Por qué fracasó el plan económico del Gobierno, según Sturzenegger

El ex presidente del Banco Central publicó un paper para explicar las razones de la crisis que atraviesa el país. Excesos fiscales, falta de credibilidad y errores humanos fueron los elementos a los cuales atribuye los malos resultados .


10 de septiembre de 2019 20:09 hs

En los últimos días se hizo público un extenso documento de Federico Sturzenegger, quien fuera el titular del Banco Central durante la gestación y posterior eclosión de la crisis que todavía afecta a la economía argentina.

Este documento es el primer intento más o menos articulado por parte de un ex funcionario de Cambiemos por esbozar algo parecido a una autocrítica, un ejercicio que parece necesario en vista de los decepcionantes resultados económicos.

El artículo de Sturzenegger tiene de todo: le resta importancia a la "pesada herencia", critica de manera velada (o no tan velada) el accionar de Luis Caputo y hasta se permite poner en duda la efectividad de su propia política de manejo del dólar.

Un piso sobre otro

Para el ex presidente del Banco Central, la causa primaria de la actual situación argentina fue la política fiscal aplicada por del propio gobierno de Macri. En sus palabras, los primeros años de la gestión de Cambiemos fueron de "procrastinación fiscal". Procastinación que duró incluso hasta 2018.

Sturzenegger sostiene que Cambiemos empeoró la situación fiscal heredada por tres motivos. Uno, un crecimiento de la economía menor al esperado (lo cual afectó negativamente la recaudación del Gobierno). El ex presidente del Banco Central no esboza muchas explicaciones de por qué sucedió esto. Pero vamos a completar con una explicación propia: la apertura de los controles de cambios provocó una devaluación que efectivamente generó inflación y licuó los ingresos, afectando el consumo. La quita de subsidios, que impactó muy fuerte tanto en los ingresos de las familias como en la estructura de costos de las empresas. La apertura de importaciones, que afectó a parte del entramado industrial. Todos procesos provocados por las propias políticas del Gobierno. Y una fe ciega a una lluvia de inversiones que nunca llegó.

El segundo motivo por el cual empeoró la situación fiscal fue un incremento "no anticipado" de los gastos del sector público, entre los cuales destaca el fallo de la Corte Suprema en favor de las provincias y la "Reparación histórica". El primero ya se conocía al asumir Macri y el segundo fue una medida del propio Gobierno.

Tercer motivo: la reducción en los impuestos (como las retenciones y el impuesto a las ganancias). Efectivamente, el campo respondió bien a la quita de impuestos. El problema es que este sector, aunque importante, no tracciona a toda la economía. En este sentido, también es "criticada" la reforma fiscal de 2017, que bajó impuestos. Este último punto es particularmente llamativo dado que una de las premisas básicas del Gobierno fue que Argentina tenía una presión tributaria que "asfixiaba" al sector privado y ponía trabas al crecimiento económico.

Menciona además otro elemento clave: la indexación de buena parte del gasto del Gobierno -en particular el gasto en jubilaciones- a la inflación pasada. Esto implica que una caída muy rápida de la inflación impediría licuar el gasto público, aumentando el déficit. Los ingresos crecen al ritmo de la inflación actual, pero los gastos crecen al ritmo de la inflación pasada. Si la inflación baja, mis ingresos crecen más despacio que mis gastos. Si la inflación sube, ocurre lo contrario (y por lo tanto, mi déficit cae). Esto será clave, como veremos más adelante, para explicar las motivaciones del Gobierno para el 28D, según el propio ex banquero.

Sturzenegger se cuida de calificar al "gradualismo" como un error. El error fue no hacer gradualismo en los primeros dos años sino procrastinación y no hacer un ajuste fuerte después de ganadas las elecciones de medio término.

Dado todo lo anterior, el mayor déficit debió ser financiado con un mayor endeudamiento público. Sturzenegger critica sobre el final del documento la estructura de financiamiento. No cuestiona haber cortado abruptamente el financiamiento vía Banco Central, pero sí que se haya cubierto el bache con deuda externa de corto plazo. El fin de los flujos externos y la falta de ajuste post elecciones sentarían las bases del segundo piso de este castillo de naipes: el llamado 28D.

