Saddam Hussein gobernó Irak durante 24 años.

La Guerra del Golfo: el parto de un mundo nuevo

Se cumplen 29 años de la invasión de Kuwait por las fuerzas de Saddam Hussein.

Leticia Martínez
3 de agosto de 2019 14:08 hs
leticia@cenital.com  
@aletimartinez

Previo al inicio de la Guerra del Golfo en 1991 hubo una reunión clave. Fue el 25 de julio de 1990, cuando el entonces presidente de Irak, Saddam Hussein, junto a su canciller, Tarik Aziz, recibieron a la Embajadora de Estados Unidos, April Glaspie. Durante años circularon varias versiones sobre lo que la diplomática comunicó al Departamento de Estado acerca de su respuesta al mandatario iraquí, pero en todas hay un factor común: la diplomática estadounidense habría transmitido un mensaje ambiguo al líder árabe sobre la posible reacción norteamericana ante una escalada militar con su vecino Kuwait. Sus palabras fueron, más o menos, estas:

-"No tenemos opinión sobre los conflictos árabe-árabe, como su desacuerdo fronterizo con Kuwait. El problema con Kuwait no está asociado a Estados Unidos".

Siete días después de la reunión, Saddam Hussein ordenó a su ejército invadir Kuwait. La diplomática fue acusada de haber sido responsable de dar un mensaje equívoco al líder iraquí, por el cual el mandatario podría haber entendido que recibía cierto aval estadounidense para anexar al pequeño estado árabe ubicado en la frontera sur iraquí. El 2 de agosto de 1990 daría comienzo a lo que después se convertiría en la primera gran guerra del mundo unipolar, en la cual el gobierno de George Bush (el padre), junto a otros treinta y tres países, llevaría adelante una ofensiva militar para que el dictador árabe diera marcha atrás con su invasión.

Contexto

Saddam Hussein se enojó cuando sus vecinos kuwaitíes le pidieron el dinero que le habían prestado en la década del '80. El gobierno iraquí había hecho uso de la plata de Kuwait, entre otros prestamistas, para financiar una guerra de ocho años con Irán. Un conflicto bélico que dejó devastado en materia económica y de bajas militares y civiles a ambos países.

"Saddam entendía que había hecho frente a la 'amenaza iraní', en un enfrentamiento histórico entre árabes sunnitas y persas chiitas. Entendió que él estaba protegiendo a todos los demás países árabes, que no era una guerra entre Irak e Irán sino de Irán con todo el mundo árabe", explica en diálogo con Cenital el diplomático, Guillermo Nicolás, de la Secretaría de Relaciones Exteriores de Argentina y ex Encargado de Negocios en Irán, y Cónsul en Líbano.

El diplomático explica que, tras la guerra con Irán, Hussein se mostró molesto ante el pedido de las autoridades kuwaitíes de devolución del dinero que le habían prestado. "Saddam tenía una deuda muy alta con Kuwait. Cuando los kuwaitíes le dicen que quieren cobrar, empieza a ofenderse", asegura Nicolás sobre el vínculo que tenía con su país vecino previo a la invasión.

Al margen de la elevada deuda de Irak con Kuwait, Saddam reclamaba que el Emirato pertenecía históricamente a la provincia iraquí del Imperio Otomano. Más allá de la historia y los reales motivos, el argumento oficial que brindó el también líder del Partido Baaz fue que su pequeño vecino robaba petróleo de territorio iraquí, algo que nunca pudo ser probado.

La decisión de invadir a su vecino generó de manera inmediata el rechazo de un centenar de países, y le valió en los siguientes meses la aplicación de sanciones, además de resoluciones en su contra por parte de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Hussein rechazó dar marcha atrás con la anexión, y el organismo internacional puso una fecha y una advertencia: si antes del 15 de enero Saddam no se retiraba del territorio anexado, un centenar de países lo obligarían a hacerlo.

Si bien a priori la ofensiva de tantos países parece algo completamente desproporcionada, hay que tener en cuenta que en ese momento Irak era considerado una de las principales potencias militares de Medio Oriente,.especialmente por la cantidad de efectivos, más de 200 mil, y por las armas con las que contaba. Sin embargo, su fuerza había quedado debilitada por los años de guerra con Irán y, además, porque tras aquel conflicto, terminaron de estallar otros problemas internos en su país, como la situación de los kurdos y chiitas, a quienes había perseguido y atacado durante años.

