"No estoy en el peronismo porque al peronismo tampoco le interesó que estuviera ni me contuvo"

En un extenso diálogo con Cenital, el precandidato a vicepresidente por Juntos Por el Cambio, Miguel Ángel Pichetto, se refiere a su alejamiento del PJ, aborda la situación de la Justicia y dispara contra "la patria cartonera". Además, separa a Hugo Chávez de Nicolás Maduro y asegura que "el mundo del intercambio libre de Obama no existe más".

Iván Schargrodsky
27 de julio de 2019 08:30 hs
ivan@cenital.com  
@ischargro

Miguel Ángel Pichetto recibe a Cenital en una oficina distinta a la que habitaba cuando era el jefe del bloque de Argentina Federal en la Cámara Alta, cargo del que fue separado luego de su pase al gobierno. El senador no pone reparos en la agenda a discutir: "Preguntá lo que quieras". Precandidato a vicepresidente de Juntos Por el Cambio, Pichetto asegura que hay que terminar con "el distribucionismo alegre, más planes y plancitos para todos". Repite que no comparte "la doctrina Irurzun" porque le parece "un exceso" y alerta que "lo que afecta hoy a ex funcionarios va a afectar mañana a funcionarios del gobierno actual o al propio Presidente". Sostiene que el verdadero poder del Frente de Todos está en Cristina Kirchner y describe a la gestión económica de Axel Kicillof como "una economía más relacionada con los países del este antes de la apertura de la Cortina de Hierro". Alejamiento del PJ, Marcos Peña y la situación global -"Maduro es un dictador, Chávez no lo fue"- en este extenso diálogo con el aristócrata que convocó Macri para llevarle paz a los fondos de inversión.

A menos de un mes de las PASO, ¿cómo ve el escenario no sólo en términos electorales sino de discusión pública?

Hay un escenario electoral de paridad y de fuerte polarización, por lo menos es lo que surge de las principales encuestas argentinas, todas ellas relativas. Creo que se han achicado fuertemente la alternativa del medio y la del propio Espert; son opciones muy menores. La primaria se va a dirimir entre las dos grandes construcciones políticas: el frente Juntos por el Cambio y el Frente de Todos.

¿Ve resolviéndose la elección en primera vuelta o en balotaje?

Creo que el achicamiento del espacio Consenso 2030 y la candidatura de Roberto Lavagna, y eventualmente la de Espert, puede determinar una definición en primera vuelta que creo que va a ser favorable al Gobierno.

¿La agenda va a ser económica o política?

Tiene distintos contenidos, indudablemente que hay una visión económica y el gobierno en este sentido en los últimos tiempos ha mejorado su perspectiva en términos de la estabilidad del tipo de cambio, de los planes de incentivo al consumo.Y, por supuesto, está el desafío del crecimiento y la generación de empleo de calidad. Hay sectores de la economía que son muy potentes como el energético o el agropecuario. Hay medidas que el gobierno ha tomado, como el acuerdo con la UE, que después que pase el proceso electoral creo que el Congreso lo va a abordar con seriedad para votarlo.

¿De qué cree que depende la aprobación del acuerdo?

Eso también va a estar indudablemente en el marco de la elecciones. La política internacional, los acuerdos con los principales países, o el escenario de que la Argentina esté aislada en un contexto de acuerdos únicamente con Venezuela, Cuba e Irán. Me parece que eso es un contraste. Creo que nadie duda de que la centralidad del poder del Frente de Todos es la vicepresidenta.

¿El hecho de que no esté presente en la campaña no le dice nada?

Creo que sí está presente, con las presentaciones de sus libros define lineamientos políticos y económicos. Lo ha hecho en Mar del Plata, muy claramente. Es muy interesante analizar con detenimiento lo que ella ha dicho. En primer lugar, ha ratificado un pensamiento estratégico en la figura que ella más cree y respeta que es la del ex ministro Kicillof, que a veces uno no sabe si es candidato a gobernador o es el ministro de Economía futuro del gobierno. "Nos dicen que somos prosoviéticos", dijo ella. La verdad que la economía que han implementado que en los últimos cuatro años no fue una economía capitalista sino cerrada, más relacionada con los países del este antes de la apertura de la Cortina de Hierro. Porque tuvo todos los contenidos de una economía cerrada y dirigista, muy clara, muy planificada, donde el eje central era el cepo, control de importaciones, control del mercado de capitales, que es lo que quiere volver a implementar Kicillof porque lo dijo, no es que estoy hablando de construcciones ficcionales donde me estoy imaginando cosas.


