Todo lo que tenés que saber sobre la investidura de Pedro Sánchez

En España, el líder socialista negocia con Unidas Podemos para formar gobierno. Tras perder la primera votación de investidura, apunta a la segunda del jueves; si fracasa, habrá nuevas elecciones en noviembre.

Juan Elman
22 de julio de 2019 15:07 hs
juan@cenital.com  
@juan_elman

Esta semana la política española elogia la rosca. Pedro Sánchez, presidente en funciones y ganador de las elecciones en abril, se enfrenta a un debate de investidura en el que deberá explicar su programa de gobierno, y el Parlamento decidir si le concede el mandato. Para eso, Sánchez (PSOE) negocia a contrarreloj con Unidas Podemos mientras espera un guiño de partidos nacionalistas e independentistas, jugadores clave en la aritmética parlamentaria.

El debate comenzó al mediodía del lunes. Sánchez ancló su discurso en su proyecto social para España (atacar la desigualdad económica y de género, mejorar el acceso a la vivienda y al empleo, defender el medio ambiente) mientras que no hizo ninguna alusión a la cuestión catalana, algo que le reprocharon tanto las fuerzas de derecha que van a declinar su candidatura como los partidos independentistas. Este martes, como se esperaba, perdió la primera votación en la que necesitaba una mayoría absoluta (176) votos. Unidas Podemos, como un gesto de negociación, se abstuvo. Las miradas se posan sobre la segunda votación, que será el jueves, en la que necesitará apenas una mayoría simple (más "síes" que "noes"). Si la investidura no tiene éxito, España volverá a las urnas.

¿Debate de investidura? ¿Pero no es que había ganado ya las elecciones?

España es una monarquía parlamentaria. El rey oficia de Jefe de Estado, un rol más simbólico que real, y es en el Parlamento donde reside la soberanía del pueblo. De ahí sale el gobierno, quien decide la dirección del país por un mandato que dura lo que dura la legislatura que lo eligió, que tiene un plazo máximo de cuatro años. Cuando los españoles van a las urnas eligen a sus representantes en el Parlamento. Cuando este se constituye, según la representación que haya obtenido cada partido y luego de designar sus autoridades (presidente del Congreso, vicepresidentes, secretarios), el Rey se reúne con los diferentes líderes de partidos para luego proponer como aspirante a la presidencia a quien tenga más chances de ser aprobado por el Parlamento, que suele ser del partido que más escaños obtuvo en las elecciones. Luego el aspirante debe someterse a un debate de investidura, donde explica por qué quiere ser presidente y el Parlamento tiene la última palabra. Hay dos maneras de ser investido: conseguir una mayoría absoluta (al menos 176 votos sobre el total de 350) o, en un segundo intento, lograr una mayoría simple, donde alcanza con tener más votos favorables que desfavorables, y cuentan las abstenciones.

Si un partido obtiene la mayoría absoluta puede gobernar por su cuenta, y el debate de investidura es apenas un trámite; si no la tiene debe buscar apoyos de otros partidos, que puede materializarse en un voto a favor del gobierno o en una abstención, si es que aspirante ya tiene una base considerable de apoyos propios. En los últimas décadas el sistema político español se fragmentó: ahora hay cada vez más partidos en el Parlamento y algunos solo están activos en una zona del país, lo que significa que las negociaciones para formar gobierno son cada vez más arduas. El conflicto por la independencia de Cataluña, que dividió las aguas de la política partidaria, también complicó la tarea.

Pedro Sánchez no llegó a ser presidente por haber ganado las elecciones sino que fue investido luego de que el Parlamento destituyera a Mariano Rajoy, del Partido Popular (PP) a raíz de un megacaso de corrupción que afectó a todo el partido. Los votos que consiguió en ese entonces fueron importantes: lo apoyaron Unidos Podemos, la segunda fuerza progresista del país; los dos partidos más importantes que promueven la independencia de Cataluña, Esquerra Republicana (ERC) y el Partido Demócrata de Cataluña (PDeCAT); el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y otros partidos minoritarios de distintas regiones. El hecho de que haya sido apoyado por partidos independentistas dotó de una narrativa a los partidos de derecha (PP, Ciudadanos y la naciente ultraderecha de VOX), que acusaban a Sánchez de ser cómplice de la causa promovida por estos.

Paradójicamente, fueron los independentistas quienes terminaron con el mandato de Sánchez, rechazando la ley de presupuestos propuesta para el último año. Tras el fracaso, el presidente convocó a elecciones. El PSOE obtuvo 123 escaños; el PP 66; Ciudadanos 57; Unidas Podemos 42; Vox 24; ERC 15.

Lejos de la mayoría absoluta, Sánchez se vio obligado a negociar.

¿Qué necesita Sánchez para ser presidente?

