Nadie la vio venir (otra vez)

Al igual que en la elección presidencial de 2015, la realidad volvió a superar los pronósticos y la derrota del oficialismo terminó siendo más pronunciada.

Hace más o menos 4 años publiqué un análisis sobre la primera vuelta de la elección presidencial 2015. En aquel entonces, nadie la vio venir. Ayer tampoco. Con el diario del lunes podemos asegurar que esperábamos un resultado favorable para la coalición peronista Frente de Todos. Nadie pensaba que, además, iba a ser tan amargo para el oficialismo de Cambiemos/Juntos por el Cambio.

La clave de esta elección es doble: las provincias metropolitanas junto a la unidad del peronismo. Menem marcó el camino. Esto puede apreciarse claramente si se comparan los resultados de las elecciones PASO 2015 versus PASO 2019. La base completa puede ser consultada acá.

La big picture electoral nos dice que el Frente de Todos creció en votos en 23 de 24 distritos (solo perdió poco más de 23.000 votos en Chaco). En cambio, Juntos por el Cambio perdió apoyos en 6 de 24, siendo la más destacada Ciudad de Buenos Aires. En su tradicional bastión electoral, el de su génesis formativa, se dieron vuelta casi 35.000 porteños. Más claro, echale agua.

El detalle nos muestra que el voto metropolitano se volcó mayoritariamente hacia la coalición peronista. Se concentra en las 5 principales provincias argentinas: las más grandes, las que aportan la mayoría de los electores al padrón nacional y las que suelen ser las dinamizadoras de la economía nacional. Una forma de calcular este cambio es tomar el margen de crecimiento en votos sobre el total de votos positivos en cada elección para cada distrito. Si sumamos Provincia y Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza, entre 2015 y 2019 el Peronismo creció 12%: de poco más de 5 millones de votos a 7.2 millones. El ariete de este crecimiento fue la Provincia de Buenos Aires, que aportó 1.2 millones más de votos que hace cuatro años. Premio para Massa y la unidad.

Córdoba y Santa Fe acompañaron con crecimientos destacados (casi 350.000 la primera y más de 300.000 la segunda), junto a la sorpresiva Reina del Plata: 210.00 votos más tributaron a Fernández-Fernández. Lammens junta, arma equipo y arrastra.

El Gobierno Nacional, en cambio, no solo no logró un crecimiento destacado, sino que siempre lo hizo por debajo del PJ. 130.000 santafecinos y 320.000 cordobeses más que en 2015 apostaron por Macri-Pichetto, pero tan solo 239.000 bonaerenses más compraron globos. Un límite para la gestión de Vidal.

En esta línea, suscribo a lo indicado por Noam Lupu y Daniel Schteingart: votó el bolsillo. Y se sintió mucho. Si donde vive la mayor parte de la población la vida diaria es inflación, vaivenes del dólar, caída del empleo y de la producción, entonces es esperable que repercuta en las urnas. Perder capitales en elecciones provinciales fue un presagio mal oído.



Fuente: @facucruz en base a Andy Tow y resultados del escrutinio provisorio 2019.

Donde todo se mantuvo constante es en las provincias periféricas. Estas son las más chicas, con menor caudal electoral y con fuerte dependencia del Estado Nacional. Y fue otro de los problemas para el Gobierno Nacional: la inyección de obra pública y la transferencia de recursos no alcanzó para revertir el mal desempeño en las grandes urbes. Mientras que el PJ creció 6% entre 2015 y 2019, Juntos por el Cambio solo pudo 3%. A eso se suman destacadas sumatorias para el Peronismo, como por ejemplo Santiago del Estero (más de 100.000 votos), el corazón sojero de Entre Ríos (80.000), el apoyo puntano de San Luis (73.000) y la norteña Salta (60.000). En todas ellas, el oficialismo encontró un techo. Y un problema para octubre.



Fuente: @facucruz en base a Andy Tow y resultados del escrutinio provisorio 2019.

A todo esto tributó la estrategia electoral que comenzó a cocinarse en el primer semestre. La unidad del Peronismo fue el objetivo y el Consenso Federal quedó rengo. Al comparar los votos obtenidos en 2015 por Unidos por Una Nueva Alternativa, resalta que el tercer espacio referenciado con Lavagna-Urtubey perdió apoyos en todos los distritos, salvo San Luis. La ancha avenida del medio pasó a ser un pasaje. Flacos de estructuras y de dirigentes, poco tendrán para pelear en octubre. A lo sumo, dos legisladores nacionales, uno en territorio porteño y otra cruzando la General Paz. En el resto del país, sube su precio: mucho tendrán para aportar a cada vereda de la grieta.

¿Qué queda para el primer tiempo que empezó ayer? Una elección polarizada, concentrada y con grieta. Mucha grieta. El Peronismo lleva las de ganar y tiene un cuádruple desafío: que lo de ayer no sea el techo, que la afluencia de nuevos votantes para las generales no le juegue en contra, que se concentre en mantener la ventaja de los distritos grandes y que pueda captar una parte del voto a Consenso Federal.

Juntos por el Cambio corre de atrás, muy atrás: deberá hacer crecer la participación en octubre y que ese voto se oriente hacia su propuesta, captar la totalidad de los votos de NOS (Centurión-Hotton), Despertar (Espert-Rosales) y otros afines, mejorar notablemente en las provincias metropolitanas y tratar de mantener el voto en las periféricas.

El oficialismo aún corre, pero frente a un Peronismo unido. Otro juego que en 2015.