En realidad, Kicillof dijo lo contrario: que no hay que volver al cepo.

Ha dicho intervención al mercado de capitales, traducido al argentino es muy cercano al cepo. Lo que ocurre es que a veces dicen cosas que no deben, porque si él es candidato a gobernador, debería ocuparse de ingresos brutos, patentes de la Provincia, de cómo va a ser la relación con los municipios y no estar hablando de los lineamientos de la economía nacional que no le corresponde. No le corresponde hablar de esos temas porque generan estas contradicciones. Alberto Fernández tuvo que echar a su principal asesor económico, Guillermo Nielsen, por defender a Kicillof y por, supuestamente, una presión muy fuerte de La Cámpora.

Cuando uno ve la gestión Kicillof, con todas las dificultades del orden de la restricción externa, la cuestión macro, advierte que en relación a lo que es la economía real había más empresas abiertas, dos o cuatro millones menos de pobres según el índice que se tome, menos indigentes, menos inflación.

El número de pobres estaba girando entre 32 o 33.

Según la UCA eran 29 y según estimaciones privadas 27. Al día de hoy estamos hablando de un 35%.

Bueno, todo también con la relatividad en que se toman este tipo de cosas, que es por ingresos. Lo que digo es que la economía de los últimos cuatros años de la ex presidenta determinó una fuerte tensión en el sector público, crecimiento del empleo público, crecimiento del gasto de seguridad social y un distribucionismo vacío porque la actividad económica de la Argentina no crecía con inflación del 50% anual. Estos eran los datos, la economía tenía rumbo de colisión pero no explotó. Los datos económicos eran totalmente inviables, imposible de sostener en el mediano plazo, en el tiempo. Era una economía de distribución, que no producía ni generaba divisas, recursos, y que además también perdía empleo. El empleo privado no se movilizó en los últimos cinco años.

Hoy los principales generadores de divisas -o con mayor potencialidad- son Vaca Muerta y, naturalmente, el sector agropecuario.

Sector con el que el gobierno anterior se peleó con la 125 y nunca más pudo reparar esa relación y es sin dudas el más potente en términos de obtención de divisas.

Y muy pobre como generador de empleo.

Tiene un esquema más maquinado, lo que hay que darle indudablemente es el valor de agregación industrial. Por eso Macri planteó en el G20 realizado en Buenos Aires que China tenía que comprar más aceite de soja, más productos industrializados y no porotos de soja.

Usted ha cuestionado el grado de involucramiento de la Argentina con la República Popular China. Hoy la relación tiene el status de asociación estratégica integral, uno de los más profundos que China contempla. ¿Es partidario de revisar esa asociación?

No, en eso tengo una mirada pragmática como la tiene el Presidente. Lo que digo es que hay algunos rubros o algunos productos del intercambio que habrá que analizar también para corregir la asimetría que tenemos. Si vos mirás los números en la relación comercial entre Argentina y China, son totalmente favorables para ellos. Hay un superávit por el lado de China de alrededor de 4 o 5 mil millones de dólares, esos son temas para trabajar en una diplomacia inteligente y también lograr que los productos que la Argentina le vende tengan valor agregado. China empezó un proyecto porcino, un desarrollo porcino de envergadura y terminó con una pandemia, eso va a hacer retroceder el proceso de producción de su carne porcina varios años.

¿No teme que Argentina pierda el mercado de Brasil en el acuerdo con la UE?

Absolutamente no. En primer lugar porque este es un acuerdo de bloque y es Brasil- Argentina, Argentina-Brasil.

