Industria en crisis: la pesada herencia automotriz

El sector no encuentra su piso después de doce meses de caída consecutiva. Las perspectivas hacia adelante preocupan a empresarios y trabajadores en función de los acuerdos firmados por el gobierno de Macri.

Se cerró el acuerdo automotriz con Brasil. En julio de 2020 vencía el acuerdo actual que establecía que el sector automotriz argentino podía importar de Brasil libre de arancel 1,5 dólares por cada dólar exportado, algo que se conoce como flex. Las empresas tenían que haber cumplido esta relación al finalizar el periodo (es decir, al llegar a 2020). Lo cierto es que muchas estaban complicadas para alcanzar este ratio en ese año, lo que implicaba pagar la diferencia por lo importado de más. Aún cuando no se cumple, nadie en Argentina quiere ceder el flex. El riesgo es que, al poder importar libremente, las terminales y autopartistas comiencen una progresiva mudanza de sus plantas a Brasil, donde tienen acceso a un mercado mayor. Sin nuevo acuerdo, se pasaría a un sistema de libre comercio.

Había tiempo. El nuevo acuerdo podría haber sido alcanzado en el próximo mandato presidencial. Sin embargo, tanto Brasil como Argentina se apuraron por hacerlo ahora. Las partes establecieron un coeficiente de 1,7 retroactivo para el periodo 2015-2020. Con esto, las empresas se salvan de pagar un adicional aduanero que seguramente iban a tener que afrontar por incumplir el flex de 1,5. En otras palabras, durante estos últimos cuatro años las empresas en Argentina importaron más de 1,5 dólares por cada dólar importado. A partir de 2020, el flex se eleva a 1,8 y luego se eleva progresivamente hasta alcanzar 3 en 2028. Este nuevo acuerdo tiene fecha de vencimiento en 2029, año a partir del cual habría libre comercio.

¿Alivio o pesada herencia? Lo cierto es que la posibilidad de llegar a junio de 2020 sin acuerdo era mala. Pero también es cierto que, probablemente, un gobierno de otro signo político hubiese preferido negociar personalmente semejante acuerdo. Se trata de un convenio por 10 años que involucra a una de las industrias más importantes de Argentina. Y que va a significar un mayor nivel de importaciones para los próximos años.

Se trata además de una industria en crisis.

La industria automotriz en perspectiva

Pasó desapercibido tras las PASO, pero Honda dejó de producir automóviles en el país y seguirá sólo con motos. El cierre de las líneas se realizará en 2020. La compañía argumenta que el cierre de su planta en Campana corresponde a una decisión estratégica tomada desde la casa matriz y no a la coyuntura económica. Las estrategias de localización de la producción suelen tomarse desde las casas centrales con una lógica regional, que muchas veces tiene en cuenta un horizonte de largo plazo más allá de las coyunturas locales.

También es cierto que en los últimos años, y en particular en este último, a las automotrices no les está yendo muy bien. Honda venía con niveles de producción y ventas similares al promedio (es decir, le iba mal pero no peor que a otras). Su línea de SUV H-RV se lanzó en un momento en que el mercado brasileño entraba en retracción y tuvo menor producción a la esperada. Luego le siguió la caída del mercado argentino.

La industria automotriz tiene más de 60 años de historia en el país. Con idas y vueltas ha sabido ser una de las líderes. ¿Por qué es importante? En primer lugar, porque es uno de los sectores que mayor valor agregado genera dentro de la industria, al mismo tiempo que impulsa la producción de otras proveedoras de insumos como la siderurgia, la del caucho y la metalmecánica. En segundo lugar, porque es una de las que cuenta con mayor empleo asalariado registrado, es decir, empleo de calidad; en 2013 llegó a registrar casi 90 mil puestos de trabajo. Hoy en día en el país hay 12 empresas produciendo 25 modelos de automóviles y vehículos pesados además de componentes, y a nivel mundial la Argentina se encuentra dentro de los 25 países de mayor producción en el mundo.

