Boris Johnson: no gana quien no arriesga

El ex alcalde de Londres alcanzó finalmente el lugar que deseaba y sustituirá a Theresa May como Primer Ministro británico. Le espera el Brexit, un desafío tan grande como difícil de resolver.

Juan Elman
23 de julio de 2019 16:07 hs
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Después de años al acecho, Boris Johnson lo consiguió: es el nuevo Primer Ministro de Reino Unido tras imponerse a Jeremy Hunt en la recta final de la interna del Partido Conservador. Lo votaron poco más de 90.000 afiliados del partido, una cifra que duplicó la de Hunt y que representa apenas al 1% de la población británica habilitada para votar en elecciones generales. Al convertirse en el líder del partido, que detenta la mayoría en la Cámara de los Comunes, Boris se hizo con el rol de Primer Ministro. Asumirá el miercoles por la tarde y deberá enfrentar la tarea que él mismo ayudó a crear: retirar al Reino Unido de la Unión Europea.

Johnson había intentado llegar al poder a mediados del 2016, después de que David Cameron renunciara tras los resultados del referéndum en el que los británicos decidieron salir de la Unión Europea. Boris había sido uno de los articuladores y principales referentes de la campaña que pugnaba por la salida (Leave) y se había colgado el rótulo de favorito. Hasta que fue traicionado por Michael Gove, otro de los articuladores del Brexit, que sostenía su campaña y lo abandonó para competir él mismo por el puesto. Finalmente fue Theresa May la que se hizo con el liderazgo, eligiendo a Johnson como Ministro de Relaciones Exteriores en una travesía que duró dos años. Boris también la abandonó, expresando frustraciones por el acuerdo tejido por May en Bruselas.

Después de que el proyecto de Brexit de May fuera rechazado tres veces en el Parlamento es el turno de Johnson. El ex alcalde de Londres fue elegido por los afiliados bajo su promesa de llevar a cabo el Brexit -"Lo hacemos o morimos", sostuvo en la campaña- y eso incluye la posibilidad de hacerlo sin un acuerdo, algo que sectores de su propio partido, el resto del arco político y Bruselas catalogaron como un escenario "catastrófico".

Con una fecha límite de salida fijada para el 31 de octubre al acecho, con la negativa de la Unión Europea a negociar otro acuerdo y la declarada oposición de un sector de su partido, Johnson tiene poco margen para evitar una salida sin acuerdo, y la convocatoria a elecciones aparece como un escenario probable. Además del Brexit, la llegada al poder de Johnson, con un perfil más anclado en su carisma que en su visión política, abre una serie de interrogantes sobre el rumbo que va a adoptar Reino Unido en el escenario mundial, sobre todo en la relación con Estados Unidos, China, el resto de Europa y Medio Oriente.

¿Quién es Boris Johnson?
Johnson nació en el seno de una familia tradicional, en Nueva York, donde su padre, que fue diputado conservador y trabajó en en la Comisión Europea, se encontraba trabajando. Fue educado en la prestigiosa escuela Eton, donde asistieron varios exponentes de la clase dirigente británica, y en Oxford, de la misma impronta.
Su carrera comenzó como periodista, en el diario londinense The Times, del que fue despedido al falsear una cita, uno de los tantos episodios controversiales que después supo tener. Continuó en The Daily Telegraph, donde fue enviado a Bruselas como corresponsal durante cinco años. Pese al sello familiar -su padre es un ferviente europeísta al igual que su hermano, que integra el Parlamento-, Johnson se hizo conocido por columnas que alimentaban al euroescepticismo conservador. Su artículo célebre de esa época acusaba a Jacques Delors, en ese entonces al mando de la Comisión Europea, de querer perpetuarse en el poder.
En 2008 Johnson saltó a la alcaldía de Londres, en el que se destacó por sus proyectos de infraestructura -fue quien implementó, por ejemplo, el sistema de bicicletas que sigue rigiendo al día de hoy- y su apelación a sectores que no se identificaban con el Partido Conservador, especialmente por sus políticas más liberales en cuestiones sociales. En su mandato, que se extendió hasta el 2016, participó en cuanto evento público pudo; se convirtió en una celebridad más de la ciudad -era usual encontrarlo en la calle, subido a su bicicleta-, algo que ayuda a explicar sus buenos índices de popularidad, que mantiene hasta hoy. Sus gaffes en público, tanto verbales como físicos -apenas una búsqueda de imágenes en Google ayuda a comprobarlo-, se hicieron famosos en Reino Unido y el resto del mundo.