En Francia el Senado aprobó un 3% a las ganancias de las grandes tecnológicas. Nadie piensa en Francia como algo distinto al Estado francés. Hay grandes políticas de Estado en ese sentido porque me da la sensación que Francia advierte que su peso global excede a lo que es su peso relativo. En ese sentido, y si queremos replicar los desarrollos dinámicos, pero también con protección a ciertas industrias, ¿no ve un discurso demasiado antiestado en el gobierno nacional?

Hoy indudablemente la tendencia en el mundo es que los estados y los estados importantes como Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, España tienden a ser una política de protección de sus industrias. Creo que esto es lo que se requiere en la etapa que viene, hay sectores en el marco del acuerdo con la UE a los que va a haber que mirar, atender, ayudar a mejorar su nivel de competencia, sus capacidades, analizar las temáticas impositivas para que puedan ser competitivos. Me parece que esa es la tendencia del mundo, el escenario de una mirada global ingenua tampoco existe. Ese mundo de Obama del intercambio libre no existe más, incluso hay problemas también con la circulación de las personas. Lo digo porque este es el mundo en el que vivimos, un mundo más egoísta, mucho más difícil, más complejo donde la gente no puede ingresar de un país a otro, donde Italia ha cerrado prácticamente su frontera respecto a la migración que viene de África.

Argentina no lo ha hecho.

Argentina no lo ha hecho porque cumple con una tradición.

El Presidente celebró la llegada de los venezolanos que están escapando del régimen de Nicolás Maduro.

Eso me parece un gesto humanitario y me parece un marco de reciprocidad. En los 70, Venezuela con Andrés Pérez, tenía también una lógica humanitaria de recibir a muchos perseguidos.

Otro populista.

Era un hombre muy democrático y mucha gente se exilió en Venezuela como Rodolfo Terragno. Gente importante, intelectuales, hombres de la cultura fueron recibidos porque Venezuela en los 70 era como una isla, era un escenario democrático, era de los pocos países que había preservado la democracia. Después el ciclo de Andrés Pérez se agota, viene el proceso de Chávez, que no es Maduro y si querés lo discutimos eso. Maduro es un dictador.

¿Y Chávez?

Chávez no lo fue, era un hombre que tenía una construcción democrática, un fuerte personalismo, un esquema populista de izquierda. Podríamos hacer un conjunto de configuraciones, pero tenía respaldo democrático, ganaba elecciones. Maduro es un dictadorzuelo. El informe de Bachelet, que nadie puede decir que no es imparcial y que no tiene una mirada de razonabilidad, acaba de dar unos datos espeluznantes. Y la izquierda argentina, siempre en silencio. Y también el populismo de izquierda del kirchnerismo, en silencio frente a esto, algún día va a tener que dar explicaciones. No es razonable que se siga sosteniendo una defensa irrestricta ante una dictadura tan sangrienta como es la de Maduro.

Alberto Fernández no sólo no hizo una defensa irrestricta sino que alertó por la situación en Venezuela.

Es cierto que lo hizo pero tenuemente, creo que en ese plano debería haber sido más claro, más duro. Debería haber sido más categórico y más fuerte.


Tengo una duda respecto a eso. El gobierno varias veces ha puesto como ejemplo de generación de riqueza a Singapur y tiene vínculos con nombramientos de personas cercanas al Presidente. Un país con 96 mil dólares per cápita pero donde, desde su creación, gobierna el mismo espacio, que es el Partido de Acción Popular.

También es una isla en un escenario financiero de Medio Oriente, donde indudablemente hay que entender el contexto. Las autocracias árabes tampoco son democracias en el sentido que nosotros las concebimos o al estilo americano con división de poderes. O China que es otra singularidad. Incluso como modelo económico tiene una visión capitalista pero hay grandes franjas de su población, millones y millones de personas que están en un modelo semiesclavo de trabajo en donde todavía rigen las reglas del comunismo. Son economías que están en una fase de crecimiento con mano de obra barata. En el caso de Venezuela, también enfrenta un mundo de encierro que le puede ocurrir a la Argentina. Un eventual escenario de no abordar los compromisos internacionales, una situación de default técnico puede plantear que quedemos aislados en el contexto internacional y que los efectos y consecuencias de esos que dicen defender a los pobres va a ser mucho más grave. Va haber más pobres.

