Jeffrey Epstein y Donald Trump.

Jeffrey Epstein: los poderosos no son inmortales

El aparente suicidio del financista, bajo custodia en una prisión federal, despertó un escándalo político en los Estados Unidos.

Leticia Martínez
13 de agosto de 2019 15:08 hs
leticia@cenital.com  
@aletimartinez

Alrededor de las 6.30 de la mañana del pasado sábado, las autoridades de una cárcel de Nueva York advirtieron que el millonario de 66 años, Jeffrey Epstein, acusado de trata de personas y pedofilia, yacía muerto en su celda. Su deceso movió el avispero político estadounidense, donde sobrevuelan rumores sobre la participación de dirigentes demócratas y republicanos, como Bill Clinton y el propio Donald Trump, en las fiestas que organizaba el magnate fallecido con mujeres, muchas de ellas menores de edad, que eran forzadas a tener sexo.

¿Qué pasó?

El pasado 6 de julio Epstein fue detenido, acusado de ser el líder de una red de prostitución, a través de la cual habría abusado de jóvenes de entre 13 y 14 años en su mansión de Nueva York, como en otra situada en Florida. El 15 de ese mismo mes, el millonario reconoció que estaba dispuesto a pagar hasta 100 millones de dólares de fianza para salir de la cárcel. Sin embargo, la Justicia le negó esa posibilidad y ordenaron que permaneciera preso en su celda del Centro Correccional Metropolitano en Manhattan, a la espera del juicio que se preveía para el 2020.

Epstein, un reconocido financista que se codeaba con figuras de la política estadounidense y del mundo, ya había enfrentado acusaciones similares una década atrás. En el 2008, a través de un acuerdo extrajudicial con la Fiscalía de Florida, logró que se cerrara una causa que pesaba sobre él, registrándose como "delincuente sexual" en el estado de Florida, pero sin cumplir un solo día de pena, y evitando enfrentar cargos a los que podía corresponder una larguísima condena.

Trump y sus funcionarios

Cuando se conoció la detención de Epstein, que el mandatario republicano incluso celebró, se generó polémica dentro de la propia administración. Alexander Costa, el fiscal que diez años atrás había sido parte del arreglo con el empresario para terminar la investigación en Florida, había sido nombrado por el mandatario como secretario de Trabajo. Tras tomarse conocimiento del hecho, el funcionario debió renunciar a su puesto.

La muerte de Epstein generó sospechas y cuestionamientos, ya que la celda donde estaba alojado no contaba con seguridad las 24 horas, a pesar de que el financista ya había tenido un intento de suicidio el mes pasado. Como estaba alojado en una cárcel del gobierno Federal, el FBI y el Departamento de Justicia deben determinar qué sucedió y por qué no contaba con la vigilancia contra suicidios.

"La Guantánamo de Nueva York"

"Me horroriza enterarme de que Jeffrey Epstein fue hallado muerto esta mañana en un aparente suicidio. Su muerte abre serias preguntas que deben recibir respuesta. Junto a la investigación del FBI, he dado instrucciones al Inspector General para que abra su propia investigación sobre el suceso", sostuvo el fiscal general de Estados Unidos, William Barr, al conocer la noticia del deceso de Epstein.

Barr apuntó contras las "graves irregularidades" registradas en la cárcel, donde estaba preso el magnate, y a la que los diarios estadounidenses bautizaron como "la Guantánamo de Nueva York", en alusión a la prisión ubicada en Cuba, donde se encuentran encarceladas personas acusadas de terrorismo, y donde han sido comprobadas torturas y malos tratos.

Las denuncias sobre la unidad donde estaba el millonario, cobraron mayor relevancia tras la publicación del fin de semana del diario The New York Times, donde aseguran que Epstein estaba solo en la celda, cuando la regla es que siempre sea compartida, además de que se había seguido con los reglamentos como realizar rondas de seguridad cada 30 minutos, entre otras irregularidades.

Teorías conspirativas

La cercanía del financista con dirigentes políticos, celebridades y otras figuras de importancia hicieron proliferar montones de teorías conspirativas, muy extendidas en los Estados Unidos, y particularmente en sectores de la derecha. Las más extendidas fueron aquellas ligadas a su relación con Bill Clinton, que, según se comprobó, utilizó en cuatro ocasiones el avión privado de Epstein. El propio Donald Trump, en su cuenta de Twitter, hizo retuit a una cuenta que negaba la posibilidad de un suicidio y atribuía a Bill Clinton un accionar homicida que, por supuesto, no respaldaba ninguna prueba conocida. Del mismo modo, su relación con el establishment político neoyorquino, abrumadoramente demócrata, generó cuestionamientos al gobierno estatal, a pesar de que la prisión en que se encontraba alojado quedaba en Manhattan, y el acuerdo suscrito en 2008 generó una ola de fake news que imputaba al gobierno de Obama la intención de encubrir su relación con Clinton, aunque el mismo, en realidad, había sido suscrito mientras el presidente estadounidense era George W. Bush.

En un país donde la división y la desconfianza de los ciudadanos en sus instituciones se encuentran en máximos históricos, difícilmente el enriquecimiento súbito, las conexiones extendidas, el inusual acuerdo por el que Epstein evitó la cárcel, y las extrañas circunstancias de su muerte, hacen pensar que, muy difícilmente, la sociedad estadounidense vaya a alcanzar una versión común y aceptable sobre este escándalo.