Crónica de una apuesta: un día con Matías Lammens

El presidente de San Lorenzo aspira a unificar las dos familias progresistas en la Ciudad. De pedigree futbolero y junto a un equipo de campaña con índices per capita de camperas Uniqlo similares al macrismo, el candidato del Frente de Todos busca sembrar allí donde Lousteau supo cosechar antes de emigrar a Washington. "La psicoanalista de Villa Crespo tiene más en común con nosotros que con ellos", afirma.

Juan Elman
6 de agosto de 2019 13:01 hs
juan@cenital.com  
@juan_elman

-¿Tenés que conquistar a los hinchas de Huracán?

La voz de Eduardo Aliverti retruena por todo el estudio de Radio La Red. Son las diez y media de la mañana de un sábado. Ocho días para las PASO. Para Matías Lammens y su equipo es un día más de campaña. Comienza, como casi siempre, en los medios. La carrera por el nivel de conocimiento. Viste un montgomery azul, sweater finito, jeans y zapatillas de cuero, una marca registrada en su outfit de campaña.

-Yo no creo que necesite conquistarlos -responde Lammens-. Los que tienen una identidad cultural similar a la nuestra, los que piensan parecido a nosotros, me parece que...Bielsa tiene una frase que es muy buena: el fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes. Acá lo que estamos discutiendo es otra cosa.

Subrayemos: identidad cultural.

Aliverti retoma el hilo.

-¿No era Proust el que decía que todo lo importante que aprendí de la vida lo aprendí del fútbol?

-No, fue Camus -lo corrige Lammens.

Del otro lado de la pecera, Victoria, Vicky, asesora de comunicación y Leandro, Lean, el coordinador del área, repasan la agenda del día. Dicen que, a pesar de que en este caso les toca un conductor más afín, a Lammens lo tratan bien de visitante y de local. "Es increíble: los periodistas que con otros candidatos opositores se ponen ásperos a Matías le tiran flores", dice Vicky, que hace poco dejó su trabajo en una de las principales embajadas para saltar, por primera vez, a una campaña política. Tiene veinticuatro años.

Lammens mantiene la media sonrisa que viene deslizando desde el inicio de la entrevista. Repasa los ejes del discurso que aparecen en cada una de sus intervenciones públicas. Que Larreta gobierna la Ciudad como si fuera una municipalidad, sin utilizar el potencial del Estado local. Que no tiene políticas de desarrollo económico o de empleo y que podía haber impulsado medidas para matizar el impacto de la crisis nacional, en la que lo imputa como coautor. Que hay déficits en materia de educación y salud pública. Que, bueno, la obra del Paseo del Bajo está bien pero faltan viviendas. Que los jubilados están solos. Y todo esto, exclama, con el presupuesto de la ciudad de Madrid, de un número de habitantes similar. Menciona al grupo de técnicos con los que trabaja, entre los que se encuentran científicos del Conicet reunidos por Dora Barrancos.

Aliverti le pregunta si la gente escucha sus argumentos o lo desacreditan tildándolo de K. Lammens acusa una campaña de estigmatización por parte del Gobierno: "Buscan meter miedo", dice. Se refiere a una entrevista que salió publicada esta mañana en La Nación en la que Horacio Rodríguez Larreta asegura no entender a Lammens cuando este dice que no es kirchnerista si "es el candidato de ese espacio". "Tengo una relación equilibrada con el kirchnerismo", suele resolver el presidente de San Lorenzo cuando le preguntan por su lugar en el frente, haciendo alusión a que no se identifica políticamente con el gobierno anterior pero "tampoco soy Anti-K". La frase se hizo tan presente desde que anunció su candidatura que se convirtió en un chiste interno de su equipo de colaboradores. Cuando alguien pide una definición sobre alguna cosa, responden: tengo una relación equilibrada.

-Te respeto que digas que no sos kirchnerista. Quizás la chingás en aclarar demasiado que no lo sos -lo sacude Aliverti.