Pero el precandidato a Presidente de la oposición manifestó que van a cumplir con los compromisos.

Bueno, como habitualmente dicen las cosas, a medio tono y en general de manera ambigua. Les agregan las condicionalidades que son lo complejo: "Vamos a privilegiar el consumo interno primero". Hay otras voces, hay un mundo de voces en el escenario del Frente con Todos.

Usted mejor que nadie sabe que en Argentina gobierna el Presidente.

Yo creo que generalmente gobierna el Presidente salvo cuando la vicepresidente tiene el poder de los votos y la capacidad de movilización. No estoy haciendo una descalificación a Alberto Fernández ni estoy diciendo nada malo de él, lo que estoy describiendo son hechos objetivos. La política es muy fácil de explicarla, implica a veces tener sentido común. ¿Dónde está el poder del Frente con Todos? ¿Quién tiene los votos en el Frente con Todos? ¿Quién tiene la capacidad de movilización de los organizaciones sociales y piqueteras? Indudablemente y con toda la certeza, el poder radica en la figura de la vicepresidenta. Cuando Nielsen dijo que había ignorancia en el análisis sobre la intervención en el mercado de capitales por parte de Kicillof, Alberto Fernández jugó con Kicillof y lo tiró del tren a Guillermo Nielsen.

También se da la particularidad que en la fórmula de Juntos por el cambio cuando uno analiza los motivos de la convocatoria del Presidente a su figura, uno podría pensar que sí, el Presidente es alguien que ejerce el poder de manera absoluta, pero las dificultades que va a afrontar un eventual segundo mandato necesitan de la gobernabilidad que a priori aporta el candidato a vicepresidente. Entonces tampoco es una situación tan típica como pudo haber sido la vicepresidencia de los mandatarios anteriores.

Comparto su diagnóstico. El Presidente no piensa en la coyuntura electoral únicamente, está tratando de consolidar su base de sustentación de cara al ejercicio del gobierno para los próximo cuatro años, darle mayor consistencia. No es sostenible en la Argentina un gobierno de minoría y un proceso político que no tenga grandes acuerdos. Habrá que sentarse después del 10 de diciembre, incluso con el Frente con Todos, para entender que los grandes temas argentinos tienen que ser abordados por el conjunto de la representación política. Es imprescindible. El otro día leí un tuit de la candidata a vicepresidenta, Cristina Fernández, que hablaba de esto. Incluso hasta parecía que era un propaganda de Juntos por el Cambio porque hablaba que el cambio había que hacerlo entre todos.

Habiendo formado parte mucho tiempo de la opción del peronismo donde hoy está el Partido Justicialista formalmente, ¿usted también cree que es un proyecto antidemocrático?

Creo que hay algunos componentes en ese proceso que tienen visiones autoritarias.

Pero no la integralidad, supongo.

No todos, pero hay construcciones y decisiones que se toman y hay una mirada muy sesgada por parte del sector juvenil denominado Cámpora, que fue el gravitante en la decisión de las candidaturas. Nuevamente, ese sector se impone por arriba del espacio del peronismo, de los gobernadores de provincias y pone sus candidatos.

Permítame interpretarlo: usted sugiere que se moderó La Cámpora. Porque uno ve a Matías Lammens en Capital, Sergio Massa en Provincia, Alberto Fernández en Nación.

Lo de Lammens fue una decisión de Alberto, no de La Cámpora, buscar algún hombre del centro. Hay otras cosas que tampoco comparto. Creo que es un desatino haber ido a verlo a Lula porque la relación argentina es con Bolsonaro, que va a ser presidente los próximo tres años y medio. Tiene un período presidencial que recién empezó, con lo cual la realidad obliga al futuro Presidente a tener un adecuado manejo y relación diplomática con el principal socio argentino que es Brasil. Está bien que desde el punto de vista humanitario uno puede ir a ver un preso -yo también lo he hecho- y me parece necesario hasta en el plano espiritual, pero desde el punto de vista de la política y diplomacia argentina, en el caso que Alberto Fernández tuviera el respaldo de las urnas, la verdad que la relación con el principal socio empieza muy mal. No tiene una lógica política, hubiera sido mucho más razonable que lo fuera a ver a Bolsonaro.