El 28D fue la famosa conferencia de prensa realizada en diciembre de 2017 en la cual Marcos Peña anunció, junto con el propio Sturzenegger y otros miembros del gabinete, un aumento de la inflación objetivo del Banco Central para el año siguiente (que pasaría de 10 a 15%). A este incremento en la meta de inflación seguiría una baja en la tasa de interés del Central.

Según Sturzenegger, el 28D tuvo motivos fiscales: se había comenzado a producir un agotamiento en la capacidad del Gobierno de financiarse en moneda extranjera, lo cual llevó a que se buscase una mayor inflación para licuar el gasto ("el Tesoro buscaba más inflación", dice literalmente) y una tasa de interés más baja para empezar a financiar la deuda en pesos. Para el ex presidente del Banco Central, el resultado de esta estrategia fue que los mercados perdieron la confianza en la política monetaria, lo cual hizo que los objetivos de inflación del organismo que encabezaba dejaran de ser una referencia importante para los precios. Hasta noviembre de 2017 las expectativas de inflación para 2018 estaban en 16,6% para las consultoras. Tras el 28D, quedó claro que el Tesoro dominaba al Banco Central porque, aunque no podía financiarse con emisión, lo "obligaba" a tener más inflación, licuando así su gasto.

Recordemos que en los albores del 28D también se devaluó el tipo de cambio. Al tiempo, se conoció que Argentina había tenido un déficit externo récord (en particular en lo que hace al comercio de bienes), al tiempo que se había tomado deuda externa récord y que el mercado de capitales estaba por completo liberalizado. Estas cosas se mencionan, pero no se pondera la importancia que esto pudo tener sobre las expectativas de devaluación, tanto la falta de capacidad de pago para Argentina como la amplificación del sudden stop que ocurriría meses después.

Alto en la torre

En abril de 2018, factores domésticos (como la vigencia del impuesto a la renta financiera para no residentes) y externos (el endurecimiento de la política monetaria de Estados Unidos) comenzaron a empujar por el acantilado al valor del peso argentino. A estos factores se sumaría, según el ex presidente del Banco Central, la sequía que experimentó el campo argentino.

Ante esta situación, el documento describe un proceso errático de intervención en el mercado de cambios, que el mismo Sturzenegger reconoce que "generó confusión". Tampoco quedan fuera de la discusión las Lebac, las letras emitidas por el Banco Central que tanta polémica han traído. Sturzenegger asegura que el proceso de rescate de estas letras encabezado por Luis Caputo, quien lo reemplazaría al frente del Central, se hizo al costo de generar una mayor devaluación, inflación y pérdida de credibilidad de la autoridad monetaria. Para Sturzenegger, la idea de intervenir de manera más fuerte y discrecional en el mercado de cambios no es un buen mecanismo para contener la divisa, y la emisión monetaria que provocó la cancelación de las Lebac trajo más devaluación y más inflación. Nunca sabremos en realidad, si Caputo esos días de agosto en que el dólar llegó hasta casi $40, realmente hizo lo que quería hacer, Fondo Monetario Internacional mediante.

Sturzenegger señala que cuando el FMI entró en escena sus funcionarios tenían una visión diferente respecto de las autoridades argentinas sobre cómo administrar la corrida cambiaria. En particular, la posición del Fondo era que, en vez de llevar la tasa de interés a niveles muy elevados e intervenir en el mercado de cambios, había que dejar que el tipo de cambio corrigiese cualquier desequilibrio y reforzar el frágil andamiaje fiscal, a partir de un mayor ajuste de las cuentas públicas.

Lo cierto es que este cambio tampoco fue efectivo y el esquema colapsó: las fallas en la gestión de la crisis cambiaria se sumaron al excesivo endeudamiento público (por el déficit fiscal) y a la desconfianza en la política monetaria (por el 28D). El castillo sobre naipes se derrumbó.

A no bajar las banderas

Excesos fiscales, falta de credibilidad y errores humanos, en ese orden, fueron los elementos a los cuales el ex presidente del Banco Central atribuye el fracaso de la política económica.

El camino que está eligiendo el Gobierno para intentar salir de ella no coincide con esta explicación. En las últimas semanas, las autoridades económicas han recurrido a la reprogramación de la deuda ("reperfilamiento"), a una intervención más agresiva combinada con controles de cambios y posiblemente deban hacer uso del financiamiento del Banco Central para cerrar el año fiscal.