El tsunami político de hace unos meses que dejó a un peronista en la playa cambiemita y a un armador con pasado disidente al frente de la oposición, camufló a otro fenómeno de similar potencia narrativa: Matías Lammens, presidente de un club de fútbol, sin ningún tipo de experiencia en la gestión pública, prácticamente virgen en lo que a las campañas políticas se refiere, y más cercano a los amarillos en lo que a la estética, quedó como candidato del Frente de Todos para gobernar la capital del país, el distrito que parió al macrismo y que, mientras todo lo sólido se desvanece en el aire, engendra una de las pocas certezas que todavía le quedan a la política de nuestros días: acá no gobiernan los peronistas.

Hace dos meses que Lammens camina por los barrios de la ciudad, intercalando con paseos en los medios, con una prédica que se pronuncia fácil pero se avizora compleja: resintetizar a las dos familias progresistas que conviven en la Ciudad pero se dividieron con el kirchnerismo. Conjugar -y, más importante, representar- a sus dos componentes, el popular y el liberal. Boedo y Colegiales.

Cuando termina la entrevista, Lammens es detenido hasta por los hijos del personal radial para sacarse fotos. Eso va a explicar parte de su demora al próximo destino. Romina Manguel ya está entrevistando a Gisela Marziotta, su compañera de fórmula, en el piso de la 750, la radio perteneciente a Víctor Santa María, presidente del PJ porteño. Hay que trasladarse hasta San Telmo.

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El Gol Trend que maneja Leandro y transporta al candidato en los primeros tramos de hoy -después lo hará en el suyo con su esposa al volante- no exuda la mística del Clio de Carli Bianco que recorre con Kicillof la Provincia. Tanto Lammens como su equipo comparten el diagnóstico. A diferencia de otras de la oposición, su figura tiene pocos ornamentos de ese estilo. No adopta gatitos como Axel ni tiene un cerdo de mascota como Felipe Solá. Tampoco toca la guitarra en televisión abierta como Alberto Fernández. No se viste como Ofelia Fernández. Si tuviéramos que encontrarle una liga, Matías Lammens jugaría en la de los yernos ideales de la política argentina. Un perfil que no cotiza en el mercado de las presentaciones power de videos de un minuto pero el que seguramente le presentarías a tus viejos.

Después de cruzar chicanas en el grupo de whatsapp de la campaña, Lammens contesta algunas preguntas. Si bien ostenta un perfil público hace años, se sorprende por el nivel de exposición alcanzado en este último tiempo. Su hija de cuatro años también: "Mirá, papá, sos vos", le avisó cuando estaban cargando nafta la semana pasada y la cara de Lammens apareció tatuada en uno de los carteles. Reconoce que su esposa, Mariana Gené, investigadora del Conicet en el área de Ciencias Sociales, mantiene su cuota de miedo ante el salto. Lammens dice que ella es su principal asesora. A priori forma parte del grupo de campaña.

Retoma lo de su relación equilibrada.

-Para mí es un simplismo querer empujar a la opinión pública a que crea que todos los que integramos este frente, que contiene al kirchnerismo, somos kirchneristas. En mi caso particular, lo que tengo que decir es que si fuera kirchnerista no tendría ningún problema en decirlo, porque estoy en contra de que se usen las identidades y definiciones políticas como estigmatización -dice Lammens.

-¿Pero sos kirchnerista?

-No. Tampoco soy anti kirchnerista. Tengo una relación equilibrada con el kirchnerismo. Lo que sí está claro en mi caso es que tengo un rol público hace siete años. Conviví con el gobierno kirchnerista y el macrista. Siempre tuve definiciones políticas y en relación a este gobierno siempre mantuve una posición de oposición.

-¿Por qué se fragmentó el progresismo porteño?