¿Cuál es su opinión del presidente de la República Federativa del Brasil?

En primer lugar, tengo un respeto por la sociedad brasilera que ha elegido a Bolsonaro. Creo que interpreta un tiempo y un momento histórico. Hay un agotamiento del PT, una crisis de valores del PT muy profunda, la salida de Dilma marca el punto de decadencia más allá de las cuestiones de discusión también sobre el parlamento que estaba inficionado por la corrupción. Y hay un emergente de esa crisis, aparece el partido militar como un actor principal y las iglesias evangélicas. Es un cuadro novedoso que no se repite ni se configura ni se traslada a la Argentina. En Argentina generalmente funcionan los sistemas políticos tradicionales, los outsider tienen poca posibilidad de desarrollarse.

En Brasil parece ser el partido militar la pata más racional del gobierno, a través del vicepresidente, y no el propio presidente.

Es un gobierno que recién ha empezado y hay cuestiones de ajuste. Me parece que Bolsonaro va a ir consolidándose, tiene en marcha diversas reformas, algunas son más estructurales que otras. El acuerdo con la UE también es un logro de Brasil y de Argentina, tiene mucho de motor por parte de Macri. El gran generador de este acuerdo es Mauricio Macri.

Uno ve que Estados Unidos tiene una de las economías más abiertas del mundo, bajó impuestos, pero también sube aranceles.

Hace proteccionismo a determinadas actividades y ha obligado a las automotrices a volver a Estados Unidos, a la siderurgia y se ha comprometido con los estados del centro para que vuelvan a fabricar autos. Detroit estaba devastada y la economía americana está creciendo. Es importante para la economía nacional comprender el mundo en que se vive y no es posible una economía aislada. Una economía cerrada en un mundo integrado, estás liquidado y te pasa lo que le pasa a Venezuela. Podemos incluso incentivar industria con gas o nafta más barata, tenemos que poner en marcha la minería en Argentina. Hay que hacer minería, con cuidado del medio ambiente, pero hay que hacer minería.

¿Se puede hacer un equilibro entre EEUU y China en las relaciones comerciales y diplomáticas en este momento?

Creo que sí, Argentina en esto ha tenido políticas de Estado y hay que mantenerlo porque además la producción primaria argentina compite con la americana. China compra lo que no compra Estados Unidos, nosotros tenemos que ir a sistemas de ampliación de intercambio con Estados Unidos. El Presidente está trabajando en un acuerdo con Canadá y también con Corea, y recientemente ha hecho una visita a la India y a Vietnam. Ha hecho una diplomacia presidencial inteligente, se ha vinculado nuevamente con los países de Europa, esto ha permitido el acuerdo con la Unión Europea, es un líder respetado que encarna un capitalismo moderno, que ha tenido problemas porque la economía argentina tenía problemas estructurales. A veces los argentinos, como no valoramos nunca nada, no nos damos cuenta de estos análisis.

¿Y cómo se resuelven?

Generando empleo.

No es el camino que estamos recorriendo.

El camino tiene que ser un camino genuino, serio, de mantener el rumbo, de entender que el capitalismo en el mundo no lo discute nadie. Estos modelos de socialismo intervencionista, keynesiano duro, con intervención estatal rígida, con cepo, eso no va más en el mundo. No va más. Lo que genera es más pobreza. Y el distribucionismo alegre, más planes y plancitos para todos, tampoco. Tenemos que crecer. El plan es para un año o un año y medio porque si no lo que hacemos es acompañar el enriquecimiento de las multinacionales de la pobreza: la patria cartonera, la multinacional cartonera, la de las otras cooperativas. El ministerio de Desarrollo Social ha trabajado con ellos para sostener una estructura social que la sigue sosteniendo e incluso es más amplia que la anterior porque no han logrado emprender todavía un proceso de crecimiento en la economía. Esto es lo que está pendiendo, esto es lo que va a trabajar el Presidente en la próxima etapa.


