Ivanka Trump, modelo para desarmar

La hija del presidente de Estados Unidos visitó América del Sur en el marco de un programa que busca empoderar a 50 millones de mujeres en todo el mundo ¿Pueden convivir las agendas de género con el despliegue de políticas conservadoras?

Ayelén Oliva
8 de septiembre de 2019 12:09 hs
 
@ayelenoliva

Graciela, una panadera de Palpalá, ciudad ubicada a pocos kilómetros de San Salvador de Jujuy, corta un bollo de masa frita a la mitad, lo llena de dulce de leche y se lo pasa a Ivanka Trump. La hija del presidente de los Estados Unidos sostiene el pedazo de masa frita sin saber bien qué hacer, hasta que entiende las indicaciones de Graciela. Toma el tamizador y espolvorea con azúcar impalpable. Contenta con el resultado, mira a la panadera con una sonrisa gigante y le dice que 'ama el azúcar'. Estallan los flashes de las cámaras. La imagen es perfecta.

La visita de Ivanka Trump a la provincia del norte, que además de Argentina incluyó a Colombia y Paraguay, tuvo como objetivo visible desplegar la Iniciativa de Desarrollo Global y Prosperidad de las Mujeres (Women's Global Development and Prosperity, W-GDP). Un programa de cooperación económica, lanzado a comienzos de este año por la administración republicana, que busca empoderar a 50 millones de mujeres en todo el mundo para 2025 a través de créditos y capacitaciones. Programa que se suma al impulso de la Iniciativa de Financiamiento para Mujeres Emprendedoras del G-20 (Women Entrepreneurs Finance Initiative).

Pero esta agenda positiva en temas de género no vino sola. También dejó su marca un programa menos visible que los bollos de masa frita o los bordados de ñandutí.


Unas horas más tarde de la visita a la panadería de Graciela, el canciller argentino Jorge Faurie se reunió con el secretario de Estado adjunto, John Sullivan y el administrador de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), Mark Green para consensuar una posición en temas de narcotráfico y seguridad. También, tuvieron tiempo para ratificar el apoyo al autoproclamado presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó.

A comienzos de agosto, Trump difundió una lista de 22 países que su gobierno considera responsables del mayor tránsito o producción de drogas en el mundo. En América del Sur los nominados fueron: Bolivia, Colombia, Perú, Ecuador y Venezuela. Entre los 22, sólo dos fueron "reprobados" a causa de la inacción de sus gobiernos: Bolivia y Venezuela. "Señalo a Bolivia y al régimen ilegítimo de Nicolás Maduro en Venezuela por haber fallado de manera evidente durante los 12 meses anteriores a cumplir con sus obligaciones bajo los acuerdos internacionales antinarcóticos", sostiene el informe que también, de paso, felicita los avances hechos por el gobierno de Iván Duque en Colombia.

Hace 11 años, Evo Morales expulsó del país al entonces embajador en La Paz, Philip Goldberg, acusándolo de conspirar contra su gobierno. Hizo lo mismo con la agencia antinarcóticos de Estados Unidos (DEA) y en 2013 con la Usaid, bajo las mismas acusaciones de supuesta conspiración que Estados Unidos siempre ha rechazado. Por estos días, mantiene tan sólo a un encargado de negocios, Bruce Williamson.

Entonces ¿Es Argentina el país donde la Casa Blanca tiene mayor interés en desplegar una agenda en temas de narcotráfico y seguridad? ¿Por qué Argentina es funcional a este juego cuando es evidente que el interés de la Casa Blanca estuvo más bien enfocado en la ubicación estratégica de Jujuy -pegada a un país donde no es bien recibido y con el cual mantiene un abierto enfrentamiento en estos temas- más que la provincia en sí? ¿Qué pasa cuando una mujer de corta carrera política y alta exposición pública como Ivanka termina siendo la 'cara de género' de un gobierno conservador? ¿Por qué un grupo de varones de larga trayectoria, de los cuales pocos conocemos sus caras, son los que definen, en las sombras, los temas pesados de la política exterior estadounidense mientras lo que se visibiliza es la polca de Ivanka Trump?

