Ríndete, Juan, estás rodeado

Alberto Fernández busca la figurita difícil que le falta a su álbum de gobernadores. El apoyo de Natalia De la Sota, clave en esa misión. El candidato planea una nueva incursión en la provincia que sigue votando a Macri pese a la crisis.

Noelia Barral Grigera
25 de agosto de 2019 12:08 hs
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Alberto Fernández busca el broche de oro para su campaña de cara a las elecciones generales del 27 de octubre. Sin pausa, el candidato del Frente de Todos busca la figurita difícil que le falta al álbum de los apoyos territoriales que está completando desde junio: el gobernador cordobés, Juan Schiaretti. Es un objetivo ambicioso y que parece esquivo, aunque Fernández no abandona la búsqueda y ya planea un nuevo desembarco en Córdoba dentro de dos semanas.

En el primer tramo de la campaña, cuando buscaba construir lo que terminó siendo una sólida victoria en las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), el objetivo de Fernández era recortar en cuanto pudiera lo que se esperaba fuera un contundente apoyo de Córdoba a la reelección del presidente Mauricio Macri. Lo logró y eso ayuda a leer la contundencia del resultado que consiguió. El candidato del Frente de Todos cosechó en Córdoba en las PASO 220 mil votos más que los que pudo conseguir Daniel Scioli en la elección general de 2015. Fernández perdió 50% a 31% mientras que Scioli había perdido en la primera vuelta de hace cuatro años 53% a 19%.

Un buen diagnóstico y una buena estrategia le permitieron conseguir ese objetivo. Fernández visitó la provincia cinco veces en los poco más de dos meses de campaña. Desplegó un operativo de pinzas sobre el electorado, con encuentros sectoriales, declaraciones mesuradas y el apoyo estructural del peronismo cordobés, que frente al kirchnerismo había decidido autopercibirse como cordobesismo y que en 2019 parece querer volver a su denominación de origen.

Para la nueva etapa, algunas de las herramientas serán las mismas, aunque el candidato decidió complementarlas con gestos que cierran cada vez más el círculo sobre el gobernador Schiaretti. La foto con Natalia De la Sota se inscribe en esa línea. La imagen, distribuida ayer por el equipo de campaña del Frente de Todos, es muy diferente de la foto de la conversación entre Schiaretti y Fernández un mes y medio atrás, en el despacho del gobernador.

En aquella imagen, Schiaretti apareció serio, contenido en su silla, las manos sobre el regazo. Fernández, una mano extendida sobre la mesa en dirección al gobernador, no logró de él un gesto algo más cálido. Con Natalia De la Sota en cambio, la imagen es de familiaridad y afecto. Sentados en un sillón, se sonríen mutuamente y esta vez la mano extendida de Fernández encuentra contención y amistad en la mano de De la Sota. El gesto encierra mucho. La hija del ex gobernador y patriarca del peronismo cordobés, fallecido en septiembre del año pasado, fue quien presentó a Schiaretti en el escenario la noche de su triunfo electoral por el 57% de los votos.

Después de esa victoria aplastante sobre el resto de las expresiones políticas provinciales, Schiaretti decidió mantener la estrategia que lo había llevado hasta ahí y sostuvo su prescindencia de las elecciones nacionales. Jugó con boleta corta y su lista quedó tercera, detrás de las de Macri y Fernández. Ahora busca que en octubre "los diputados de Juan", como los presentan los afiches y las pintadas callejeras en la provincia, arañen los 20 puntos, para conseguir dos bancas en la Cámara baja.

En medio de ese camino, Fernández lo acecha, en busca de su apoyo. Hablaron por teléfono el mismo día en que el candidato del Frente de Todos habló con Macri. El martes. "Fue una conversación muy linda", dijo al otro día cuando, pícaro, reveló la existencia del llamado en una entrevista radial. Hablaron de verse en 15 días, cuando por sexta vez Fernández visite Córdoba con el traje de candidato. Quizás esta vez consiga alguna sonrisa.