-Se fragmentó porque el kirchnerismo logró expresar muchas demandas históricas del progresismo pero muchas otras, que tienen que ver con valores más republicanos si querés, las pasó por alto. Hay que lograr una conjunción de esas dos cosas.

A mitad de camino a Lammens le suena el celular. La pantalla devela las iniciales de Marcelo Tinelli.

-¿Qué hacés, Marce, cómo estas? -contesta-. Buen día.

Lammens y Tinelli, la fórmula que hace siete años gobierna San Lorenzo, hablan todos los días. En diciembre se renuevan las autoridades, y en la última semana el candidato por la ciudad deslizó que Tinelli podría encarnar la continuidad de la gestión sucediéndolo. Lammens, por su parte, está analizando si pide licencia después de las PASO. Se le está haciendo difícil sostener una campaña en la capital del país y la administración del club. Vicky dice que se toma algunos bloques del día para resolver pendientes. El otro día, en un traslado entre medios, Lammens cerró la renovación de un contrato.

Además de las iniciales, Lammens y Tinelli comparten un parecido físico que se profundiza con el correr de los meses. Matías cuenta que desde sus épocas en el Colegio Nacional de Buenos Aires ya lo confundían con el conductor de Videomatch.

En la conversación los asuntos del club aparecerán pasados los diez minutos de charla. Antes van a debatir sobre las últimas novedades de la campaña.

Cuando el Gol desembarque en San Telmo, Lammens seguirá hablando con Tinelli dentro del auto.

-Tu discurso no es el de ellos -le señala Manguel. Lammens ya comparte el piso con Marziotta. Son las doce del mediodía.

Después de la cita radial, la pareja de candidatos tiene otra entrevista en el piso de abajo, con Página 12. El diálogo es a puertas cerradas.


En otras de las oficinas del edificio de Caras y Caretas, donde se encuentra la radio, de tres pisos, espacios amplios y decoración cuidada, aún en etapa de finalización de obra, los colaboradores de Lammens deliberan sobre cómo contestarle a la acusación que filtró esta mañana Larreta en La Nación. Finalmente no responderán nada. A la dupla de comunicación ya se sumó Manuel Socias, principal arquitecto del proyecto político del presidente de San Lorenzo.

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Su meneo me la deja al palo Y le doy con mi hacha hasta que caiga.

Leña para el Carbón, el hit del verano pasado en materia musical, recorre las paredes de un club social ubicado en la zona residencial de Devoto, "donde la mayoría votó a Larreta", describe uno de sus colaboradores. Lammens se encuentra recorriendo el predio cuando se cruza con una clase de zumba. Por supuesto, su colaboradora de comunicación y el que vino a escribir su notita le insisten para que se sumerja en la clase. Lammens se niega rotundamente. Podría aprender del programa de su socio azulgrana, ciertamente.

El instructor lo detecta, detiene la clase y cruza todo el salón para reclutar al candidato. Suena La Pollera Amarilla. El público comienza a alentarlo. Lammens ya no se puede resistir. Dos minutos después estará conduciendo a una marea de señoras mientras mueve las manos de un lado al otro. Izquierda a derecha. Sonríe con una inocencia teñida de incomodidad, pero persiste. Cuando termina la música la marea ya dejó de ir para el mismo lado. Un par piden selfies mientras otras lo miran con ceño fruncido. La mayoría se mantiene al margen.

Mientras Lammens almuerza con padres del club, que piden por soluciones comunales ante la crisis, su equipo se reúne en la confitería. Además del trío de la mañana, acompañan a Lammens tres amigos de la secundaria, de los cuales uno jamás había participado en política; un colaborador que lo fue a ver hace un tiempo para proponerle una agenda en materia de transporte y Lammens lo incorporó al equipo; y Martina, la encargada de las redes del candidato, también de veinticuatro años y haciendo su primera incursión en la política partidaria.

