Radiografía del votante argentino

¿Qué medios consumen los que votan a Macri? ¿Y a Alberto? ¿Dónde queda Corea del Centro? Productividad, Espert y el país de mierda en este atlas ideológico de la Argentina.

Daniel Schteingart
21 de julio de 2019 18:07 hs
dany@cenital.com  
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Hace un par de semanas armé una Encuesta sobre Preferencias Políticas, que tuvo dos versiones. En la primera edición contestaron más de 16.000 personas, en tanto que en la segunda lo hicieron casi 9.000. Se trata de una encuesta online creada con la plataforma Google Forms y difundida principalmente vía Twitter. Por tal razón, no es representativa del conjunto de la población argentina y sus resultados no son extrapolables por fuera de la gente que votó. Más allá de eso, y de los múltiples sesgos que tiene (siendo uno de ellos que la gente mayormente politizada tiende a contestarla mucho más que los menos politizados), la encuesta arrojó una serie de resultados más que interesantes. Tales resultados permiten hacer una primera radiografía del votante argentino en base a tópicos que raras veces son abordados por las usuales encuestas de opinión pública. Veamos.

El mapa ideológico argentino

A partir de los resultados se me ocurrió armar un mapa ideológico argentino, en dos dimensiones. Un primer eje tiene que ver con el acuerdo (o no) con las ideas del liberalismo económico (por ejemplo, ideas a favor de la apertura económica, de la reducción del gasto público y los impuestos, en contra de programas como Precios Cuidados, etcétera). El segundo eje tiene que ver con la cercanía (o no) a las ideas del progresismo político, a partir de posturas respecto a la legalización del aborto y la marihuana, al feminismo, al CONICET (si se lo considera una "unidad básica" o no) o si es mejor votar cada cuatro años que cada dos.

En el siguiente mapa encontramos casi 70 puntitos, cada uno de los cuales equivale a un político, un medio, un periodista, una identidad política o una religión. La ubicación del puntito dentro del mapa muestra donde se ubican, en promedio, los consumidores/simpatizantes de ese político/periodista/medio/religión/identidad.


Primera cuestión. Existe una correlación inversa importante entre el eje del liberalismo económico y el eje del progresismo (nótese que la mayoría de los puntos está en una diagonal que va de arriba a la izquierda a abajo a la derecha). En decir, en general las personas más anti-aborto o anti-legalización de las drogas tienden a ser más liberales en lo económico y viceversa (lo cual no quita que puedan existir una cantidad significativa de individuos que sean liberales en lo económico y pro-aborto).

En segundo lugar, el kirchnerismo (y los periodistas/medios cercanos a él) se ubica en el extremo noroeste del mapa (bajo liberalismo económico, alto progresismo). También dentro de esa región del mapa se ubican los votantes de Del Caño, con preferencias ideológicas muy afines a las de los kirchneristas. No resulta para nada casual que, de acuerdo a la encuesta, el 60% de los votantes de la izquierda en primera vuelta vote a Alberto Fernández en caso de un ballotage (contra un 3% que va a Macri; el resto votaría en blanco o está indeciso). A la inversa, en la región sudeste del mapa (alto liberalismo económico, bajo progresismo) se ubican los simpatizantes del macrismo (y las personas que consumen a periodistas/medios cercanos al oficialismo). Próximo a ese espacio están también los votantes de Espert, que comparten muchos valores ideológicos con los de Macri. No resulta casual que el 65% de los votos de Espert iría a Macri en una segunda vuelta y apenas un 5% a Fernández (el resto respondió en blanco/indeciso). Claramente, Espert es a Macri lo que Del Caño a Fernández.

Resulta interesante lo que ocurre en las regiones más centristas del espacio ideológico. Los votantes de Lavagna, o los que en 2015 votaron a Stolbizer o Massa ocupan esta región intermedia del mapa. Periodistas como María O'Donnell, Ernesto Tenenbaum o Juan Pablo Varsky también se encuentran aquí, con audiencias bastante repartidas entre oficialistas y opositores. Esto contrasta con Jorge Lanata o Roberto Navarro, solo consumidos respectivamente por votantes de Macri/Fernández.

