Rusia: el alcance del malestar

Conversamos con Martín Rodríguez Osses sobre las protestas en el país más extenso del mundo

Juan Elman
15 de agosto de 2019 13:08 hs
juan@cenital.com  
@juan_elman

Rusia vivió las protestas opositoras más grandes en años. Las imágenes de la represión policial circularon en el mundo, con pocas explicaciones sobre los motivos o el alcance de las protestas. Conversamos con el especialista Martín Rodríguez Osses, licenciado en Relaciones Internacionales, sobre la actualidad rusa y el rol del país en el mundo.

-¿Qué significan las protestas?

Las protestas responden a la negativa/censura de los organismos electorales a oficializar candidaturas de políticos opositores. Es una práctica muy común en la federación y ayuda a consolidar la centralidad en torno al Kremlin y a Putin en particular. Ser opositor requiere muchas firmas. En el contexto ruso eso se logra con una estructura financiera grande y una figura pública relevante que de cierto "resguardo" al votante: formar parte de una base de datos en la federación como opositor es una marca difícil de lavar.

-¿Cómo respondió el oficialismo?

El oficialismo tiene una respuesta estándar: las protestas están reguladas, son permitidas o son ilegales. Generalmente las protestas se habilitan en zonas remotas de la federación (sin capacidad de impacto) y se traban en las grandes ciudades. En el caso de la última protesta, el propio alcalde de Moscú tomó la posta y declaró las mismas como una amenaza.

-¿Que onda la oposición, con el supuesto envenenamiento de Navalny?

La oposición en Rusia es marginal. Eso no hace su reclamo injusto o irrelevante. Pero la oposición en Rusia tiene más voz desde emisores extranjeros, Estados Unidos y el Reino Unido principalmente, que desde el seno del territorio de la federación. Que quienes se opongan al gobierno encuentren fuente de emisión afuera recrudece más la postura oficial (y de la mayoría de los rusos) que establece que buscan demonizarlos o establecer una narrativa anti rusa. Es un círculo que termina fortaleciendo al oficialismo.

-¿Qué pasa con el proyecto político de Putin? ¿Está pensando en renovarse o buscar un sucesor?

El proyecto político de Putin es la incógnita más grande. Si nos dejamos llevar por sus palabras, el proyecto concluye en este término (2024). Se pronuncia cansado. Lamentablemente la lectura proyectiva en Rusia está viciada por varios elementos. Por empezar, el mainstream de los medios naturaliza una reforma constitucional porque no pueden pensar una Rusia sin Putin y, por otro lado, la propia dinámica de la política rusa no es lo suficientemente translúcida para observar reconfiguraciones en su interior. Actualmente se puede evidenciar una pérdida de peso en aquellos colaboradores que tenían pergaminos en los ámbitos de seguridad (con los que Putin llegó al poder). Lo que sí es muy probable es que Putin apunte personalmente a su sucesor (a dedo) y no llegue dentro de un proceso institucionalizado.

-Rusia, a los ojos de muchos, parece un país más fuerte de lo que es en economía, desafíos demográficos, entre otros ¿Qué hay de cierto en esa creencia?

Rusia es la heredera natural de la Unión Soviética. El siglo pasado no puede pensarse en absoluto sin ellos. La magnitud de la contienda con los Estados Unidos los puso en un lugar jerárquico en la conciencia colectiva. Los países son tanto lo que son como lo que fueron. Y el tutor del sistema, Estados Unidos, lee en esa clave a Rusia. Personalmente creo que Rusia es una potencia "necesaria": es imposible explicar el sistema internacional sin mencionarla. Esta calificación es compartida con los Estados Unidos y China. Ser un país sentado sobre miles de cabezas nucleares logra eso. Claramente es un país de una economía muy menor respecto a otras potencias; pero la seguridad global no pregunta por la billetera. Y el sistema internacional se rige preguntándose sobre cuestiones de seguridad primero. Se teoriza de esa forma.

-¿Cuáles son los desafíos para la Rusia post Putin?

El desafío más apremiante que tiene Rusia, y tantos otros estados, es el demográfico. Crece muy poco, su población se avejenta y amenaza su economía. La incapacidad del país de diversificar su matriz económica acelerará sus problemas. Rusia es un país extremadamente caro para hacerlo funcionar, por así decirlo. Sus distancias, y su necesidad de centralizar el poder, la encierran en su eterna paradoja: crecer y sentirse asfixiada. Después existen desafíos respecto a qué papel le tocará en el futuro. Rusia quiere ser indispensable. Estados Unidos no puede permitirse un actor de esas características porque no entiende el liderazgo como una propiedad divisible.

-¿Y la relación con China? Algunos creen que Rusia se va a convertir en un apéndice de los chinos. ¿Cómo ves ese escenario?

Rusia no se entiende menos que los Estados Unidos. Con eso en mente, en el momento que China proponga desde lo retórico, o desde los papeles, minimizar el rol ruso encontrará problemas. China y la Federación Rusa no dejan de ser compañeros regionales. Rusia no va a permitir que en su patio le dicten instrucciones. Eso no quiere decir que flexibilice posiciones en aras de ganar margen de autonomía. Pero, para ser sincero, también depende de qué tipo de líder reemplace a Putin. El pragmatismo del presidente y la cintura de su canciller, Lavrov, no tienen muchos antecedentes. En el reino de lo posible podemos encontrarnos con un líder que busque reafirmarse sobre sus resortes de poder y plantarse frente al avance chino, y quien dice, cerrar filas con los Estados Unidos para bloquearlos.

-¿Qué tenemos que seguir de acá en el próximo tiempo?

Lo más atractivo de Rusia siempre viene de la mano de su política exterior. Desde la llegada de Trump ésta tomó un cariz reactivo. Reacciona. O al menos se toma su tiempo para desarrollarse. La agenda ya viene escrita y tiene que leer obligada. Si a eso se le suma que otros actores buscan elevar su perfil, como Erdogan, tiene que estudiar por demás sus movimientos. Por el momento está logrando algo impresionante: erigirse como un actor de referencia en el Medio Oriente. Dialoga y hace plata con todos. Por otra parte habrá que ver qué quiere hacer Ucrania. Zelenski, su nuevo presidente, promete moderación. Yo no descuidaría dos zonas sumamente importantes para Rusia: los Balcanes (Serbia) y Nagorno Karabaj. De allí puede salir la nueva mecha.