¿Golpe de gracia para el Reino Unido en la UE?

La suspensión del Parlamento británico, a instancias del primer ministro, significa una crisis institucional y podría garantizar un Brexit duro.

29 de agosto de 2019 13:08 hs

Martín Schapiro
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Leticia Martínez
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El Reino Unido se encamina a enfrentar un Brexit sin acuerdo. A la larga novela sobre la salida del país de la Unión Europea, se suma un nuevo capítulo: la suspensión del Parlamento. Para impedir que la oposición le imponga condiciones, tales como la prohibición de una salida sin acuerdo como el que impulsa, el primer ministro británico, Boris Johnson, pidió a la Reina Isabel II la suspensión temporal del Parlamento, lo que fue aceptado por la Jefa de Estado, con la consecuencia de interrumpir las sesiones entre el 10 de septiembre y el 14 de octubre, apenas unos días antes de que venza el plazo de salida del Reino Unido de la Unión.

¿Es Golpe?

La suspensión del Parlamento requerida por Boris Johnson y aceptada por la Reina generó protestas instantáneas. Miles de personas se congregaron en las calles de Londres y circularon por las redes sociales mensajes con el hashtag #stopthecoup (paren el golpe) y, en pocas horas, se recolectaron un millón de firmas para pedir que la suspensión sea sometida a debate en la Cámara de los Comunes, diez veces más que el mínimo requerido por la legislación.

La medida de suspensión del Parlamento para el inicio de un nuevo período legislativo está prevista, y el actual es el más largo en cuatrocientos años. La suspensión es legal, aunque desactivar al Parlamento en una coyuntura crítica, ante la perspectiva de una casi segura derrota gubernamental no tiene antecedentes en la historia democrática británica. Tampoco la extensión, cinco semanas, encuentra precedentes. Hay que recordar que el Reino Unido carece de una Constitución escrita que permita dirimir estas cuestiones.

Desde el Referéndum de 2016, Brexit llevó a la caída de dos primeros ministros. David Cameron dimitió luego de que los resultados diera mayoría a quienes abogaban por la salida de la Unión Europea. Theresa May, que asumió en reemplazo del dirigente conservador, con el mandato de lograr un acuerdo para salir de la Unión Europea, debió renunciar tras el rechazo parlamentario a sus propuestas en tres ocasiones diferentes.

En julio pasado, Boris Johnson asumió con la misma meta que May: abandonar la UE ¿La diferencia? Está a favor de irse del bloque a cualquier costo, aún si significase no llegar un acuerdo. Del lado de enfrente, miembros de la oposición, la sociedad civil y hasta del propio Partido Conservador temen que una salida abrupta genere consecuencias económicas desastrosas, aísle al Reino Unido, e incluso, vuelva a despertar un conflicto saldado, por el restablecimiento de una frontera "dura" entre Irlanda e Irlanda del Norte. La suspensión del Parlamento busca evitar que una mayoría transversal frustre los planes de Johnson como lo hiciera con los de May. El primer ministro planea usar el tiempo para intentar una última negociación con la Unión Europea, y garantizarse que la única alternativa a ella sea un Brexit duro, sin acuerdo ni límites parlamentarios posibles.

Reagrupamiento opositor

Previo al pedido de suspensión, el líder de la oposición laborista, Jeremy Corbyn, había escrito a 116 diputados conservadores y de otros partidos para pedirles su respaldo y encontrar un mecanismo legislativo que impida una salida sin acuerdo.

Tras la decisión de la Reina Isabel II de aceptar la suspensión de la actividad parlamentaria, los legisladores volverían de sus vacaciones el 3 de septiembre y no dispondrían de más que una sesión hasta la reapertura del 14 de octubre, por lo que todos los sectores de oposición pidieron medidas urgentes. La ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, sostuvo: "A menos que los parlamentarios se reúnan para detenerlo la próxima semana, hoy pasará a la historia como un día oscuro para la democracia del Reino Unido", mientras el líder de los conservadores escoceses renunció en desacuerdo con las decisiones del liderazgo nacional.

La crisis podría tener el paradójico efecto de revitalizar la figura de Corbyn, firmemente asentado en el ala izquierda del Partido Laborista, y muy criticado por su postura percibida en muchos sectores como demasiado euroescéptica. En su rol como jefe de la oposición, Corbyn es el único dirigente en condiciones de articular una moción de censura contra el primer ministro y obtener apoyos transversales para encabezar un gobierno interino. Este potencial gobierno tendría como única extensión solicitar a las autoridades europeas una modificación del plazo de salida, que se cumpliría el 31 de octubre, y llamar a nuevas elecciones.

Mientras tanto, las encuestas demuestran que la sociedad británica se encuentra igual de dividida que al momento del referéndum, y el resultado de una eventual nueva consulta sería incierto.