Luces y sombras de las campañas: radiografía a una semana de las PASO

Polarización y big data vs acuerdos estratégicos y campaña uruguaya. Dos enfoques muy distintos que funcionaron ocasionalmente en espejo y que están a horas de su evaluación final. ¿Qué dirán las primarias? ¿Acertaron los estrategas de Cambiemos o los del peronismo?

Noelia Barral Grigera
4 de agosto de 2019 13:08 hs
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@nbg__

Tiempo de descuento para las campañas y las estrategias electorales. Quedan menos de seis días para el final de su recorrido, cuando el reloj dé las 8 el viernes próximo. Fue un período corto pero intensísimo de búsqueda abierta del voto para el oficialismo y la oposición. En una semana el resultado dirá qué sector acertó con su estrategia. De un lado, empujando al tándem Mauricio Macri - María Eugenia Vidal, una campaña basada principalmente en la hiperpolarización, apalancada por la comunicación estratégica y segmentada. Del otro, Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof con el reparto de las dos tareas ineludibles para el espacio: recomponer la relación con el resto del peronismo -y sus consecuentes acuerdos distritales- y mostrar a dos candidatos nuevos que se construyen públicamente desde la sencillez.

Diseñadas para transitar por caminos paralelos, la campaña de un espacio intentó moverse independiente de la del otro, aunque por momentos funcionaron en espejo.

Juntos por el Cambio: polarización y big data para no hablar de la crisis

La apuesta por la hiperpolarización sólo puede ser del oficialismo: todos los opositores están obligados a apuntar su campaña en contra del gobierno de turno al que intentan suceder, mientras que ese gobierno podría no hablar de ninguno de ellos, hablar de algunos o hablar de todos. En cambio, este gobierno eligió hablar de uno solo de sus opositores: el peronismo y, dentro de él, puntualmente el kirchnerismo. Ante la imposibilidad de mostrar resultados positivos de su gestión económica, el presidente Macri y sus asesores decidieron apostar a la estrategia ganadora 2015: hacerse fuertes en el rechazo al gobierno anterior y, particularmente, a sus formas. Reflotaron conceptos como autoritarismo, Venezuela, cadenas nacionales, cepo y narcotráfico. El lunes 12 sabrá si fue la decisión correcta.

Afuera de ese discurso quedaron los datos de la economía de los últimos cuatro años, las explicaciones sobre ellos y las promesas de futuro. En el trazo grueso de su diseño, el oficialismo renunció en esta campaña a explicarle al electorado por qué crecieron la pobreza y el desempleo, por qué se agravó la inflación y por qué aumentó la deuda externa, entre otros indicadores. Metáforas superficiales como "pasaron cosas" no aportan elementos para que la ciudadanía pueda juzgar si la crisis es atribuible a la gestión o no; ni aseveraciones como "sentamos las bases para el desarrollo" ofrecen explicaciones profundas sobre el plan económico.

La segmentación de los mensajes -que lejos está de funcionar cual maquinaria perfecta, como analizó Luciano Galup en C5N- incluyó numerosas iniciativas y declaraciones vinculadas al Ministerio de Seguridad. Entre ellas, el lanzamiento de un programa de formación para adolescentes y jóvenes dictado por Gendarmería, la exaltación de los decomisos de drogas y hasta una autocrítica de María Eugenia Vidal por la confrontación con los docentes en tres de sus cuatro años de gobierno.

Con este brevísimo repaso surge una conclusión evidente: la campaña estuvo orientada a consolidar el voto propio que dudaba. ¿Alcanza para reelegir?

Frente de Todos: acuerdos estratégicos y campaña uruguaya difícil de coordinar

Vista en retrospectiva, la campaña presidencial de Alberto Fernández arrancó el sábado 18 de mayo cuando, horas después de que Cristina Fernández de Kirchner anunciara las candidaturas de ambos, las redes sociales se llenaron en cascada de saludos y felicitaciones de gobernadores peronistas y aliados. La apuesta por el respaldo de los mandatarios provinciales funcionó desde entonces como el estructurante de la campaña en tres pasos: felicitación, foto y -el que se viene- compromiso escrito para el futuro.

Recién hace diez días, con casi dos meses de campaña cumplidos, Alberto delegó el armado con los gobernadores. Eligió para la tarea al diputado Felipe Solá, que viene conversando con cada uno de los mandatarios para lograr que estén el miércoles en Rosario y no sólo compartan la foto durante el cierre de campaña, sino que también firmen con el candidato los cinco puntos de compromiso para implementar en cada provincia durante un eventual gobierno peronista. Además de los gobernadores peronistas, también habrá aliados como Gerardo Zamora y participarán de la firma candidatos como Axel Kicillof, Anabel Fernández Sagasti y Matías Lammens. Y, si se cumplen los deseos de Solá, tal vez se sumen los misioneros y el chubutense Mariano Arcioni. En resumen: busca la foto de más de 15 gobernadores. Una imagen potente.

Así estructurada, la campaña implicó para el candidato una doble tarea: posicionarse como tal y además salir a zurcir las heridas que dejó la conducción de su candidata a vicepresidenta. La decisión de no delegar sumada a una campaña austera -por elección pero también por necesidad- provocaron desgaste y descoordinación. Algo que generó fuertísimas críticas internas, algunas todavía no apagadas.

En el camino, tanto Alberto como Kicillof se revelaron como candidatos que además de apostar por un armado territorial clásico, montaron una campaña "a la uruguaya" -en palabras de un consultor que trabaja para la campaña bonaerense del Frente de Todos-. Las recorridas en Clío, las guitarreadas, la decisión inamovible de viajar en vuelos de línea, la construcción de dos candidatos de cercanía se complementan con la apuesta por el respaldo de la estructura política, lo que incluye el acuerdo de unidad con Sergio Massa. Con altibajos, las encuestas dicen que fue una buena estrategia. El domingo las urnas dirán si es cierto.