El candidato y su círculo son los que definen la agenda y línea discursiva de la campaña, a excepción de las actividades con otros miembros del Frente. "Con La Cámpora tenemos la mejor", aclara uno de sus colaboradores. Lammens, por su parte, tiene diálogo habitual con Alberto Fernández, cuya candidatura fue el empujón para su aparición en el espacio. Sigue remarcando que nunca se juntó con Cristina.


A principios de julio, cuando terminó de sellar la esperada "Vuelta a Boedo", uno de los prendedores de su gestión en San Lorenzo, comenzó la campaña oficial a jefe de gobierno. El primer desafío era aumentar su nivel de conocimiento, que promediaba el 50% y exhibía un brusco desbalance de género: a Lammens, por su pedigree futbolero, lo conocen mucho más los varones que las mujeres, sobre todo las que superan los cincuenta años, una figurita complicada para todo el conjunto de la oposición.

El contexto de una elección unificada con la nacional recuesta seguido al discurso de Lammens en el de Alberto y lo empuja a hablar de la gestión nacional. En su promesa de medicamentos gratuitos, por ejemplo, deposita Matías una cuota de su esperanza para avanzar en el electorado mayor, el más fidelizado con Larreta. Con los jóvenes le va mejor. La meta del domingo es arañar el piso de los treinta puntos y alejar a Larreta de los cincuenta. Después la campaña cambiará de ritmo con un candidato, esperan, más conocido.

Quien lo cuenta es Socias, licenciado en Ciencia Política y cuya trayectoria lo ubica en la órbita de Carlos Tomada, ex ministro de trabajo del kirchnerismo y actual jefe de bloque de la oposición en la legislatura porteña. Con el flamante candidato se conocen desde chicos.

-Yo siempre le metía fichas. Le decía: vos tenés un perfil ideal para la Ciudad, porque estás en el borde. Venís del fútbol y tenes una sensibilidad por lo popular, no sos peronista pero entendés al peronismo, no sos gorila, y además tenés credenciales republicanas y liberales, en el sentido de que hiciste una gestión honesta en San Lorenzo, tuviste una política de transparencia -dice Socias.

Lammens ya venía recibiendo ofertas del PRO para ser legislador, diputado nacional o encabezar el Banco Ciudad. Las declinó todas. Se dio cuenta que algo estaba pasando.

-Ahí él me dice "hagamos algo propio, algo nuestro". Entonces empezamos con la idea de armar un partido local.

Incitados por el gobernador socialista Miguel Lifschitz, con el que tienen buena relación y diálogo frecuente, revolotearon alrededor de la campaña de Roberto Lavagna. Dice Socias que ellos le plantearon la posibilidad de juntarse con Cristina para romper con la polarización. Con la designación de Alberto Fernández como candidato y la promesa de ensanchar la coalición, mientras la ancha avenida del medio se convertía en un estrecho canal, Lammens saltó al espacio porteño, con el deseo de encabezar una fórmula y la voluntad de seguir con su propia línea discursiva. Los melones se acomodaron.

Al margen de estas elecciones, en las que el escenario aparece más complejo para la oposición que en otros distritos como la Provincia o la elección nacional, el proyecto de Lammens se refleja y reconoce a sí mismo en clave de apuesta.

-Se trata de construir una nueva identidad política en la Ciudad, sin sectarismos ni exclusiones -sintetiza.

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Faltan algunos minutos para las cinco de la tarde y en Parque Avellaneda, Sur de la Ciudad, con un desempleo que duplica al del Norte, la atmósfera está más caldeada que en los barrios anteriores. Carteles anti macristas piden por bocinazos que se hacen eco; la gente se empieza a amontonar y se nuclea en una mesita partidaria, que muestra carteles de la fórmula presidencial y del invitado de hoy.

Matías Lammens ya no se traslada en el Gol. Ahora lo hace desde su auto ABC1; su esposa, con la que compartió el almuerzo, está al volante.

