Cruce Alberto-Dujovne: nadie tiene razón

¿Qué es el déficit? ¿Mejoró en relación al 2015? El debate en torno al resultado fiscal no deja ni vencedores ni vencidos, pero sí un horizonte de incertidumbre para la economía argentina.

Mara Ruiz Malec
25 de julio de 2019 10:07 hs
mara@cenital.com  
@marucha_rm

La entrevista que le concedió el candidato a Presidente por el Frente de Todos, Alberto Fernández, al periodista Joaquín Morales Solá generó cierto debate. Allí, Fernández sostuvo que en materia de deuda, inflación y resultado fiscal el gobierno de Mauricio Macri terminaría con peores resultados que los heredados del kirchnerismo.

Por el lado de la deuda y de la inflación no hubo controversias dado que ambas variables muestran un desempeño peor al que había en 2015. La discusión surgió sobre el desempeño fiscal, algo previsible ya que es la macroeconómica que el oficialismo eligió como eje de campaña.

¿Qué es el déficit fiscal?

El resultado fiscal muestra la diferencia entre los recursos (principalmente impuestos, pero existen otros) y los gastos. En este caso, vamos a referirnos exclusivamente a la Administración Pública Nacional. Esto incluye algunas cosas (el Poder Ejecutivo, el Legislativo y Judicial nacional, la ANSES, entre otros) y excluye a las provincias, los municipios, algunas empresas y organismos públicos, que tienen sus propios presupuestos. Cuando esta cuenta da positiva (se recauda más de lo que se gasta) hablamos de superávit y cuando da negativa, de déficit. Dentro de los gastos, se incluye el pago de intereses. Denominamos "resultado primario" cuando no incluimos el gasto en intereses dentro de los gastos y "resultado financiero o total" cuando sí lo hacemos. Si la diferencia es negativa, esto igual debe pagarse de alguna manera. Este dinero sale de algo que llamamos fuentes financieras, que en su gran mayoría refiere a deuda. Puede ser deuda con otros estamentos del sector público, con privados, con extranjeros, con organismos; en pesos o en dólares.

¿Cuál fue el déficit fiscal en 2015?

La polémica más fuerte estuvo en el dato del déficit primario del gobierno nacional para 2015, que Alberto Fernández sostuvo que era de 1,8% en relación al PBI. Varios analistas aseguraron que era mentira, dado que el déficit primario oficial era de 3,8%. Sin embargo, el propio gobierno del Presidente Macri había publicado ese dato en el prospecto del bono a 100 años, emitido durante 2017.


¿Entonces? La realidad es que ambas partes pueden ser consideradas válidas, pero para eso es necesario explicar los cambios en la metodología que sufrió este indicador a partir del cambio de gestión, que es lo que hizo que pasara de 1,8% con el procedimiento anterior al 3,8% que se utiliza en la actualidad.

La primera modificación en la metodología fue realizada por el entonces ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, para mostrar que en realidad el déficit primario oficial no era de 1,8% sino de 6,9%. Los tres cambios realizados fueron: i) quitar las utilidades del Banco Central y del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES como parte de los ingresos del Gobierno; ii) la incorporación de gastos devengados (a veces denominado "deuda flotante") en el gasto total de 2015; iii) el cómputo de medidas impositivas y otros gastos "de normalización" que planeaba hacer el gobierno electo durante 2016, pero que se los atribuía a la gestión anterior.

Con el reemplazo de Prat Gay por Nicolás Dujovne en Hacienda, a principios de 2017 hubo un nuevo (y último) cambio de técnica en el cálculo. Éste consistió básicamente en eliminar las modificaciones anteriores, salvo la de las utilidades del Banco Central (las de ANSES volvían a ser contabilizadas). Lo primero tenía bastante lógica, dado que la inclusión de un gasto devengado en una metodología cuya registración se hace en "base caja" violaba los principios más básicos de la contabilidad, mientras que la inclusión de gastos y medidas impositivas ni siquiera realizadas durante el año en cuestión era más grave aún.

La decisión de mantener las utilidades generadas por el Banco Central fuera de los ingresos del Gobierno es lo que generó más polémica. Esto es porque va a contramano de lo que indican los manuales de cuentas públicas que se toman como referencia a nivel internacional, como por ejemplo el del FMI. El ministro argumentó con que eran ganancias contables (no realizadas) por cambios en la valuación de los activos y que por ese motivo no debían ser incluidas.

Un dato llamativo es que unos meses después, cuando el Ejecutivo nacional emitió en los mercados internacionales el bono a 100 años, el prospecto del mismo incluía la evolución del déficit fiscal y el dato que figuraba allí era el 1,8%, es decir se utilizó la anterior.

En resumen, la principal diferencia que existe entre el 1,8% que mencionó Alberto Fernández y el 3,8% de las estadísticas oficiales es la (no) inclusión de las utilidades percibidas por el Banco Central.