Los votos de Unidas Podemos, PNV, Compromís (una coalición de partidos progresistas de Valencia), el Partido Regionalista de Cantabria (PRC) y al menos la abstención de ERC o Junts per Cataluña (los reemplazantes del PDeCAT) y EH Bildu (una coalición de izquierda derivada del independentismo vasco).

PNV y Compromís votarían a favor de la investidura de Sánchez. Este todavía se encuentra negociando con Unidas Podemos acerca de su lugar en un eventual gobierno. Los independentistas, especialmente ERC, esperan por un acuerdo para garantizar su abstención, por lo que allí se definirá la investidura. Las tres fuerzas de la derecha, y otros dos partidos de derecha regional, aseguraron su rechazo.

¿Qué se sabe de las negociaciones entre Unidas Podemos y PSOE?

Poco, porque los equipos negociadores decretaron no revelar detalles a la prensa. La cuestión central parece estar en el rol de Unidas Podemos en ministerios importantes como en de Trabajo o Hacienda, su participación en otras carteras sociales de menor peso, y una eventual vicepresidencia (puede haber más de una en España) de Irene Montero, la número dos de la formación morada. También restan definir algunos puntos programáticos.

El tira y afloje real comenzó luego de las elecciones municipales y autonómicas de mayo, en las que el PSOE revalidó la buena performance que había tenido en las generales y Unidas Podemos acentuó su caída libre. Sánchez parecía convencido de gobernar en solitario, extendiendo la posibilidad de incorporar algunos ministros "independientes" sugeridos por Unidas Podemos en carteras sin manejo presupuestario. Hablaba entonces de un gobierno "de cooperación". El partido que conduce Pablo Iglesias insistía en un gobierno de coalición.

En los últimos días Pablo Iglesias pateó el tablero y se bajó de la posibilidad de formar parte del gobierno, algo que Sánchez establecía como línea roja. El gesto aceleró las posibilidades de un acuerdo: Montero, la portavoz feminista de Unidas Podemos, resulta una opción más atractiva para incorporarse en uno de los cargos de visibilidad. La otra discusión giraba en torno a los ministerios: Sánchez arrancó ofreciendo ministerios sociales, sin manejo presupuestario y con poca capacidad de influir en el rumbo económico del gobierno mientras los morados querían más peso en la toma de decisiones. Ahora, según trascendió en la prensa española, se discuten punto por punto las competencias que tendría Unidas Podemos en cuestiones como la reforma laboral, salario minimo, vivienda, impuestos, entre otras. En la sesión del lunes, Iglesias le reprochó a Sánchez que este no estaba ofreciendo nada más que una posición "decorativa" para Unidas Podemos en la coalición.

En líneas generales los dos partidos comparten la visión sobre el rumbo que debería tener el próximo gobierno, principalmente en su faceta social. Con respecto a Cataluña, los socialistas tienen una visión más dura que los podemitas, que favorecen la libre determinación de los catalanes. Este punto, por ahora, parece estar en un segundo plano.

Mientras Sánchez e Iglesias discutían en el debate de investidura, en un ambiente que ya es de por sí espeso -las chicanas entre el candidato y los otros líderes abundan, principalmente entre Sánchez y las fuerzas de derecha-, los negociadores de las dos fuerzas buscaban destrabar la investidura. Pedro aspira a conseguir los votos antes de la segunda votación del jueves. Eso, junto con alguna abstención independentista, le aseguraría superar los "no" de la derecha y convertirse en presidente. Pero si fracasa, una opción que hoy aparece posible, se abrirá un plazo de dos meses para otra investidura o España volverá a las urnas en noviembre.

La abstención de Unidas Podemos en la votación del martes fue interpretada como un gesto positivo para llegar a un acuerdo en las próximas horas. La pelota está en el campo del PSOE, que debe hacer llegar a la formación morada una nueva oferta.

Un escenario de nuevas elecciones sería, según indican la mayoría de encuestas, mucho más favorable para el PSOE que para Unidas Podemos, que perdería votos al igual que Ciudadanos y Vox, y que quizás ayuda a explicar la displicencia inicial de Sánchez. El socialismo y el PP, los dos partidos tradicionales de España, ganarían votos. Para Sánchez esta situación sería preferible: le sería más fácil alcanzar la mayoría para formar gobierno, que tendría menos condicionantes. Pero está lejos de ser garantizada, ya que las elecciones mantienen una cuota alta de incertidumbre -no se sabe cuánta gente va a salir a votar- y el impacto de un fracaso del proceso de investidura no resulta claro al día de hoy.

Mientras los líderes políticos cruzan dardos de fuego en el Parlamento, España espera por saber si tendrá presidente al fin de esta semana o deberá volver a votar por cuarta vez en cinco años. Tic tac.