La reforma laboral: el coco está en la casa

El Gobierno busca impulsar la flexibilización de los acuerdos y la oposición asegura que la discusión previa es que la economía vuelva a crecer. ¿Cómo está el mercado de trabajo hoy en Argentina?

Mara Ruiz Malec
7 de agosto de 2019 13:08 hs
mara@cenital.com  
@marucha_rm

En el último tiempo se hizo fuerte el discurso de la reforma laboral. El abogado que preside la Cámara de la Construcción, Julio Crivelli, pidió poder despedir sin causa en la industria y el comercio, algo que había anticipado el vicepresidente de la Coordinadora de Industrias de Alimento, Martín Cabrales. Desde el sindicalismo salió al cruce el titular de la Asociación Bancaria, Sergio Palazzo, quien les recordó que los empresarios ya pueden despedir sin causa. Solo que tienen que pagar.

La reforma laboral sobrevuela las políticas de Cambiemos desde los inicios de la gestión de gobierno. Aterrizó en el Congreso en diversas ocasiones sin éxito, pero algunas de sus premisas se filtraron en otras leyes y en algunos casos, en nuevos convenios colectivos.

Gobierno y empresarios tienen un tercer aliado. En sus revisiones anuales, el FMI aconsejó avanzar también en una reforma laboral. Esto no es menor. Argentina tiene vencimientos casi incumplibles con el Fondo en 2022 y 2023. Si pretende pasar del préstamo que tiene ahora a uno de más largo plazo, tiene que cambiarse a un programa con condicionalidades que apuntan a reformas estructurales. Básicamente, la reforma laboral y la reforma previsional.

Mucho se habla de "modernizar" el trabajo, mientras que los que se oponen a la reforma son señalados como "gente que atrasa". ¿Alguien podría oponerse al progreso? ¿La reforma laboral significa reemplazar gente por robots? Veamos un poco de qué se trata.

¿Qué pretenden los CEOs?

Volvamos a Julio Crivelli. Su propuesta fue llevar el modelo laboral de la construcción al resto de la economía. En ese rubro, los contratos son temporales y no hay indemnizaciones, sino un fondo de desempleo al cual se aporta durante todo lo que dure la obra, con lo cual el costo de no renovar un contrato ya está hundido para la empresa. Por ahora de robots y máquinas, nada.

¿Cómo se despide hoy en el resto de los sectores? Los contratos laborales, salvo en algunos casos permitidos por la legislación, son por tiempo indeterminado. El empresario tiene tres meses de prueba y luego asume su decisión de efectivizar a quién ya probó. Si decide terminar el contrato sin causa, puede despedir, abonando una indemnización. En Argentina, el seguro por desempleo sigue siendo muy bajo. La indemnización actúa como un seguro. Si el empresario se equivocó, contrató a alguien que después no necesitaba, o se arrepintió, se hace cargo de ese compromiso roto. Existe también el despido con causa (ausencias, hurto, violencia u otros incumplimientos por parte del trabajador) donde no hay indemnización. El empresario posiblemente tenga que probar sin lugar a dudas la existencia de estas causas. Para casos extremos, donde a la empresa le está yendo muy mal económicamente o donde urge una fuerte transformación productiva y necesita despedir a una parte de su plantel, la legislación admite un sistema de indemnizaciones más acotado. Para acceder a este beneficio, a partir de cierta cantidad de despidos o suspensiones, la empresa debe pasar primero por la Secretaría/Ministerio de Trabajo provincial o nacional y probar que efectivamente se encuentra en crisis.

"Si hago una pyme y sé que si tomo un empleado y me equivoqué, y para despedirlo tengo que hacer todo lo que explico, no hago la pyme", dice Crivelli. Y también agrega que "cuando se restringe la libertad del mercado con absurdas reglas dirigistas, se desnaturaliza el funcionamiento y disminuye la capacidad de los agentes de afrontar los riesgos". De eso se trata, mayormente, la reforma laboral. De trasladar los riesgos del empresario al trabajador. Los riesgos de perder, claro. De trasladar las ganancias cuando el negocio sale bien - participación en las ganancias dice el artículo 14 bis de la Constitución Nacional - mejor no hablemos.

No sólo hablamos de trasladar los riesgos del despido. Uno de los principales puntos que interesa a los empresarios en la reforma laboral es poder trasladar también las variaciones en la demanda a la producción. ¿Qué significa esto? Que el empresario ya no asume un cierto compromiso de horarios y cantidades de trabajo en base a alguna previsión que, si resultaba errada y requería de trabajo fuera de horario, era pagado a un valor mayor (las "horas extras"). En los modelos de convenio colectivos firmados primero para la explotación de Vaca Muerta y luego por Mercado Libre para una de sus actividades, el trabajador dispone de su vida a las necesidades de la producción. Puede trabajar, en el caso de Mercado Libre, hasta 12 horas por día y luego menos horas en otra jornada laboral. Esto se puede avisar con hasta dos días de anticipación. Además, restringe el derecho a huelga con una conciliación obligatoria y el establecimiento de guardias mínimas. Establece un sistema de suspensiones con el pago del 50% del salario para casos de circunstancias no previstas por la empresa (cortes de energía, falta de suministros, paro de transporte) y elimina la necesidad de involucrarse en los procedimientos preventivos de crisis para esta situación. El cambio más importante en términos de "modernidad" quizás sea la polivalencia: todos los trabajadores sirven para todas las tareas.