Los que se definen como "radicales", "liberal-socialistas", "liberal-feministas" o "desarrollistas" tienden a votar más a Macri que al resto, pero su distancia ideológica respecto a los votantes de Fernández es decididamente menor que los que se definen como de "derecha" o "conservadores". Estos últimos tienden a preferir a personajes como Trump o Bolsonaro respecto a otros como Obama o Lula; en contraste, los primeros quieren mucho a Obama y rechazan menos a Lula que a Bolsonaro. En Estados Unidos, el ala izquierda de Cambiemos sería decididamente del Partido Demócrata. El votante de Alberto Fernández también votaría al Partido Demócrata, pero mucho más "desganado".

Resulta interesante analizar lo que pasa con las religiones. En promedio, las personas religiosas son de "centro" en materia económica: sus índices de libertad económica oscilan entre 4-6 en una escala de 0-10. Sin embargo, mientras que los evangélicos y católicos son más bien conservadores en lo social, los judíos tienden a ser más pro-aborto y pro-legalización de la marihuana. La posición de éstos es idéntica a los de quienes se definen como "liberales y socialistas".

¿Dónde queda Corea del Centro?

La posición en el mapa ideológico influye muchísimo en la probabilidad de a qué candidato votar en un eventual ballotage entre Fernández y Macri. Ahora bien, ¿dónde queda Corea del Centro? Es decir, ¿en qué parte del mapa ideológico un ballotage saldría medianamente parejo? Veamos el cuadro a continuación.


Este cuadro muestra cuál es la probabilidad de votar a Fernández respecto a Macri en una segunda vuelta. En azul, están las regiones del mapa ideológico en donde ganaría Fernández; en rojo, en donde ganaría Macri. Si una persona tiene índice de progresismo de 10 e índice de libertad económica de 0, entonces es casi una certeza que preferirá al candidato del Frente de Todos por sobre el de Juntos por el Cambio. A la inversa, si el índice de progresismo es de 0 y el índice de libertad económica es de 10, la probabilidad de elegir a Macri ronda el 100%.

La diagonal negra en el cuadro muestra aproximadamente dónde está la frontera de los votos, la línea que divide las dos Coreas. De la diagonal para la izquierda, gana Alberto; de la diagonal para la derecha, gana Mauricio. Es interesante observar que la división se dé bajo la forma de una diagonal y no de una recta vertical u horizontal. Una persona que tiene 10 de índice de progresismo y 5 de libertad económica tenderá a votar más a Fernández que a Macri. Ahora bien, una persona que tiene 0 de índice de progresismo pero también 5 de libertad económica votará casi con seguridad a Macri. A la inversa, una persona muy poco liberal en lo económico (2/10) pero con 0 en el índice de progresismo votará probablemente a Macri. Por el contrario, una persona también con 2 puntos de libertad económica y 6 de progresismo votará probablemente a Fernández. ¿Qué quiere decir esto? Que Alberto solo retiene a votantes conservadores en lo social que son muy antiliberales en lo económico, en tanto que a Mauricio le cuesta retener a votantes muy progresistas en lo social y de "centro" en liberalismo económico.

Prestemos un poco de atención a lo que ocurre en los que tienen progresismo 6 o más. Allí pasar de 4 a 6 en libertad económica cambia toda la ecuación: en 4, gana cómodo Fernández; en 6 arrasa Macri. Asimismo, vale agregar, de cara a un ballotage, que es cerca de la diagonal donde se encuentra la mayor proporción de indecisos entre Macri/Fernández.

Interés por la política

Como decía anteriormente, uno de los sesgos de la encuesta es que la votó mayormente gente altamente politizada. Es lógico: si no me interesa la política, es poco probable que destine cinco minutos de mi vida a contestar una encuesta sobre temas políticos. Sin embargo, como la muestra es grande, hay mucha gente de politización baja/media que sí la respondió.

¿Existe alguna correlación entre politización e intención de voto? La respuesta es sí: en general, el voto a Alberto Fernández y a Nicolás Del Caño es más politizado que el voto al resto. En promedio, el interés por la política (en una escala de 0 a 10) del votante del Frente de Todos es de 9, contra 8 en el votante de Juntos por el Cambio. Los indecisos son, previsiblemente, menos politizados: aquí el interés cae a 7,5. No resulta casualidad que el oficialismo esté apuntando a lograr una mayor participación en las PASO: la gente menos politizada es menos propensa a votar, y ese voto, por default, tiende ir más a Macri que a Fernández.

