La grieta política es también grieta estética

Las preferencias partidarias se entrelazan con los hábitos de consumo. ¿Qué ideología se esconde detrás del mate, la carne, Starbucks y el reggaetón? La división se cuela hasta en los Beatles. El helado de dulce de leche: el pacto de la Moncloa de las costumbres argentinas.

Hace unas semanas armamos una Encuesta de Costumbres Argentinas (ECA), que contestaron más de 20.300 personas, un número alto si se compara con las habituales encuestas de opinión pública. La ECA incluye más de 50 preguntas sobre cotidianeidad, personalidad y consumos, abarcando tópicos como la gastronomía, los gustos musicales, las series preferidas, los países en donde te gustaría vivir si no vivieras en Argentina, el deporte o la política, entre otros.

Al igual que en su antecesora (la Encuesta de Preferencias Políticas, cuyos resultados analizamos acá y acá), la ECA es un cuestionario online creado con la plataforma Google Forms y difundida por redes sociales (principalmente Twitter). Por esa razón, la encuesta no es representativa del conjunto de la población argentina y sus resultados no pueden extrapolarse por fuera del universo de la gente que votó. De todos modos, y de varios sesgos que tiene (muchos más jóvenes que mayores, más gente del Gran Buenos Aires que del Interior y sobrerrepresentación de clases medias y medias-altas), la encuesta arrojó resultados más que interesantes y que podríamos resumir en que la grieta política es también grieta estética. Veamos de qué se trata.

Dime qué música escuchas y te diré a quién (probablemente) votes

Uno de los ejercicios que hicimos está inspirado en el trabajo del célebre sociólogo francés Pierre Bourdieu, quien en su libro "La Distinción" de 1979 analizó la relación entre cierto tipo de consumos, pertenencia a clase social e ideología.

El gráfico a continuación exhibe un mapa en dos dimensiones. El eje vertical muestra un índice de poder adquisitivo (de 0 a 10), a partir de la combinatoria de indicadores tales como nivel educativo, cobertura médica, gasto en vacaciones en el último año y calidad del empleo. De este modo, una banda/estilo que está arriba en el mapa tiende a ser más escuchada por personas de clase media para arriba (alto nivel educativo, con prepaga/obra social, empleo de calidad y con alto gasto en vacaciones en el último año). Lo contrario ocurre con las bandas/estilos que están abajo.

En tanto, el eje horizontal muestra la ideología (en términos de izquierda-derecha) de los que consumen a tal banda/estilo. Si tienden a votar más que la media a Macri, Espert o Gómez Centurión estarán en la mitad derecha del gráfico. A la inversa si votan más que la media a Fernández o Del Caño. Por ejemplo, si hay 10 personas que eligen a X banda y esos votos son 4 para Macri, 2 para Espert, 1 para Gómez Centurión, 2 para Fernández y 1 para Del Caño, esa banda estará en el 70% en el eje horizontal (los que votan en blanco o a Lavagna los excluimos del eje izquierda-derecha por identificarse con posiciones más de "centro").


Primer punto. Los Redondos y Coldplay están en las antípodas ideológicas: mientras que casi el 70% de los que eligen a esta banda británica como su favorita votan a candidatos del centro para la derecha, esa cifra cae a menos del 20% entre los que consideran a la banda comandada por el Indio Solari y Skay Beilinson como la mejor del rock nacional. Dicho en otros términos, si hiciéramos un boca de urna entre los amantes de Coldplay ganaría Macri por paliza; si lo hiciéramos entre los ricoteros, arrasaría Fernández.

¿Qué ocurre con otros artistas del rock nacional (con círculos azules en el gráfico)? Quienes eligen a Fito Páez, Charly García, Spinetta, Divididos o Sumo como los mejores del rock argento tienden a votar más a Alberto Fernández que la media. Lo contrario ocurre con los que eligen a Calamaro, Soda Stereo/Cerati, Los Piojos o Babasónicos. Un dato interesante aquí es que los consumidores de estos grupos son un poco menos politizados que el resto y, a la vez, están sensiblemente más de acuerdo con la frase "es importante arreglarse antes de salir". Es decir, son un público más despolitizado pero estetizado. Esa combinación, que también se da más frecuentemente en el público que escucha pop, reggaetón y electrónica, correlaciona más (es decir, muestran más casos en común) con votar a Macri que a Fernández/Del Caño.

