Batacazos de Alberto y Axel abren anticipadamente el camino de la transición

El Frente de Todos fue la fuerza más votada en 22 de las 24 provincias. El candidato a Presidente le sacó más de 15 puntos de ventaja a Mauricio Macri que desde hoy se enfrenta a una complejísima gestión. El ex ministro de Economía arañó el 50% en provincia y superó a Vidal por 16,6 puntos.

Noelia Barral Grigera
12 de agosto de 2019 10:08 hs
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Alberto Fernández quedó ayer a las puertas de un triunfo en primera vuelta que lo convierta desde el 10 de diciembre en el próximo presidente de la Nación. La contundencia, extensión y solidez del resultado que consiguió en todo el país, sumadas a la victoria categórica, inesperada y sintomática de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires, anticipan aires de renovación para la política argentina. El presidente Mauricio Macri deberá encarar desde hoy una compleja gestión para garantizar un tránsito ordenado hacia las elecciones de octubre, en medio de los lógicos rumores de renuncias en su gabinete que comenzaron anoche mismo, apenas conocida la catástrofe electoral que sacudió a su Gobierno.

Los 47,4 puntos que consiguió ayer la fórmula Alberto Fernández - Cristina Fernández de Kirchner se convertirían en 48,9 si en las PASO se contara el voto en blanco igual que en las generales. El Frente de Todos se llevó casi la mitad de los votos afirmativos; los 32,3 puntos de la boleta Mauricio Macri - Miguel Pichetto (33,2 si se contaran como en las generales) permiten pronosticar una victoria del peronismo unificado.

La fórmula Fernández - Fernández fue la más votada en 22 de las 24 provincias. El Gobierno sólo resultó favorito en Córdoba y en la Ciudad de Buenos Aires, sus dos bastiones electorales indiscutidos. Son dos distritos populosos, pero aun así la diferencia que consiguió allí el presidente Macri no le alcanzó para compensar el batacazo del Frente de Todos en el resto del país. En la Ciudad, Macri sacó 11,4 puntos más que Alberto. Mientras que en Córdoba, si bien logró estirar esa diferencia a 17,8, no consiguió cumplir su objetivo de superar el 50% de los votos. A la luz de los resultados del resto del país, tampoco es que ese número en la provincia mediterránea le habría ayudado mucho. En comparación con las PASO 2015, es notable cómo perdió votos el Gobierno en la zona núcleo. Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires y gran parte de Mendoza y San Luis dejaron de acompañar a Cambiemos.

Alberto se impuso con contundencia en 22 provincias. En la estratégica Buenos Aires, por más de 20 puntos (50,6 a 30). Y en la populosa Santa Fe, por 10 (43 a 33). Incluso en Mendoza, Corrientes y Jujuy, gobernadas por Cambiemos, el Frente de Todos hizo elecciones asombrosas. En Mendoza, adonde el gobernador Alfredo Cornejo salió a reconocer la derrota cuando no había aún resultados oficiales publicados, Alberto superó en tres puntos a Macri. En Corrientes fue estrepitoso: el Frente de Todos se quedó con el 53% de los votos, frente al 33% del oficialismo. Y en Jujuy, la ventaja fue 46 a 29 para Alberto.

Los resultados tardaron más de la cuenta en aparecer. Una hora y media después de lo prometido, en medio de denuncias de la oposición y de los fiscales informáticos, y cuando el presidente Macri ya había reconocido (sin datos oficiales) que había hecho una muy mala elección, aparecieron los primeros números. El Gobierno en ningún momento informó el motivo de la demora. Tras la polémica por los cambios en el sistema electoral y la discutida asignación a Smartmatic de la transmisión de los datos para el escrutinio provisorio, el único calificativo que le cupo a la gestión electoral del oficialismo fue "papelón".

Tal vez el mismo adjetivo correspondería para la elección del oficialismo bonaerense. María Eugenia Vidal, la candidata imbatible del PRO, la que debió haberse postulado a la Presidencia para garantizar la reelección, la que iba a traccionar la boleta presidencial hacia arriba o la que, a lo sumo, iba a conseguir un corte de boleta contundente a su favor, terminó a casi 17 puntos de Axel Kicillof. El ex ministro de Economía estuvo cerca de quedarse con la mitad de los votos bonaerenses: logró 49,25 puntos, frente a 32,67 de la gobernadora. Con gesto adusto, Vidal se mostró al lado del presidente Macri en el escenario perdidoso de Juntos por el Cambio y asombrosamente fue la única del trío conductor del oficialismo que no emitió sonido. Ni para reconocer la contundencia de los números en su contra ni para agradecerle a su militancia o a sus votantes ni para nada. En su equipo había desolación.

Presa de la crisis económica, la supuesta maquinaria electoral del Cambiemos se desinfló en lo que tardó el Gobierno en dar los resultados oficiales de la elección. No hubo big data capaz de recomponer el vínculo con una ciudadanía maltratada y pasándola mal desde hace meses. En toda su extensión y con toda la fuerza de su peso electoral, la provincia dio cuenta de ello.

Intendencias oficialistas, como Quilmes, quedarán probablemente en octubre en manos del Frente de Todos. Allí, la diputada nacional e integrante de la mesa de conducción de La Cámpora Mayra Mendoza se impuso en la interna peronista ante los restantes tres candidatos y entre todos, sumados, le sacaron más de 20 puntos de ventaja al intendente Martiniano Molina. Otro que no salvó la ropa fue Néstor Grindetti, en Lanús, que aunque consiguió corte de boleta a su favor, igual quedó más de 13 puntos debajo de la suma de los votos del Frente de Todos, adonde fue electo candidato el ex diputado nacional Edgardo Depetri.

El cataclismo se extendió hasta el conurbano norte, que las encuestas preelectorales (nueva y ¿definitivamente? erradas todas ellas) mostraban como un bastión de Cambiemos. Esa zona, la Primera Sección Electoral de la provincia, tiene 24 municipios. Cambiemos ganó solamente en 3. Igual que en el sur, perdió con estruendo en distritos que gobierna, como Pilar o Morón, adonde vive la gobernadora Vidal y gobierna su ex marido, Ramiro Tagliaferro.

El único del trío conductor de Cambiemos que eludió la derrota en cadena fue el jefe de Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, aunque no logró superar el 50% de los votos para poder soñar con una victoria en primera vuelta en octubre. El mandatario porteño protagonizó uno de los escándalos de la jornada electoral, cuando todas sus boletas llegaron a los cuartos oscuros dobladas con milimétrica precisión para que no se viera la cara del presidente Macri. Pero ni con esa estrategia, al filo de las reglas, consiguió Larreta su sueño de quedarse con la mitad de los votos porteños. Matías Lammens, su novel competidor, hizo una buena elección que, con algo de esfuerzo y arrastrado por la ola opositora en el país, tal vez lo ayude a forzar un balotaje en octubre. Fue un 46,33% para Larreta frente al 32,05% de Lammens.

Y hay un dato extra: si se repitieran en octubre los resultados que consiguió el Frente de Todos en el país, Alberto Fernández no sólo ganaría en primera vuelta sino que quedaría muy cerca de conseguir el quórum propio en la Cámara de Diputados. Un cuerpo que quedaría bajo la presidencia de Sergio Massa. No por zonzos, como contó el candidato ganador en Cenital, los muchachos del WhatsApp ya lo empezaron a llamar.