Volvamos por un momento al mapa ideológico. Ahora, en cada región del mapa se muestra el interés por la política. Las regiones en rojo son las más despolitizadas, en tanto que las verdes las más politizadas. Es clarísimo cómo el extremo noroeste del gráfico es de altísima politización. El interés por la política es un poco menor en la región sudeste del gráfico, que tiende a votar más a Macri/Espert. Sin embargo, la región menos politizada es el "centro geográfico" del mapa ideológico. Probablemente, producto de esta despolitización relativa no haya posturas demasiado tomadas sobre diversos temas que pregunta la encuesta. Sí resulta claro que la elección se juega mucho en esa región del mapa. Históricamente, el macrismo tendió a interpelar mejor que el kirchnerismo al votante de esta zona del espacio ideológico. No resulta casual que los últimos spots de Axel Kicillof (que lo muestra risueño y empático con un mensaje final en pos del humor y la esperanza) y Alberto Fernández (tocando la guitarra y cantando una canción suya) hayan sido tan aplaudidos por los simpatizantes del Frente de Todos, conscientes de esta desventaja relativa.

Dime con quién te informas y te diré a quién votas

Otro punto interesante que surge de la encuesta es cómo saldría una primera vuelta entre los consumidores de los distintos medios de comunicación. Macri se hace fuerte en los lectores de Clarín (60%), La Nación (54%), Cronista (54%) e Infobae (48%). Fernández arrasa en los de Página/12 (77%). Resulta interesante que en lectores de Perfil y Ámbito Financiero la cosa está más pareja. Ciertamente, el "coreacentrismo" que adoptó Perfil en tiempos de Macri atrajo a lectores kirchneristas que cinco años atrás le daban la espalda a este medio, que fue muy crítico de la gestión de CFK. Una mención aparte merece La Izquierda Diario, medio del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) de Nicolás Del Caño y Myriam Bregman. Allí la intención de voto a la izquierda crece al 20%, pero gana por lejos Alberto Fernández (61%).

¿Dónde crecen los votantes de Lavagna? En medios del centro del mapa ideológico, como Perfil e Infobae, y en diarios económicos como Cronista y Ámbito. Pareciera haber una correlación entre que el candidato sea economista e interés por la economía por parte del votante (plasmado aquí en una mayor lectura de diarios económicos). Algo similar ocurre con los votantes de Espert (también economista), que ganan participación en los lectores de estos dos diarios.


Productividad versus desigualdad

Una de las preguntas de la encuesta es la siguiente: ¿cuál de estas cuatro cosas querés que mejore más en Argentina: la pobreza, la desigualdad, el desempleo o la productividad? A nivel global, la opción más votada es la pobreza (32%). Sin embargo, hay un clivaje gigantesco a nivel ideológico en función de la desigualdad y la productividad. Prácticamente la mitad de los votantes de Del Caño y Fernández elige la desigualdad como lo que más quieren que mejore en Argentina. Por el contrario, casi nadie tiene como obsesión primera mejorar la productividad. En los votantes de Espert y Macri ocurre lo contrario: la productividad pasa a ser lo que más se desea que mejore, en tanto que la desigualdad está última dentro de las prioridades. Una breve anécdota: cuando subí este gráfico en Twitter hace unas semanas, un simpatizante del Frente de Todos me dijo: "cada vez que me hablan de productividad, siento que me están por cagar".


Digresión. Creo que el progresismo le está regalando a la derecha la agenda de la productividad. Por el contrario, debiera disputársela. Si no mejoramos la productividad no lograremos nunca la tan deseada sociedad de salarios altos y desigualdad baja que -intuyo- queremos quienes nos identificamos del centro para la izquierda. Mejorar la productividad es condición necesaria, pero no suficiente, para un mayor bienestar de la población. Pero decirle "no a la productividad", como decía un flyer de ATE en 2017 es una reacción meramente defensiva y cuasi-luddita que exhibe una escasa voluntad por comprender y disputar el significado de este término.

En Noruega (país que estudié en mi tesis doctoral), el laborismo -muy cercano a los sindicatos- hegemonizó la política por varias décadas después de 1945. La socialdemocracia fue a la vez desarrollista y socialdemócrata: desarrollista pues puso a la modernización productiva y el aumento de la productividad como algo de prioridad máxima para ampliar el excedente económico; socialdemócrata porque tuvo un gran compromiso con la redistribución de ese excedente. El mismo marxismo de Marx veía con buenos ojos el término "productividad", considerado un ingrediente clave del bienestar de la clase obrera.