Hay también diferencias en el perfil socioeconómico de los oyentes de una u otra banda. Fito, Calamaro y Charly tienen audiencias de mayor poder adquisitivo que la media, y a la vez son más preferidos por los no tan jóvenes (arriba de 35). Sumo, Spinetta, Soda/Cerati y Babasónicos tienen en promedio seguidores con poder adquisitivo muy similar al promedio, en tanto que los Redondos, Divididos, Los Piojos y, sobre todo, La Renga, uno de poder adquisitivo más bajo.

¿Qué pasa con las bandas internacionales (en triángulos rojos)? La probabilidad de votar a Macri aumenta en los que tienen como banda favorita a Queen, U2 y Oasis; a la inversa, los fans de los Beatles, los Rolling Stones, Arctic Monkeys, Pink Floyd y Radiohead son más fernandistas que la media. Es llamativo el sendero divergente que tomaron Coldplay y Radiohead, bandas que hacia el año 2000 (cuando el segundo grupo, -comandado por Chris Martin- sacaba su primer álbum, Parachutes) tenían una propuesta musical relativamente afín. Desde entonces, Radiohead se volvió menos rockera y más experimental, en tanto que Coldplay se volvió más pop.

Por último, las cruces verdes muestran en qué lugar del mapa se encuentran (en promedio) quienes escuchan determinados estilos musicales. Hay un interesante contraste entre quienes escuchan rock en español y quienes no lo hacen: mientras el 74% de los votantes de Del Caño y Fernández escucha habitualmente este género, esa cifra cae al 60% en los de Espert, al 50% en los de Macri y al 40% en los de Gómez Centurión. El rock en inglés es escuchado aproximadamente por el 70% de los votantes de todas las fuerzas políticas (la cifra es un poco más baja en los de Gómez Centurión, que en contraste escuchan mucho más folclore que el resto). El consumo de música electrónica destaca particularmente en los votantes de Espert y es menos frecuente en los de Fernández (lo mismo ocurre con el reggaetón). En tanto, el jazz y la bossa se asocian más a votantes "progre" de buen pasar económico. El jazz correlaciona más con ser varón, porteño, tomar vino y elegir a Francia como segundo país si no viviera en Argentina; por su parte, la bossa correlaciona más con ser mujer de más de 40 años que elige a Brasil, Portugal, Uruguay o España como países alternativos. Además del vino, los amantes de la bossa y el jazz comparten un bajo/nulo consumo de carne, el amor por series como Mad Men, The Wire o Los Soprano y una predilección por el sambayón como gusto de helado.

La ideología al interior de los Beatles

Los Beatles son la banda internacional más votada como preferida, con el 29% de los votos, seguida de Queen (26%). En términos socioeconómicos, los fab four están en una posición similar a la de Charly García: son más escuchados por clase media-alta "progre" que el resto (por eso están en el cuadrante superior izquierdo). Ahora bien, como se ve en el gráfico a continuación, la política también se cuela al interior de los Beatles. Una de las preguntas de la encuesta es "¿cuál es tu Beatle preferido?": si bien Paul McCartney y John Lennon salieron muy parejos (25% a 22% respectivamente), el perfil ideológico de sus fans está atravesado por la grieta. La probabilidad de elegir a Paul como Beatle preferido es notoriamente mayor en votantes de Macri (y particularmente en aquellos de clase media-alta); por el contrario, la probabilidad de elegir a John es mayor en votantes de Fernández y Del Caño. Este resultado es consistente con un estudio que se hizo hace unos años en Estados Unidos, que mostraba que McCartney tendía a ser más preferido por votantes de derecha (republicanos) y Lennon por votantes más progresistas (demócratas).


¿Qué ocurre con Harrison? Al igual que los de John, los fans de George también son más del centro para la izquierda que la media, pero de un poder adquisitivo algo mayor. La probabilidad de elegir a George como Beatle favorito se eleva en personas entre 30-45 años, que les gusta mucho Spinetta, que odian a Starbucks como tienda de café y que tocan la guitarra, el piano o el bajo. Por último, Ringo (sólo 2% de los votos como Beatle favorito) tiende a ser más elegido en jóvenes a los que no les interesa mucho los Beatles.

El mate es político

¿Los consumos correlacionan con el nivel de ingreso? Obviamente, sí. ¿Los consumos de determinados alimentos y bebidas se explican por el nivel de ingreso? También. ¿Y los consumos gastronómicos correlacionan con las preferencias políticas? Señoras y señores, la grieta también se cuela en lo que comemos, en lo que tomamos y hasta en el tipo de cafeterías a las que les gusta ir a los que les gusta el café.

