¿Qué se esconde detrás del superávit del gobierno?

El Ejecutivo celebra el cumplimiento de la meta fiscal acordada con el FMI a costa del ajuste del gasto público. Ventas de centrales térmicas de energía, el uso del Fondo de Garantía de Sustentabilidad y el incremento del déficit por pago de deuda le ponen matices a esa alegría.

Mara Ruiz Malec
13 de julio de 2019 13:07 hs
mara@cenital.com  
@marucha_rm

Este viernes el ministerio de Hacienda difundió el resultado fiscal del sector público para el primer semestre del año y celebró el cumplimiento de la meta acordada con el FMI. Para este semestre, el objetivo a cumplir era de un superávit primario de 20.000 millones, que podía bajarse hasta un déficit de -17.277 siempre y cuando ese dinero se utilizara para gasto social. El resultado primario es la diferencia entre los ingresos que obtiene el gobierno a través de impuestos y otras formas de recaudación respecto de los gastos que enfrenta, sin incluir los intereses de la deuda. En los primeros seis meses de 2019, el Estado Nacional alcanzó un superávit primario de 30.200 millones de pesos, un 0,1% del PBI.

¿Misión cumplida?

Cuando uno quiere cerrar un déficit existen dos alternativas: o se incrementan los ingresos o se reducen los gastos. Los datos publicados por el Ministerio de Hacienda indican que el ajuste para cerrar el déficit provino completamente por el lado del gasto, ya que los ingresos también cayeron. En el último año, los recursos del Estado Nacional se incrementaron un 48,6% medidos en pesos, lo que ajustado por la inflación es una caída de -3,8%. Los impuestos que menos crecieron fueron el IVA, el Impuesto a las Ganancias y las Contribuciones a la Seguridad Social. Este es el impacto de la recesión en los ingresos del Estado. La caída fue compensada parcialmente por mayores ingresos por retenciones, que volaron producto de la imposición de nuevas alícuotas en septiembre del año pasado, con un dólar que duplica el valor que tenía en 2018.

La reducción del gasto fue mucho más relevante: aumentó 33,8%, muy por debajo de la inflación. Esto alcanzó a todos los rubros, incluyendo prestaciones sociales (-12,5%), pero el gasto de capital -el gasto en obra pública - fue el que más se redujo: cayó 17% en términos reales, incluyendo como punto más bajo la reducción nominal (¡sin descontar la inflación!) del 27% en el gasto en educación, es decir en construcción y equipamiento de escuelas.

El gasto real acumula 19 meses consecutivos a la baja, resultado de la política de ajuste fiscal compartida por el gobierno y el FMI.

Hace 10 años que el gasto público no es tan bajo. Esto significa, por ejemplo, que en salarios es el mismo que en 2009 (mientras que la población y los servicios del Estado crecieron). Lo mismo sucede en las Universidades, pese a que se abrieron nuevas facultades y que aumentó la matrícula. El nivel de gasto para obra pública está en el mismo nivel 2005, pese a los importantes déficits de infraestructura de nuestro país.

Problemas para el segundo semestre

Sin embargo, todo este ajuste no hubiera alcanzado para cumplir la meta de déficit cero de no ser por algunos recursos extra que consiguió el gobierno. Se destacaron tres acciones clave: la transferencia de 19.600 millones de pesos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de ANSeS, que es el fondo de ahorro del sistema provisional, y la venta de dos Centrales Térmicas por 40.400 millones, junto con algunas operaciones más chicas. Concentrados en junio, estos ingresos significaron 66.600 millones de pesos extra en el semestre, la diferencia entre un superávit de 0,1% del PBI y un déficit de 0,1%. La diferencia entre cumplir o no cumplir la meta del FMI.

En los próximos meses, es difícil que ingresos como la venta de centrales se repitan. Los caminos se agotan. El Estado ya está ajustando muchísimo. Puede hacer uso de algo llamado deuda flotante, que es ejecutar gastos pero pagarlos en 2020. Pero esto tiene un límite impuesto por el Fondo. Puede usar también el resto del espacio que le dio el FMI para gasto social, que además acaba de ser ampliado. Pero el objetivo sigue siendo muy arduo.

Los intereses de la deuda debajo de la alfombra

Por otro lado, el resultado primario no incluye el pago de intereses por la deuda contraída. Estos últimos se computan en lo que llamamos el resultado financiero, que no es otra cosa que el déficit total. Y ahí es donde también se observa otro problema: mientras que se redujo el gasto primario del gobierno, el pago de intereses se incrementó 0,5% del PBI entre el primer semestre de 2018 y los primeros seis meses de 2019.

En lo que va del año, 317.400 millones de pesos salieron de las arcas nacionales en el pago de intereses de la deuda (algo más de 7.500 millones de dólares o también 1,5% del PBI). De esta forma, el resultado financiero total del gobierno aún es deficitario: mientras se ajustaron los gastos corrientes, se incrementaron los gastos por pago de deuda. En consecuencia, el Estado Nacional aún sostiene un déficit de 1,3% del PBI cuando se incluyen los intereses, producto del endeudamiento y de la crisis cambiaria, que elevó el valor en pesos de estas obligaciones financieras.

Si no se hubieran vendido activos estatales ni se hubieran utilizado recursos del FGS, el déficit financiero hubiera sido de 1,6% en el primer semestre, casi igual que el año anterior.