Paraguay, aliado indiscutible de los Estados Unidos en Sudamérica es, según los especialistas en el tema, el mayor productor de marihuana de América del Sur y en los últimos años pasó de ser considerado país de tránsito de la cocaína a productor. Sin embargo, no figura entre los enemigos públicos del gobierno estadounidense en el combate contra el narcotráfico.

Durante la visita de Ivanka a Asunción, el presidente paraguayo Mario Abdo Benítez, destacó la "amistad histórica" entre ambos países y la "mirada que tiene hoy los Estados Unidos para con la región". Sullivan le devolvió lo cumplidos, "Paraguay ha sido un excelente aliado de Estados Unidos especialmente en temas de gran importancia en el hemisferio, apoyando la democracia en Venezuela, luchando contra el tráfico de drogas y el terrorismo".

Después del anuncio de un programa de cooperación de inversión privada en el extranjero para invertir 500 millones de dólares adicionales con el sector privado a las "mujeres emprendedoras en la región", Abdo Benítez se animó a decir, en uno de los países con menos presencia de mujeres en los espacios de poder político de toda América Latina, que las "mujeres primeramente fueron protagonistas en la defensa de la soberanía Paraguay". Menudo reconocimiento histórico, en tal caso, por parte de la dirigencia política actual.

Pero volvamos. Lo visible de esta visita fue la imagen de la hija del presidente invirtiendo millones de dólares en un grupo de mujeres de Argentina, Colombia y Paraguay. Ahora ¿qué hacemos cuando la agenda de género llega para tapar el despliegue de políticas conservadoras en la región?

Pensemos en el caso Christine Lagarde, cuando todavía estaba al frente del FMI. En plena negociación con el gobierno argentino, incomodó a un recién llegado Nicolás Dujovne preguntándole por las mujeres (inexistentes) en la primera fila de su gabinete. Pero ¿sirve de algo sumar mujeres en los equipos, crear departamentos de género o agendas amigables con la ampliación de derechos de las mujeres mientras las políticas de siempre terminan por ampliar las diferencias?

Tan sólo en el último año, Argentina bajó dos lugares en el índice global de brecha de género, según el último informe del WEF, a causa de una caída en el acceso a la educación y la salud en las mujeres de menores recursos, producto del plan de ajuste que ese mismo organismo internacional impulsó.

Pero las preguntas no están sólo en los efectos sino en las motivaciones. La inversión en el desarrollo productivo y la inserción laboral de las mujeres, promovida en el último encuentro de presidentes del G7, por sólo poner un ejemplo, no es más que la búsqueda de los Estados más poderosos del mundo por incrementar la riqueza nacional. Esto es, que las mujeres tengan el mismo acceso a los recursos productivos, educación o seguridad podría sumar, según los especialistas, 28 billones de dólares al PIB mundial en el 2025. Entonces, de vuelta ¿Estas políticas buscan combatir la brecha de género para ser que seamos más iguales o para seamos más ricos?

Dilemas de esta época, donde la utilización política de las agendas de género es un riesgo que siempre está ¿Hay que abandonar las políticas de género que sirven a otros intereses? ¿Debemos dejar a un lado estos programas o espacios a favor de las mujeres, por más pequeños o difusos que sean, cuando son utilizados por aquellos que poco atienden a este tipo de demandas? Pienso que no, que el desafío está en permanecer alertas a estas maniobras para no pecar de inocentes, para apropiarse de esas fisuras que generan el movimiento de mujeres y que ya no se pueden tapar.

Identificarlas, meterse en ellas, ampliarlas, profundizarlas hasta que deje ser un feminismo cómodo con lo que no va más. No es que todo esté perdido, por algo se empieza, de lo que se trata es de romper esa amistad peligrosa entre feminismo y conservadurismo radical, porque entre ellos no hay nada que los una. Pensar en que puede existir algún tipo de alianza entre la ampliación de derechos y las agendas conservadoras, es una ficción total. No se trata de convertirse en catadoras de feminismo sino de pensar cómo podemos ir un paso más allá.