El gráfico a continuación es idéntico a los previos, pero ahora cada puntito es un consumo "gastronómico". Primer punto: que tu infusión preferida sea el mate correlaciona con votar al kirchnerismo y sentirse identificado con el peronismo como colectivo político. Es cierto que parte de eso puede explicarse por el hecho de que el mate se asocia a un poder adquisitivo más bajo, y que las personas de bajo poder adquisitivo tienden a votar más a Alberto Fernández que a Mauricio Macri. Pero aun aislando el efecto del poder adquisitivo, la probabilidad de votar al kirchnerismo si tu infusión preferida es el mate es significativamente más alta que si tu infusión preferida es el café o el té.

El tipo de cafetería al que las personas concurren correlaciona con el poder adquisitivo pero también (y mucho) con las preferencias políticas. Una de las preguntas de la encuesta era "¿a cuál de estos cafés te gusta ir?" y las opciones eran cafés de cadenas multinacionales (como Starbucks), cafés de cadenas nacionales (como Café Martínez), cafés notables (los tradicionales con mucha madera, envases de soda vacíos en las estanterías y cartelería muy retro) o cafés "cool" (hípsters).

Es clarísima la correlación entre preferir Starbucks y votar a Macri/Espert/Gómez Centurión (y, además, ser joven y escuchar estilos como pop, electrónica o reggaetón). A la inversa, hay una importante asociación entre elegir cafés notables como lugares donde ir a tomar café e identificarse en colectivos como "peronismo", "kirchnerismo", "izquierda" o "nacionalismo". La predilección por los cafés notables es un poco más marcada a mayor edad, mayor politización, en varones, en porteños y en quienes escuchan tango, folclore, rock nacional, jazz y/o música clásica y detestan el reggaetón y el pop. Por su parte, elegir cafés hípsters correlaciona mucho con clases medias-altas, pero también con ser mujer, tener menos de 45 años, comer poca carne, hacer actividad física (como running, crossfit y yoga), tener interés en la astrología, escuchar géneros como indie, rock en inglés, electrónica, jazz y pop y no tomar gaseosas azucaradas. En términos de identidades políticas, quienes gustan de ir a cafés hípsters tienden a identificarse más con colectivos como "feminismo", "hippismo", "ecologismo" y "LGBT" y menos con palabras como "peronismo", "nacionalismo" o "kirchnerismo".

El consumo de carne vacuna varía muchísimo según nivel de ingresos (la frecuencia con la que se come carnes rojas es creciente a mayor ingreso). A su vez, también correlaciona mucho con ser varón, con la pasión por el fútbol, con hacer mucha actividad física (destacándose deportes como natación/rugby) y con sentirse identificado con colectivos como "derecha", "macrismo", "liberalismo", "nacionalismo" y "desarrollismo". A la inversa, el consumo de carne correlaciona negativamente con identidades como "ecologismo", "feminismo" y "kirchnerismo", con prácticas como salir a correr, jugar al hockey, hacer yoga y charlar de astrología.

Imaginarios de países

Una de las preguntas de la encuesta es: "si tuvieras que vivir en un país que no fuera Argentina, ¿en cuál vivirías?". El podio de las respuestas lo tienen España (32% de los votos), Italia (14%) y Estados Unidos (10%). No es casualidad este resultado: de acuerdo a la Organización Internacional para las Migraciones, en 2012 había casi un millón de argentinos en el exterior, liderando España (30%) y Estados Unidos (23%) como los principales países de destino.

Ahora bien, como se ve en el gráfico a continuación (que reproduce el esquema de los anteriores), las preferencias políticas y la clase social correlacionan mucho con el país al cual se desearía eventualmente emigrar. Los votantes de Macri tienden a preferir notoriamente más países anglosajones (con Estados Unidos a la cabeza, seguido por Australia -país modelo para el actual gobierno-), Israel y europeos que no son escandinavos ni mediterráneos (como Suiza). A la inversa, las preferencias de los votantes de Fernández tienden a ser muy diferentes: países latinoamericanos, nórdicos o "ninguno" (es decir, quedarse en Argentina a toda costa). Países europeos como España, Italia, Alemania o Reino Unido parecen ser el "Corea del Centro" aquí, ya que los votos a la izquierda/derecha son similares al promedio de la muestra.