Usted siempre dice que el gobierno lo tomó como es. ¿Eso incluye las críticas que le hizo al jefe de Gabinete o a la gestión económica?

Yo no hago cuestiones personales en política, eso sería poco inteligente y no sería propio de mi persona. En los últimos tres años y medio he sido un opositor que trabajó para garantizar gobernabilidad, para los gobernadores -que mejoraron todos los recursos fiscales- tuvieran siempre un espacio para hablar y dialogar con el gobierno. Y también para la Nación porque lógicamente la aprobación le daba gobernabilidad. Siempre he tenido un plano de respeto por la figura presidencial, he podido discutir incluso con el propio jefe de Gabinete. Yo no tengo que dar explicaciones sobre lo que dije en el pasado.

¿Por qué no está en el peronismo?

No estoy en el peronismo porque al peronismo tampoco le interesó que estuviera ni me contuvo. Tampoco me contiene lo ideológico, esta visión más radicalizada. Creo más en una democracia de concertación, de acuerdos, de consensos y no esta mirada de colisión, de que cada ley es un escenario donde el Congreso tiene que volar por el aire, viene gente a la puerta a tirar piedras. En esa democracia yo no creo.


Hablemos del Poder Judicial. ¿Qué le parecieron las declaraciones de Eduardo De Lázzari?

Creo que no ayudan, no incorporan nada al funcionamiento del sistema judicial. Son visiones parciales, pero un hombre que tiene la presidencia de la Corte de Suprema de la Provincia de Buenos Aires debería tener más responsabilidad con las palabras. No me quiero comprar la grieta en el sistema judicial. Cuando estaba integrando el Consejo de la Magistratura me moví con mucha independencia y mucho criterio; no me compré el conflicto Dolores-Comodoro Py. A Ramos Padilla le di todas las garantías como también se las di a otros jueces de Comodoro Py en términos de lo que significa el juzgamiento o la evaluación de conductas. No sirve que un presidente de la Corte de una provincia salga a hacer apreciaciones ligeras que además implica que, si hay elementos ciertos de lo que acaba de decir, deberían tener el correlato de un denuncia penal.

De Lázzari las explicó en un comunicado.

Al principio hizo declaraciones de carácter genérico. Después hizo aclaraciones sobre hechos públicos que indudablemente no tiene discusión.

¿Y la justicia federal? Porque tanto ella, como la justicia en general, a veces da la sensación que el desprestigio que tiene es inmodificable en virtud de que la infección es mucho más profunda de lo que se ve.

Creo que hay un excesivo judicialismo en el funcionamiento del sistema federal que tiene efectos altamente negativos. Hay algunas cuestiones que tienen que ponerse en debate con responsabilidad y seriedad.

¿Por ejemplo?

La extensión de la responsabilidad objetiva de los funcionarios con el principio "debería conocer", "sabía", "estaba en el organigrama", "le corresponde al Presidente hacerse cargo de los actos de un secretario de Estado". Eso me parece que es derecho penal que lleva la responsabilidad a cualquier límite, peligroso además para las libertades. Y además marca un principio de degradación para el sistema político porque los peores, los que no tengan nada para perder, los que tengan vocación de delinquir, son los que van a estar a cargo del gobierno en el futuro. Si todos los días a la mañana hay gente que lee el diario, ve una noticia periodística y va y corre a Comodoro Py a hacer la denuncia, así no funciona un país. Excesivo hiperjudicialismo, ampliación de la responsabilidad objetiva, y el tema de la prisión preventiva son temas que nunca he compartido. Creo que son excesos donde hay que encontrar las decisiones jurisprudenciales para poder poner en un marco todo eso. Hay denuncias que se hacen que deben ser rechazadas in limine porque es el agotamiento de la vida administrativa en el proceso administrativo del Estado. Cuando el gobierno toma una decisión, que además ha sido revisada en sede administrativa, ha habido impugnaciones, ha habido resoluciones que se han tomado y después el que perdió en una licitación y no le gustó y va y corre y hace una denuncia penal. Deberían ser rechazadas in limine.

Cuando menciona los actos que una cabeza del Estado no puede ser responsable por lo que hace un secretario, ¿habla del caso de José López?

