 de los 120 pesos lo explica el arroz). De tal modo, si el arroz subiera nuevamente un 25% (a $125), la canasta total no se encarecería un 20%, sino un 20,8% (ya que pasa de $120 a $145). Si bien el contenido del changuito es el mismo que el de antes, la evolución de los precios relativos hizo que la ponderación de ambos bienes fuera cambiando a lo largo del tiempo.

Ahora bien, los IPC que usan los organismos de estadística (no solo de Argentina) tienden a sobrerrepresentar las pautas de consumo de los hogares de mayores ingresos. ¿Por qué ocurre esto? Porque los ponderadores de los IPC se construyen sobre el total de los gastos de consumo: como los más ricos gastan y consumen más, su incidencia sobre los ponderadores del IPC será mayor que la de los más pobres.

Ello nos dispara una pregunta interesante: ¿Son muy distintos los patrones de consumo de los sectores de menores ingresos respecto a los de mayores ingresos? Veamos en detalle. Según la última ENGHO, el decil 1 (10% de menores ingresos) destina casi el 44% de sus gastos a alimentos y bebidas a consumir dentro del hogar. En contraste, en el decil 10 (10% de mayores ingresos) tal cifra cae al 18%.

Otros rubros en donde los ingresos marcan grandes clivajes en los patrones de consumo son, por ejemplo:

-Electricidad, gas y agua, que en 2012-2013 explicaban el 3,2% de los gastos del decil 1, y apenas un 1,6% en el decil 10 (probablemente, hoy tales cifran sean muy distintas tras los cambios tarifarios de los últimos años);

-Cigarrillos, que dan cuenta del 1,5% de los gastos del decil 1, pero del 0,4% del decil 10;

-Pañales, que explican el 1,8% de los gastos del decil 1 y menos del 0,1% del decil 10;

-Transporte, que representan el 8% de los gastos del decil 1, contra un 17% de los del decil 10. Si bien el transporte público impacta más en los hogares más pobres, el rubro "transporte" se compone mayormente de lo que es el transporte privado, esto es, compraventa de autos/motos, nafta, seguro del automóvil, peajes o playas de estacionamiento. Todos estos ítems impactan mucho más en las canastas de consumo de los más ricos que de los más pobres.

-Restaurantes, que explican el 1,5% de los consumos del decil 1, pero el 6% de los del decil 10;

-Turismo, que es prácticamente nulo en el decil 1, pero representa el 4% de los gastos del decil 10;

-Otros rubros ligados al ocio (como electrónica, cines, teatros, gimnasio o revistas, entre otros), que explican el 5% del presupuesto del decil 1, y el 7% del decil 10;

-Alquileres y expensas, que inciden mucho más en los hogares de mayores ingresos (8% en decil 10 contra 4% en decil 1);

-Salud, que representa el 4% del presupuesto del decil 1 contra un 7% del decil 10 (los más ricos pagan prepagas, y los más pobres tienden a ir más al hospital público);

-Enseñanza, que en el decil 1 explica el 1,4% de sus gastos, y en el decil 10 casi el 3%, lo cual se explica mayormente porque los niños de hogares de mayores ingresos concurren a escuelas privadas;

-Servicio doméstico, que en el decil 1 da cuenta del 0,3% de sus gastos y en el decil 10 del 2,8%;

En resumidas cuentas, las subas en alimentos y bebidas (para consumir en el hogar), cigarrillos, pañales y servicios públicos afectan mucho más a los hogares de menores ingresos. Por el contrario, las alzas en restaurantes, alquileres, expensas, servicios culturales, el auto propio, prepagas, servicio doméstico, educación privada o turismo inciden mucho más en la inflación de los deciles de mayores ingresos.

Inflación de pobres e inflación de ricos

Teniendo en cuenta estas diferencias en los patrones de consumo según ingreso, ¿qué ha ocurrido con la inflación en los últimos años en los distintos tramos de la pirámide social? Tal como se ve en el gráfico a continuación, hemos estimado que una inflación del 60,2% para el 10% más pobre en el último año, unos tres puntos por encima de la inflación nacional reportada por el INDEC. En contraste, en el 10% más rico la inflación fue algo menos intensa (53,5%).


Fuente: elaboración propia en base a IET, INDEC, IPC-CABA, IPC-Córdoba, IPC-San Luis y ENGHO 2012-2013.

¿A qué se debe esta significativa asimetría en el impacto de la inflación? Básicamente a que, producto de la devaluación del último año, los alimentos -más sensibles que otros rubros a la cotización del dólar- subieron más que el promedio del IPC (64,9% contra 57,3% según el INDEC).

Inflación de los jubilados, inflación de las mujeres y otras inflaciones

Hay otras variables que inciden en lo que consumimos. Por ejemplo, la edad, el género, la región o la posesión de la vivienda son variables muy relevantes. En los jubilados, rubros como salud impactan mucho más que en el promedio. A la inversa, educación privada o alquileres pesan mucho menos (esto último se debe a que el grueso de las personas mayores son propietarias de la vivienda). En contraste, en los jóvenes impactan mucho más rubros como alquileres o indumentaria.

El género también es una variable importante a la hora de medir la inflación. Los hogares con más hombres que mujeres tienden a gastar relativamente más en transporte privado (dado que los varones van relativamente más al trabajo en auto/moto que las mujeres, que van más en transporte público), alimentos (producto de que los requisitos kilocalóricos son mayores), restaurantes (debido a que pasan más tiempo fuera del hogar que las mujeres) o alcohol. Asimismo, dentro del rubro alimenticio, los varones tienden a gastar más en carne y fiambres, en tanto que las mujeres más en verduras, frutas o lácteos. De este modo, una suba del asado repercute más en los hogares masculinizados que en los feminizados. En contraste, las mujeres gastan relativamente más en servicios de la vivienda (electricidad, gas y agua), salud, educación o indumentaria. 

En suma, es crucial que cuando leamos "la inflación fue del 50%" o "este mes suben las prepagas" o "durante el año la carne subió 30%" tengamos en cuenta el carácter profundamente heterogéneo de los patrones de consumo y, por lo tanto, de la inflación. Sería un gran avance que el INDEC publicara medidas más desagregadas de inflación, que permitirían comprender más finamente la evolución de las tendencias socioeconómicas.