Una pequeña digresión: en los años '90, el sociólogo danés Gosta Esping Andersen distinguió tres tipos de capitalismo en los países avanzados: los liberales (encarnados en los anglosajones, con Estados Unidos a la cabeza), los conservadores (representados por los países de Europa continental) y los socialdemócratas (característicos de los países nórdicos). Mientras que los capitalismos liberales cuentan con Estados de bienestar residuales y una fuerte desregulación de las relaciones laborales, los capitalismos socialdemócratas se caracterizan por Estados de bienestar universales y ampliamente generosos, construidos a partir de la presión de las clases trabajadoras sindicalizadas. Los capitalismos conservadores de Europa continental están en un punto medio entre los liberales y socialdemócratas: se los denomina así pues a diferencia de estos últimos, en los conservadores hubo históricamente un claro clivaje de género (varones ocupados, sindicalizados, con muchas protecciones laborales y mujeres amas de casa criando a la familia).

Aparentemente, algo de estas diferencias entre capitalismos avanzados forma parte del imaginario de los argentinos. Y no resulta casualidad que los votantes de centroizquierda elijan más capitalismos socialdemócratas como los nórdicos y que los de centroderecha capitalismos liberales como los anglosajones.

¿Es todo grieta?

A lo largo de esta nota, vimos que hay muchos consumos asociados a lo local/nacional que correlacionan con identidades políticas como el peronismo/kirchnerismo (el mate, el rock nacional, el tango, el folclore o la cumbia). Eso parece ir de la mano con algo que hemos analizado en otro artículo, y es que estos votantes son quienes más rechazan la frase "Argentina es un país de mierda". Sin embargo, sería reduccionista decir que "las costumbres argentinas son peronistas". Por el contrario, hemos visto que hay consumos muy característicos de la argentinidad que correlacionan con votar del centro para la derecha, siendo la carne el principal referente de ello.

¿Hay algún consumo bien argentino que cierre la grieta, o ésta está por todas partes? La respuesta la tenemos en el gráfico a continuación y empieza con D.


El 40% de los que votaron la encuesta eligió el dulce de leche como el más indispensable dentro de los gustos de helado. Y aquí no hay diferencias ideológicas: ese porcentaje es idéntico entre los votantes de Macri y los de Fernández (por eso el helado de dulce de leche está exactamente sobre la recta vertical). Su atención por favor: el helado de dulce de leche es el Pacto de la Moncloa de las costumbres argentinas.

Sí hay grietas de otro tipo (no ideológicas) en la predilección por el dulce de leche: son más los varones que las mujeres quienes lo prefieren y más los jóvenes que los mayores. Y, no casualmente, quienes aman el helado de dulce de leche tienden a consumir simultáneamente otras pasiones argentinas, como el mate, el fútbol y el rock nacional. En cambio, el helado de chocolate (el segundo más votado, con el 29%) es la otra cara de la moneda, al ser relativamente más consumido por mujeres, por personas mayores de 45, por quienes aman el café, no les gusta el fútbol y escuchan rock en inglés. Pero, al igual que con el dulce de leche, aquí la grieta ideológica no existe: alrededor del 30% de los simpatizantes de Macri y Alberto Fernández elige el helado de chocolate como el preferido. Algo así como la Moncloíta.

A modo de cierre

Quedaron muchísimos tópicos por analizar. De nuestra parte, agradecer enormemente a todas las personas que se sumaron a responder y a difundir la encuesta. Si bien tiene la limitación principal de que no es representativa para la totalidad de la población argentina, sí creemos que habilita múltiples lecturas e hipótesis sobre lo que somos como sociedad. Y una última reflexión: los resultados de esta encuesta refuerzan muchos estereotipos acerca de los distintos colectivos que existen en nuestro país. Al parecer, en este caso, los estereotipos algo de verdad tienen. Pero el problema de los estereotipos es sobre-simplificar la realidad, y barrer debajo de la alfombra la enorme complejidad de lo que somos como personas. Aquí hemos hablado de tendencias, correlaciones, probabilidades: nunca de determinismos tales como "los que hacen tal cosa son TODOS tal cosa". El estereotipo tiende a entender el mundo de esa manera generalizante. Y siempre debemos hacer el esfuerzo por evitarlo porque, como dice el dicho, el diablo está en los detalles.