Volviendo a la preferencia entre estas cuatro cosas, hay un par de datos interesantes. El concepto de "productividad" interpela mucho más a los varones que a las mujeres, que tienden a votar más "desempleo" y "desigualdad" como preocupaciones del país. Se me ocurren varias razones detrás de esto. "Productividad" es un concepto mucho más asociado a las fábricas (en donde el grueso de los empleados son varones), a los capitalistas (que son mayormente varones) o a ciertas carreras con alta presencia de lo numérico y que son altamente masculinizadas (como ingeniería, sistemas o economía). A la inversa, una posible razón detrás de por qué las mujeres eligen más desempleo y desigualdad tiene que ver con que lo sufren más (la tasa de desempleo es más alta en mujeres que en varones y, asimismo, las mujeres sufren la desigualdad de género). Otra posible razón tiene que ver con el tipo de carreras que estudian unos y otros, y el tipo de empleo que consiguen unos y otros. Las mujeres trabajan mucho más en sectores ligados al cuidado, la salud o educación, en donde categorías como "productividad" son laxas (¿qué significa aumentar la productividad de un aula?). Asimismo, tienden a estudiar carreras en donde lo numérico y el costo-beneficio no son tan relevantes y en donde las interacciones personales sí lo son, como psicología, enseñanza o medicina.

Un punto adicional: el deseo por la mejora del desempleo es creciente a menor politización y nivel educativo, y a la inversa con la mejora de la desigualdad. En otras palabras, la agenda de la desigualdad interpela -dejando todo lo demás constante- más a personas con universitario completo y muy politizadas, en tanto que la del desempleo moviliza relativamente más a personas de menor nivel educativo y menos politizadas. De esta encuesta surge que si querés seducir a un votante poco politizado e indeciso de cara a un ballotage, hablále más de desempleo que de desigualdad.

Espert y el país de mierda

Otra de las preguntas de la encuesta es: "¿Cuán de acuerdo estás con la frase 'Argentina es un país de mierda'?" Los resultados me sorprendieron. O no mucho.

Más del 60% de la gente que votó está muy en desacuerdo con esta frase. Pero los porcentajes cambian mucho según la preferencia electoral. Los más orgullosos de Argentina son los votantes de Fernández (73% en desacuerdo con la frase). Dos pruebas anecdóticas de ello: el famoso slogan kirchnerista de "Argentina, un país con buena gente" y la particular celebración por parte de estos votantes del sketch de Capusotto de Luis Solari, el argentino emblema de "acá todo es una mierda y en el exterior todo es mejor".

En el otro extremo tenemos al votante de Espert (mayormente varón y joven), que mayoritariamente sí cree que Argentina es una mierda ("una sociedad devorada", "un país en decadencia", "un país fracasado"), por culpa de un toma y daca "perverso" entre tres oligarquías (sindicatos, políticos y empresarios prebendarios). Esta relación entre las tres oligarquías conduce a una economía "protegida", "ineficiente", con un gasto público "exorbitante" e impuestos "altísimos", lo cual genera décadas de "atraso". El votante en blanco también adhiere bastante a la idea de "Argentina país de mierda", pero la identificación causal parece más difusa que en el votante de Espert.

Evidentemente, hay una correlación entre "voto bronca" y creer en lo estructuralmente fallado que es el país. Hay un enojo contenido en el votante de Espert; no deja de llamarme la atención que en algunos de sus spots el candidato llame a "votar sin bronca, votar en libertad", a pesar de que por mucho tiempo su tono -y el de colegas libertarios suyos como Javier Milei- fue belicoso, embroncado y lejano a la moderación de modales.

Un último punto: más allá de a quién se vote, en general el discurso de "Argentina país de mierda" es más atractivo en los jóvenes que en los mayores, en los varones que en las mujeres, en los poco politizados y en los de menor nivel educativo.

A modo de cierre

Quedaron muchísimas otras cosas por analizar. De mi parte, agradecer a las personas que votaron y difundieron la encuesta. Conocer mejor la Argentina implica también hacer una suerte de "atlas ideológico". Si bien este ejercicio dista de ser el ideal -por no tratarse de una muestra representativa- las hipótesis y lecturas que surgen son abundantes. Esperemos, más adelante, poder replicar esta encuesta con una muestra más fiel del conjunto de la población argentina.