Cuando desciende del auto, cruza la avenida y llega al encuentro, en el que tiene estipulado recorrer la feria vecinal, la muchedumbre se activa. Lo reciben al calor de besos, abrazos y un "vamos a volver" que se expande. Lo recibe Julio, quien va a gobernar la recorrida, y al instante comienza el desfile para sacarse fotos. Lammens dice que disfruta del contacto humano. Entre las compresiones que implica cada una de la selfies y los zarandeos de Julio para que el candidato cumpla con el tour en un horario acotado es difícil intuir qué pasaría si no lo hiciera.

El contraste entre la figura de Lammens y los vecinos, y de algún modo entre su figura y los anteriores aspirantes al cargo por parte del Frente para la Victoria, resulta evidente. Lammens es la primera apuesta electoral del progresismo campari, el escalafón más elevado de esa famosa clase media que dilató en la primavera kirchnerista.

"Nuestras diferencias son de cuna: yo soy hijo de la movilidad social ascendente y ellos son herederos", se ataja Lammens, cuya hoja de vida empresarial bien podría cuajar en el ethos meritocrático: una apuesta inicial por un maxikiosco junto con un amigo de la infancia que devino en una de las principales distribuidoras de bebidas del país.

-Me parece que parte de la posibilidad que tenemos de interpelar a diferentes sectores tiene que ver con nuestra versatilidad. Nos sentamos igual en la mesa de la señora que toma el té en Barrio Parque como en el medio de la hinchada de Chicago en Mataderos. Y en los dos lados estamos cómodos -sostiene Lammens.

Mientras recorre la feria una mujer joven con pechera de La Cámpora le enumera la serie de problemas que enfrenta la comuna. Lammens escucha y asiente. Saluda a todo el mundo. Hasta un puestito del FIT que interrumpe la infraestructura celeste.

-Chau Matías. Mucha suerte y no te olvides de la comuna 9 -lo despide uno de los militantes que conducía el agite.

Los zarandeos de Julio no tuvieron efectos en el cronómetro de la campaña: Lammens llegará tarde a la última cita de la jornada: un encuentro con la agrupación Les Jóvenes, en el Parque Centenario.

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Sentado en el piso, ante los aplausos y mirada atenta de más de un centenar de jóvenes que comenzaron a reunirse a principios de este año, Lammens muestra su versión más desacartonada. Elogia la coalición que encabeza por ser la que "más pibes y pibas tiene en sus listas" y destaca al movimiento feminista.


Un joven le dice que con él "le encontraron la vuelta a la cosa en la Ciudad", donde hace doce años gobierna el macrismo. Le preguntan por los hospitales, el boleto estudiantil y la oferta cultural en la Ciudad. A su lado está Ofelia Fernandez, la dirigente de diecinueve años con la que Lammens, a juzgar por las risas y comentarios por debajo, parece entenderse.

Hace frío y ya es de noche. La ronda termina y los pibes se ponen a cantar canciones de apoyo intercalando el nombre de Matías con el de Cristina y Alberto. Su crew sigue completa, pero está dispersa, algunos mirando el piso, otros charlando. Lammens, si bien sonrió todo el día, ahora parece una postal de un golden retriever.

-Matías, ¿te venís a tomar una birra con los pibes? -se le anima uno.

Lammens, con una cordialidad exagerada, le dice que le encantaría pero que tiene un compromiso con su familia.

Si gana las elecciones, Lammens pasará de la decisión de incursionar en política a la gestión de la capital del país en cuestión de meses. Pero si las pierde, muy difícilmente se deshaga del mandato que una parte de la política porteña, desde arriba y desde abajo, le entregó para recuperar la ciudad.

Después de liderar una campaña con tanto nivel de exposición, el presidente de San Lorenzo sabe que su futuro inmediato está en la política. Así funcionan estos saltos.

-Me gusta -dice Lammens, haciendo referencia a los cánticos juveniles. Sonríe. Ya pasaron las ocho de la noche: diez horas girando-. Me gusta.