¿Qué intentó hacer el Gobierno?

En los distintos proyectos de ley que mandó al Congreso, el fondo de despidos y el "blanqueo laboral" fueron los principales caballitos de batalla, pero no lograron pasar el filtro de la oposición y los sindicatos. El blanqueo no sólo incluye la condonación de deudas anteriores y facilidades para registrar trabajadores. La principal crítica la disparó el intento de reducir las compensaciones que el trabajador recibe -en materia de reconocimiento de su situación precaria- por denunciar su condición de informalidad. Así, se desincentiva al trabajador a dar aviso a la AFIP o la ANSES de una situación de no registro y poner en riesgo su empleo mientras dure su relación laboral.

Sin embargo, otras medidas se fueron filtrando por leyes y convenios. La rebaja de contribuciones patronales pasó sin pena ni gloria en la Reforma Tributaria, sancionada a fin de 2017. Esta fue una medida de implementación gradual, que estableció un descuento fijo por trabajador. Cuando el sueldo es relativamente bajo el beneficio en términos del sueldo es muy alto. Como el descuento es por cada trabajador, beneficia con una gran masa de recursos a las grandes empresas que tienen muchos trabajadores. Por otra parte, unificó las alícuotas, subiendo la de empresas industriales y pymes y bajando la de comercio y servicios. El efecto neto de esto podría llegar a significar, cuando esté implementado por completo en 2022, una caída en los recursos de la ANSES de cerca del 20%. Sólo para compensar esto, deberían crearse 3 millones de puestos de trabajo. Poco factible, más aún en este escenario económico.

Otras medidas, más tendientes a reorganizar el modo de trabajo y la representación sindical, se fueron filtrando en estos convenios "novedosos" como el de Mercado Libre o el de Vaca Muerta, que homologó el Ejecutivo.

¿Qué pide el FMI?

En las revisiones anuales que realiza el FMI (el famoso artículo IV), el staff da su visión de los cambios que debería promover el Gobierno. Las condicionalidades para el tipo de acuerdo que Argentina tiene hoy con el Fondo son de corto plazo y apuntan a reestablecer la estabilidad macroeconómica. Estas propuestas no son más que eso, propuestas. Sin embargo, si Argentina quisiera avanzar en otro tipo de acuerdo con plazos más largos de pagos, podría enfrentarse a condicionalidades en el plano de la reforma laboral. ¿Qué sugirió el Fondo en su último artículo IV (2017)?

Reducir el nivel de indemnizaciones y simplificar los procedimientos de despido colectivo; facilitar el uso de contratos temporales (incluyendo pasantías) y el trabajo a tiempo parcial; limitar la extensión de la cobertura de acuerdos de negociación colectiva y ofrecer un uso más amplio de la exclusión voluntaria de cláusulas de negociación colectiva (es decir, que se puedan pautar individualmente condiciones por fuera del acuerdo colectivo). Además, pide indexar el salario mínimo a la inflación futura (imaginen si esto se hacía tomando en cuenta las metas de inflación de Sturzenegger) y bajar los "impuestos al trabajo", algo que el Gobierno ya realizó.

¿Qué ofrece la oposición?

Hay una fracción de la oposición que reconoce que será necesario poner en discusión algunas normativas laborales, ya atrasadas (la mayoría de nuestros convenios colectivos son de 1975). La discusión sobre cómo incorporar nuevas tecnologías, cómo administrar los tiempos de trabajo, incluso cómo administrar la incertidumbre (de la pérdida, pero también de la ganancia) pueden ponerse sobre la mesa. Las nuevas formas del trabajo, en un momento donde la tecnología debería mejorar los procesos productivos, y por lo tanto la productividad y la rentabilidad, no deberían empeorar las condiciones de vida de los trabajadores. Más bien, todo lo contrario. La clave debería estar en las instituciones, para que coordinen una negociación sabiendo que el sector trabajador suele estar más desprotegido (más aún en tiempos de destrucción de empleo) y que el empresariado debe ceder en algo. El ex ministro de Trabajo de la Nación y actual legislador porteño Carlos Tomada lideró un equipo para formular algunas de estas propuestas y a la presentación de agendaurgente.org concurrió, detalle no menor, Sergio Palazzo.

El precandidato a presidente por el Frente de Todos, Alberto Fernández, dijo que no es momento de pensar una reforma laboral sino de poner en marcha la economía. Algo de razón tiene, no hay incentivos que funcionen si no hay demanda. Pero más temprano que tarde, y FMI mediante, el tema volverá a resurgir.