¿Mejoró o no la situación fiscal?

Para responder esto, existe bastante consenso en que, en realidad, el dato que hay que mirar es el resultado financiero (o total), y no el primario, que es precisamente el que el Gobierno suele utilizar. La diferencia es que el resultado primario no incluye el pago de los intereses de la deuda, un gasto que es muy importante considerar, sobre todo en términos de la sostenibilidad de las cuentas.

Al comparar 2015 respecto de 2018 (último dato anual disponible), no resulta para nada evidente que la situación haya mejorado. El procedimiento actual arroja un déficit financiero de 5,1% en relación al PBI para 2015 y uno prácticamente idéntico para 2018, de 5,0%; mientras que con la anterior el deterioro se hace evidente: 3,7% para 2015 y 5,6% para 2018.

El candidato a Presidente por el peronismo se equivocó al decir que el déficit terminará en 6% del PBI en 2019. El año pasado, el déficit financiero fue de alrededor de 5,3%, similar al de 2015. Para este año, el oficialismo estima tener déficit primario cero y de 3,2% cuando se incluyen los intereses. Esto sería, ahora sí, una baja del déficit. Además, debe compararse con el déficit financiero del gobierno anterior (el 1,8% como ya dijimos, es primario, con lo cual esa comparación es errónea). Medido con el método actual hablamos de 5,1% para 2015. Es decir, la gestión de Macri podría terminar con un déficit (primario y financiero) más bajo que el que recibió.

Pero todo esto es condicional. El 6% de Alberto Fernández parece mucho, pero valores no tan lejanos al 2015 son posibles. Las consultoras en general estiman un déficit primario de 0,5% (lo que llevaría a un financiero de 3,7%). El resultado puede ser peor. El Gobierno tuvo que apelar a algunos recursos extraordinarios para cumplir la meta del primer semestre del año (más detalles en esta nota). La recaudación no viene bien y el ajuste del gasto es muy importante. Un aumento del dólar cercano a octubre, cuando empieza a concentrarse el pago de intereses, puede aumentar la carga y subir un poco más el déficit financiero.

El resultado fiscal es un espejo entre algodones

Pero el problema no termina ahí. El asunto del déficit está lejos de solucionarse. Y no solo hablamos del déficit financiero, también del primario. Si nos escapamos un poco de la coyuntura electoral, algunas alarmas relampaguean en el horizonte.

La Reforma Tributaria que se aprobó en 2017 no está efectiva del todo. La baja de impuestos prevista era gradual. En los próximos años, de base se contará con menos recursos. El principal componente es la rebaja de contribuciones patronales. Se implementó un esquema que incrementó el porcentaje a pagar para PyMES e industrias pero que aplicó un descuento uniforme por cada trabajador (que aumenta gradualmente hasta 2022), beneficiando a todas las empresas (y mucho a las grandes). Como resultado, la recaudación de la Seguridad Social puede descender hasta un 20% para 2022, de acuerdo a algunos estudios del equipo de agendaurgente.org (se quitaron también los beneficios regionales que había, y esto podría compensar algo). Alguien podrá argumentar que, si esto tiene efectos positivos en el registro del empleo, se equilibra con más aportantes. Hasta ahora, el empleo registrado sigue cayendo. Lo mismo que los salarios reales. Pero además, la cantidad de puestos registrados que deberían generarse para contrapesar la caída es muy grande: si usamos la relación que establece Juan Ignacio Balasini, economista de ITE, se necesitarían alrededor de 3 millones de nuevos puestos de trabajo formales. Es decir, prácticamente eliminar la informalidad de un día para el otro y reducir el desempleo varios puntos.

También entra en vigencia gradualmente la rebaja de alícuota del impuesto a las ganancias para empresas, que era de 35%, y ahora pasa a 25%. A cambio, se grava más fuerte la distribución de dividendos (es decir la empresa termina pagando algo ligeramente superior si reparte las ganancias en vez de reinvertirlas). Esto no parece ser una mala idea, pero no sabemos qué costo fiscal tendrá.

Last but not least, el esquema de retenciones impulsado en 2018 con una alícuota generalizada de 12% tiene como "techo" un valor de 4 pesos por dólar exportado. De no mediar modificaciones sobre este esquema, la alícuota efectiva, se reduciría notablemente (por ejemplo, a 6% si el dólar supera los $60). A esto hay que sumarle que el esquema tiene vigencia hasta 2020 inclusive. En 2021, se verá.

Se trata entonces de rebajas importantes en impuestos que hoy representan un tercio de la recaudación total. Menos recaudación por el impacto macro del ajuste, por la reforma tributaria diferida, por la licuación nominal del esquema de retenciones y su posterior desaparición. El próximo gobierno, de no tomar medidas rápidas que reviertan esta dinámica, no contará con espacio fiscal para 2020.