Cuando terminó su mandato ya era protagonista de la campaña para retirar al país de la Unión Europea. Johnson salía a recorrer el país dando discursos a bordo de un autobús rojo con el eslogan "Enviamos a la UE £350 millones a la semana; financiemos a nuestro NHS (servicio de salud público británico) en su lugar", que, comprobada su falsedad, le aparejó una citación en la justicia. Pero eso fue después. Cuando el 23 de junio del 2016 el mundo despertó con la noticia de que poco más de la mitad de la población británica había optado por salir de la Unión, Boris fue justamente reconocido como uno de los artífices de la victoria, un rol compartido con Nigel Farage, creador del partido UKIP -cuyo único propósito era impulsar la salida- y mayor exponente de la ultraderecha británica. Después de su fallida apuesta por suceder a Cameron, Johnson fue elegido por May para conducir la política exterior de Reino Unido, un nombramiento que daba cuenta del peso que había ganado el ex alcalde al interior del partido.
En esos dos años como ministro Boris produjo titulares en cada una de sus giras por el mundo: fue un diplomático al servicio de los exabruptos. Dejó el cargo sin pena ni gloria tras conocerse el acuerdo de salida que tejió May en Bruselas, un acuerdo que, según Johnson, violaba el mandato que se había expresado en el referéndum. Partidario de un Brexit Duro (Hard Brexit), Johnson solo tuvo que esperar a que May completara su anunciado fracaso para postularse nuevamente al cargo. Esta vez lo consiguió.
"Felicitaciones a Boris Johnson por convertirse en el nuevo Primer Ministro del Reino Unido. ¡Será genial!". Así fue recibido Boris por parte de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, con el que no solo comparte parecido físico sino cuestiones de estilo y retórica. Los rótulos de populista persiguen a Boris desde sus épocas de alcalde, pero dicen poco sobre qué liderazgo va a construir desde Downing Street, la calle de los mandatarios británicos. Su trayectoria política, marcada por una visión más cercana al centro del espectro ideológico -en economía, por caso, Johnson está lejos del pedigree thatcherista que todavía exhiben varios cuadros conservadores-, dotan a priori al proyecto de Boris de cierta excepcionalidad en el escenario mundial. Su alianza con los Estados Unidos de Trump, al margen del afecto personal que comparten uno y otro líder, deberá ser testeada en los primeros momentos de su mandato: en 5G, por ejemplo, Reino Unido no ha tomado una postura clara en qué hacer con la empresa china Huawei; Irán, que la semana pasada capturó un buque británico, espera por una definición del flamante Primer Ministro acerca de qué rol va a tomar el país en el conflicto. Si más cerca de Europa, que quiere reactivar el acuerdo nuclear, o del país del Norte, que pide a sus socios alejarse del régimen de Medio Oriente.
Estos interrogantes acompañarán los primeros pasos de Boris. Pero la cuestión que sin dudas definirá su llegada al poder y la relación con su propio partido será el evento que lo puso donde está hoy: el Brexit.
Brexit: caminar cerca del abismo
¿Podrá Boris honrar su promesa de salir de la Unión Europea antes del 31 de octubre? Sí lo consigue: ¿Cómo y bajo qué costo? Si no lo consigue: ¿Cuál será el impacto en su liderazgo, signado por esa promesa?
Johnson está en un laberinto. Debe su elección a esa promesa y sabe que el acuerdo que busca obtener de Bruselas -que borraría la "salvaguarda" para impedir una frontera física entre las irlandas, una cesión de May- es imposible porque estos ya avisaron que no están dispuestos a negociar un nuevo acuerdo sino apenas una declaración política acerca de la futura relación. Además, los socios de su partido en el Parlamento, los unionistas de Irlanda del Norte, garantes del gobierno, se oponen a cualquier tipo de renegociación en el asunto de la frontera. Dadas estas condiciones, la manera más rápida de cumplir la promesa sería salir sin un acuerdo, algo que Johnson ya sugirió en más de una oportunidad. Y, al margen de las consecuencias impredecibles de una salida así -a priori Reino Unido sería por lejos la parte más afectada-, un sector importante de su partido está en contra de la medida y encuentran eco en el resto del Parlamento y la sociedad, que se movilizarían para frenar la iniciativa.
Johnson podría pedir una prórroga a Bruselas respecto al deadline del 31 de octubre, pero esto sería incumplir la promesa y no es seguro que pueda conseguirla, ya que del otro lado avisaron que sólo la concederían bajo el evento de nuevas elecciones o un segundo referéndum. Johnson podría verse tentado a convocar elecciones anticipadas para tener un mandato popular que respalde su visión del Brexit, en la que se incluye al no acuerdo como una posibilidad, pero también sería arriesgado.
Desde que se convirtió en un activista por la salida de su país de la Unión Europea, Johnson actuó como un apostador audaz, dispuesto a correr grandes riesgos para obtener grandes ganancias. Sus apuestas, finalmente, están pagando. Para el Reino Unido, en cambio, los dados están en el aire.