El presidente de Túnez, Beyi Caid Essebsi, quien falleció ayer.

Túnez: la muerte del Presidente pone a prueba la última primavera exitosa

El deceso de Beyi Caid Essebsi en medio de un conflicto por la legislación electoral del país abre interrogantes respecto de la que, al día de hoy, es la única resolución democrática del movimiento de protesta conocido como Primavera Árabe.

Leticia Martínez
26 de julio de 2019 15:07 hs
leticia@cenital.com  
@aletimartinez

En Túnez la muerte del presidente, Beyi Caid Essebsi, no fue una sorpresa. Desde hacía semanas el mandatario de 92 años se había sometido a tres operaciones y en el último mes había aparecido en público solo dos veces. Su deceso, en medio de una crisis política por una controvertida Ley electoral, puede entorpecer la transición democrática que llevó adelante el país tras dar inicio a la Primavera Árabe en el 2011. El pequeño país del norte africano fue la única República de todas las que vivenciaron las revueltas, que logró un proceso exitoso, eligiendo con el voto del pueblo al mandatario que se mantuvo en el poder hasta su fallecimiento ayer.

Essebsi había sido electo Presidente en las primeras elecciones democráticas en el 2014, tras las revueltas que habían derrocado en el 2011 al ex mandatario, Zine El Abidine Ben Alí. Había asumido como Primer ministro interino a los meses de que el dictador depuesto huyera a Arabia Saudita con su familia, y hasta la llegada al poder el Partido Islamista Ennahda en el 2012.

A diferencia de lo que pasó en su vecino Egipto con la Hermandad Musulmana, que tras ganar las elecciones, fueron derrocados por un golpe de Estado encabezado por el actual Abdel Fatah Al Sisi, en Túnez los buenos vínculos que supo mantener Essebsi, un secularista, con el espacio islámico, contribuyeron para el mantenimiento de la democracia y el llamado a elecciones presidenciales, que lo consagrarían en segunda vuelta junto al partido laico que él mismo fundó, Nidaa Tounes (en castellano, Llamado a Túnez) con el 56% de los votos.

Ley electoral

La muerte del Presidente llega en medio de la polémica generada en el país por la Ley Electoral aprobada en el Parlamento en junio, y que el mandatario no ratificó. Ahora, el destino de la controvertida norma quedará en manos del titular del Congreso, Mohamed Ennaceur, de 85 años, quien asumió en el lugar del político fallecido. La ley regiría para las elecciones presidenciales planificadas para el 17 de noviembre que, se espera, serán adelantadas tras la muerte de Essebsi.

La norma generó polémica porque endurece los requisitos para los partidos que quieran presentar candidatos presidenciales. Quienes se oponen denuncian que la norma podría dejar fuera de carrera a candidatos independientes que incluso encabezan las encuestas.

Otra crítica a la Ley, que no fue ratificada por Essebsi, es que facilitaría la vuelta a la vida política de funcionarios que fueron parte del gobierno de Ben Alí, quien estuvo 24 años en el poder, y fue derrocado tras acusaciones de corrupción, fraude electoral, represión, censura mediática y política, en medio de una crítica situación económica.

Quién era Essebsi

El presidente fallecido no era un improvisado en política. Había ocupado diversos cargos durante el gobierno de Habib Burguiba, el primer Presidente de la República tras la independencia de Francia en 1956. Essebsi fue director de Seguridad, y titular de las carteras de Interior, Defensa y Relaciones Exteriores. Años después, fue acusado de violaciones a los derechos humanos durante el ejercicio de aqullos cargos, en las décadas del 60 y 70.

Essebsi había nacido en el pueblo norteño de Sidi Bou Said en una familia de clase alta, y estudió abogacía en Francia. Tras la llegada de Ben Alí al poder en 1987, el político ocupó el cargo de titular del Parlamento, pero en 1994 diferenciándose de las políticas que llegaba adelante el mandatario se alejó del gobierno (y de la política) hasta 2011.

Revueltas

Las movilizaciones de 2011, popularizadas como Primaveras Árabes, que terminaron con los gobiernos de los mandatarios de Túnez, Egipto y Libia y las guerras de Yemen y Siria, comenzaron en territorio tunecino. Todo empezó en diciembre de 2010, cuando el joven de 26 años, Mohamed Bouazizi, se prendió fuego a lo bonzo en la localidad de Sidi Bouzid, cansado por no poder vender su mercancía.

Bouazizi no murió al prenderse fuego, fue trasladado al hospital con el cuerpo quemado casi en su totalidad y su historia generó indignación en gran parte de la población, que se sintió identificada y comenzó a movilizarse. Ante el creciente descontento social, Ben Alí decidió ir a visitar al joven y prometió trasladarlo a Francia para su recuperación. El Presidente no cumplió su promesa, y finalmente el vendedor ambulante murió el 4 de enero de 2011.

La muerte de Bouazizi fue el inicio de las revueltas que primero terminaron con el gobierno de Ben Alí, y después se extenderían a otros estados con algunas similitudes en la región, como mandatarios en el poder desde hacía décadas, acusados de corrupción, autoritarismo y malos índices económicos.

En la mayoría de los países donde hubo revueltas la situación posterior no fue mejor que antes. En el caso de Egipto, como se dijo, asumió Al Sisi por un golpe de Estado y se mantiene en el poder pese a las denuncias de fraude en las elecciones posteriores, en Libia donde Muamar Kadafi fue linchado, el país se encuentra en plena guerra civil entre dos bandos que se disputan el poder, y las situaciones en Yemen y Siria están marcadas por el conflicto bélico, con cientos de miles muertos.

Este año se volvió hablar de revueltas tras las movilizaciones que terminaron con los gobiernos de Abdelaziz Buteflika en Argelia, y de Omar Al Bashir en Sudán. Sin embargo, ambos países se vieron envueltos en la lucha con el Ejército que se hizo con el poder luego de las movilizaciones de la población para una aún dudosa transición democrática.

Por eso, en medio de todas las penumbras, Túnez es el único país que ha llevado adelante una transición democrática, con mayor participación de la población, ampliación de derechos para las mujeres, entre otros indicadores que lo diferencian de la situación de sus vecinos. "Tenemos suerte de no tener un Ejército poderoso", explicó alguna vez el presidente fallecido. Su muerte pondrá a prueba una vez más la resilencia de las jóvenes instituciones tunecinas.