Lo que viene, lo que viene

Luego de las PASO, el panorama económico cambió por completo y de la recuperación deseada por el Gobierno ya no quedan rastros. ¿Y ahora?

Mara Ruiz Malec
5 de septiembre de 2019 07:02 hs
mara@cenital.com  
@marucha_rm

En las últimas dos semanas el panorama económico dio un vuelco. De la recuperación que auguraban desde Casa Rosada -apenas insinuada hasta julio- no queda nada. Qué nos deparan los próximos meses.

Inflación y dólar

No estábamos llegando al 5% anual de inflación que prometió Sturzenegger en 2016, pero junio y julio fueron meses con números por debajo del 3% después de muchos de fuerte inflación. En 2017 llegamos a tener valores de 1,2% o 1,4%, pero ya para fin de año la cosa se puso áspera y mucho más aún con las sucesivas devaluaciones de 2018. Para mediados de 2019, parecía que la evolución de los precios se estabilizaba con subas del 2% por el resto del año. O al menos, eso proyectaban las consultoras que releva el Banco Central. Eso significaba llegar a diciembre con una inflación del 40% anual. No es poco, pero era algo menos que el 47% del año pasado. Esto, claro, iba de la mano con un dólar proyectado a 50 pesos recién para fin de año.

La divisa norteamericana se fue a casi $60. Es muy posible que 2019 termine con un nivel de inflación mayor al de 2018. Los datos de agosto podrían ser un poquito menos malos de lo que varios esperaban tras la devaluación. Esto es así por dos motivos. El primero es que el movimiento más importante se dio tras las PASO, a mediados de mes. El indicador de precios mide los precios a lo largo de todo el mes, con lo cual capta algunos de antes de la devaluación. Además, está la rebaja de IVA que aplicaron algunos supermercados, sobre todo las grandes cadenas en centros urbanos. Si bien esto no redundó en una baja del 21% (o del 10,5% para algunos bienes), tuvo algún efecto al reducir los aumentos, dentro de un conjunto de bienes de elevado peso en el IPC. Así, agosto marcaría valores de inflación entre 3,5% y 4,5%.

Para septiembre el efecto de la devaluación se vería pleno, con valores que podrían rozar el 6% en promedio. De esta forma, el año terminaría con una inflación del 55%.

¿Y la actividad? ¿Y el consumo?

No veníamos del paraíso. En julio la actividad todavía estaba un 3,8 por ciento por debajo del año pasado (cuando ya estábamos en recesión) -de acuerdo al Instituto de Trabajo y Economía (ITE)-, pero desde hacía algunos meses habíamos dejado de caer. Sin rebote (por eso seguimos peor que el año pasado), pero sin nuevas caídas. El consumo incluso empezaba a remontar un poquito, de acuerdo a la misma fuente. Todavía casi 7 puntos debajo del año pasado.

Las medidas anunciadas, como el adicional de hasta $2.000 para trabajadores registrados, el bono de $1.000 para la Asignación Universal por Hijo o el de $5.000 para trabajadores estatales, traerán algún alivio temporal. Temporal es la palabra clave, porque lo que debería suceder para que se reactive el consumo es algún tipo de compensación paritaria que vuelva a elevar los salarios. El último dato de junio decía que los sueldos estaban un 8% por debajo del año pasado en términos de poder de compra. Y junio parece un pasado lejano. Si bien reabrir y acortar paritarias en un contexto de alta inflación tiene sus riesgos, no hay otra manera de que el consumo se recupere, al menos no en el corto plazo. Sería ideal algún tipo de coordinación que busque saldar la pérdida de poder de compra de los sueldos, distribuyendo un poco mejor los costos de esta última devaluación.

Las empresas tampoco están de parabienes y tienen complicaciones para sostener un escenario de menores ventas. Las tasas de interés volvieron a subir (las Leliq rinden 85,8% anual), lo que no evitó que el Banco Central incumpliera su meta de no emitir dinero.

Un detalle aparte merece la situación social de los más vulnerables. Los ingresos laborales de este sector ya venían muy golpeados, creciendo al 33,6% contra una inflación de más del 50%. Los datos son de junio. La Asignación Universal se ajustó en marzo por todo lo que se esperaba de aumentos para el año. Pero ese 46% de aumento también quedó por debajo de la inflación, y no volverá a ajustarse hasta marzo del año que viene. Los dos bonos de $1.000 parecen insuficientes y explican los reclamos que se están realizando en estos días.

Al menor consumo privado, tenemos que sumarle menos gasto público de lo previsto. No se sabe todavía con qué resultado fiscal terminará esta gestión de gobierno, pero financiar cualquier gasto está muy complicado, como muestra la "reperfilación" de la semana pasada. Y, a todo esto, no se sabe si el FMI finalmente otorgará los desembolsos restantes para este año. Las medidas anunciadas en pos de aliviar los bolsillos tendrán un efecto sobre la recaudación nacional y provincial y esto ya se empieza a sentir en la obra pública. En la provincia de Buenos Aires, al menos, se sabe de algunas obras que han entrado en parate. En algunas otras directamente no hay recursos para los gastos corrientes, como los sueldos.

¿Y el futuro?

No quiero deprimirlos así que les voy a decir que, al menos, parece que todo se está estabilizando. El dólar no subió estos días, intervenciones del Banco Central mediante, pero esta vez más acotadas y dirigidas. La salida de depósitos, impulsada por la memoria del viejo corralito, se está frenando en la medida en que queda en evidencia que están los dólares para respaldar. Se espera que los exportadores empiecen a liquidar con la nueva normativa a partir de la próxima semana. El sábado llueve un poco, pero el domingo y el lunes va a hacer un poco más de calorcito.