Conflictos internos

Los chiitas (una de las ramas del Islam, la otra mayoritaria en el mundo, es la sunnita) son mayoría entre los iraquíes y habitaban principalmente en el sur del país. Los kurdos (un grupo étnico distinto de los árabes, con idioma y tradiciones propias y diferenciadas) se encontraban al norte. Para el momento de la invasión, ambos grupos eran víctimas de la persecución estatal, a las órdenes de Hussein, él mismo un árabe sunnita. La llegada de la guerra, fue una oportunidad para estos grupos apoyar a la coalición contra quien los había hostigado durante años, a veces mediante prácticas genocidas y uso de armas químicas. En estas condiciones, ambos grupos fueron instados a la rebelión por el gobierno norteamericano.

"Mi padre fue asesinado por las fuerzas de seguridad de Saddam Hussein, justo antes de que yo naciera. Lo mataron porque él era un comandante kurdo que peleaba por los derechos para los kurdos", explica en diálogo con Cenital, el abogado y ex miembro observador del Referéndum de independencia de 2017 que se llevó adelante en el Kurdistán iraquí donde nació, Irfan Aziz. El activista cuenta que gran parte de su familia fue asesinada durante el gobierno del ex líder del Baaz.

Aziz explica que luego de la Guerra del Golfo en 1991 se estableció en el Kurdistán una región semiautónoma, ubicada en el norte del país, que actualmente goza de un mejor pasar que el resto del territorio iraquí. El estatus de autonomía fue conquistado a partir de resoluciones de Naciones Unidas que limitaron la presencia de la Fuerza Aérea del Estado iraquí en esa región con posterioridad a la Guerra. Los levantamientos, sin embargo, fueron dejados a su suerte por la coalición, lo que derivó en algunas ofensivas sangrientas contra chiítas y kurdos.

Saddam Hussein

El gobierno norteamericano tuvo la oportunidad de derrocar a Saddam Hussein, ya entonces acusado por el asesinato de miles de opositores, así como por el uso de armas prohibidas, entre otros delitos ¿Por qué la coalición no tomó Bagdad, la capital y no hizo nada en contra de Hussein como lo hizo luego?

"La decisión política de no entrar a Bagdad creo que fue porque pensaron que un debilitamiento de Irak podría potenciar a Irán, que siempre había sido contenido por Irak y Afganistán. Si caía Saddam, que era el enemigo de Irán, éste podía potenciarse en la región. Por eso creo que decidieron mantener a Hussein, sumido en sanciones y sin que pueda levantar cabeza, pero les convenía un Irak unido", analiza Nicolás.

Argentina

La Guerra del Golfo fue el primer gran episodio de las "relaciones carnales" que, en palabras del ex-canciller Guido Di Tella, caracterizarían el vínculo bilateral con Estados Unidos. Argentina participó de la coalición internacional enviando dos buques a un país distante, en el que no tenía intereses directos.

"Lo de Menem fue un gesto hacia Estados Unidos. Participar en la coalición, con dos barcos que estaban a 120 kilómetros, sin participación bélica y que controlaban que no pasaran barcos por el Golfo Pérsico, pero el efecto era prácticamente nulo", afirma Nicolás sobre el accionar del ex mandatario argentino, una decisión que fue criticada en reiteradas ocasiones y que algunos relacionaron con los atentados en la Argentina, aunque nunca aportaron ninguna hipótesis plausible sobre aquella relación.

"Quiero agradecer a usted Presidente y a su pueblo el haberse mantenido firmes como aliados en el golfo pérsico contra la agresión abierta de Sadam Hussein", fueron las palabras del presidente Bush, quien gobernaba Estados Unidos durante el conflicto, al llegar a la Argentina y reunirse con Menem.

Las consecuencias

La actuación aliada en la Guerra del Golfo se realizó en distintas etapas. La Operación Escudo y la Operación Tormenta del Desierto, con resultados contundentes. Las tropas iraquíes se rindieron el 28 de febrero de 1991. La decisión de Estados Unidos de no ingresar a Bagdad permitió a Saddam Hussein mantenerse en el poder otros doce años, hasta que otro presidente estadounidense tomó la decisión de derrocarlo.

La guerra demostró también cómo se mueven las piezas mundiales dependiendo de cómo esté armado el tablero. Si en su momento George Bush decidió que le convenía mantener a Irak unido frente a un posible avance de Irán, su hijo decidió, en el contexto de la "guerra contra el terrorismo", que Irak y Afganistán eran el teatro para llevar adelante una cruzada democratizadora en la que Estados Unidos sería garante y gendarme. El resultado fue que Irán se fortaleció y ganó peso regional. Hoy, el país persa se encuentra inmerso en una escalada de tensiones con los Estados Unidos de Donald Trump cuyo resultado es completamente incierto. El recuerdo de la guerra, también, es el de sus consecuencias.