Me refiero que el concepto de responsabilidad objetiva se utilizó en los juicios de lesa humanidad, aplicado a los militares en términos del orden jerárquico y de la estructura de mando. Hoy se está aplicando en cierta medidas y en algunos casos a determinados hechos contra la administración pública y me parece complicado y peligroso porque el derecho penal es un derecho de autor.

No debería.

No debería porque es un escenario complejo y peligroso.

¿Hoy los jueces federales tiene demasiado poder?

Sin dudas. El sistema les da un gran poder y una gran discrecionalidad.

¿Y eso es peligroso?

Creo que no es conveniente, creo que hay que ir a un sistema de equilibrios y contrapesos donde el juez de instrucción pasa a ser juez de garantía e interviene en el rol del fiscal y el defensor y es un sistema de mayores equilibrios. Es la reforma que hemos hecho del Código Procesal Penal y que debe entrar a funcionar en la Argentina en algún momento en todo el país.


¿Usted desprende la situación política de lo que pasa en Comodoro Py? El Presidente llegó a decir que "Ramos Padilla ha hecho varias" y le presentaron un juicio político.

Hay que ver cuál era la información que el Presidente tenía en ese momento.

¿Estaba mal informado?

No digo que estuviera mal informado, digo que muchas veces se hacen apreciaciones sobre hechos. Pudo haber tenido algún nivel de información, pudo haber hecho alguna evaluación sobre alguna intencionalidad, vamos a ver. Es cierto que Ramos Padilla ya ha tenido una resolución de la Cámara de Casación que le dijo claramente que precise cuál es el eje de la investigación, cuáles son los hechos que está investigando, porque hay que ver dónde se han producido. ¿Qué investiga?¿Un acto de extorsión? ¿Un acto de espionaje? Para definir eventualmente en un litigio la competencia. Me parece que es muy importante que la sociedad sepa, independientemente de la reserva que el expediente tiene y que el juez también tiene un período para mantenerlo, definir claramente lo que está investigando.

La política parece ser rehén de la justicia federal. ¿Es una interpretación equivocada o tiene visos de realidad?

Ha habido un fuerte reclamo de los medios de comunicación sobre hechos que debían ser investigados y una exorbitancia en la toma de decisiones. Yo no comparto la doctrina Irurzun, estoy en contra.

¿Por qué?

Precisamente porque avanza sobre planos que tienen que ver con la libertad personal, con las garantías en los procesos y con que para detener a una personas se puede hacer cuando tiene antecedentes peligrosos, cuando tiene riesgos de fuga o cuando eventualmente tiene un poder superior que puede incidir en la investigación. No la comparto porque me parece un exceso.

¿Le cuesta internamente en Juntos por el Cambio manifestar este tipo de cosas?

A mí me tomaron como soy y nunca me pidieron que cambie nada ni tampoco me han fijado límites a lo que digo o pienso. Esto me parece un dato de libertad que yo valoro por parte del Presidente. Lo que afecta hoy a ex funcionarios va a afectar mañana a funcionarios del gobierno actual o al propio Presidente. Lógicamente que el gobierno está empeñado en hacer las cosas bien, pero en este país donde todo se judicializa es un escenario inviable.


Esa coherencia de la que usted habla estuvo siempre vinculada a los mecanismos del Estado, pero también de un partido. Hasta ahora que se corrió de la estructura formal del PJ. ¿Por qué?

Porque ya no me contiene, creo que el peronismo hoy está más en una izquierda populista al estilo americano. No es mi visión del mundo, no es lo que yo interpreto donde tiene que estar el peronismo.

¿Usted cree que Cristina Kirchner formó parte de esos esquemas de corrupción de los que se la acusa?

No voy a hacer valoraciones que tendrán que ser resueltas por el proceso judicial, pero hay causas que tienen que ver más con funcionamiento del Estado, con actos de gobierno que ahí hay endeblez de interpretación, de configuración. Creo que hay algunas causas que no son delitos.

¿Por ejemplo?

Dólar futuro es una causa concreta o el mismo caso del Memorándum con Irán.