Dentro de la crisis industrial, el sector automotriz es uno de los de peor desempeño. No es una crisis más: es la peor de los últimos 12 años, superando incluso aquellos en los que la recesión brasilera golpeó de forma significativa nuestras exportaciones.

Luego de la devaluación del año pasado, el precio de los autos se incrementó de forma exponencial, casi duplicándose entre abril de 2018 y junio de 2019 (según IPC BA; +90%). Los autos se encarecieron con relación al resto de los bienes de la economía, ya que la inflación general en ese período se ubicó en torno al 60%. Este salto en los precios de los autos, sumado a la fuerte baja del salario real, provocó una disminuición en el poder de compra de los consumidores. Hoy se necesitan 23 salarios para comprar un auto promedio mientras que un año atrás se necesitaban 18. El aumento de precios, la fuerte caída del salario real y el alto costo de financiamiento fueron un combo perfecto para que se desplomaran las ventas de autos en el mercado local.

Las exportaciones con el aumento del tipo de cambio no sólo no crecieron, sino que acumulan una contracción del 16% en lo que va del año.

Todo esto llevó a una fuerte reducción de la la producción. El último dato disponible de ADEFA da cuenta de la magnitud de esta crisis: la producción cayó en agosto 37,5% anual. Hace un año que la producción de autos no crece. En los primeros ocho meses del año la producción alcanzó las 213 mil unidades, el nivel más bajo de los últimos 14 años remontándonos al 2005; y si tomamos la suma de los últimos doce meses, de modo de tener una dimensión anual, la producción suma 346 mil unidades, el peor nivel desde 2006.


Esta crisis que vive el sector está explicada en mayor medida por el desplome del mercado interno. Sin ventas no hay producción. En 2018 el sector esperaba batir el récord histórico de 2013 y llegar al millón de ventas. Sin embargo, tras la devaluación del año pasado las ventas del sector automotriz acumulan 15 meses en baja, con caídas superiores al 50% anual desde principios de año y con proyecciones para este año de apenas 490 mil unidades, el peor nivel desde 2006. Para tomar dimensión del desplome y de la crisis que vive el mercado interno, en los primeros ocho meses se vendieron 264.343 unidades, la mitad de los autos que el año pasado (520.468 unidades), un 32% menos que en 2015 y la menor cantidad desde el 2005.

Ahora bien, ¿se acuerdan que dijimos que el flex no se cumplió? Al desplome de las ventas en el mercado interno se sumó un proceso de "extranjerización" del mercado local. La participación de las ventas de vehículos importados trepó a su máximo histórico, representando en los primeros siete meses del año el 73% de las ventas totales. Esto es grave, ya que ante una menor torta para repartir por la reducción de las ventas, los autos de origen importado ganan participación en un mercado local deprimido. Este proceso, que se inició desde el primer año del actual gobierno, ha sido potenciado a través de distintas políticas que permitieron la liberalización del comercio exterior y, ahora en plena crisis, se suma programa de subsidios a la compra de vehículos, en el cual el 75% de los modelos incluidos en el plan es de origen importado en lugar de destinar estos fondos sólo a la compra de vehículos producidos por las fábricas locales.


Son numerosas y generalizadas las suspensiones en las terminales automotrices, pasando por el grupo PSA, Renault, General Motors, y hasta por una de las "estrellas" del sector como Toyota. Totalizarían, según un relevamiento de CEPA, las 11 mil en lo que va del 2019. La crisis de la industria automotriz se traslada a toda la cadena del sector, afectando directamente a los proveedores locales de autopartes. Según los datos publicados por el índice de Producción Industrial de INDEC, la producción de carrocerías, remolques y semirremolques se contrajo un 36% interanual en el primer semestre del año, mientras que la producción de autopartes lo hizo 11%. Muchas de empresas proveedoras de insumos despidieron personal o directamente cerraron sus puertas dejando a miles de trabajadores en la calle. Se han conocido varios casos, como el de la autopartista Dino Mattioli que cerró sus puertas tras 45 años de operación en el país, o la empresa productora de baterías Arcynur. Otros casos donde se registraron despidos fue en la autopartista Clapp y en la conocida concesionaria Car One, entre otros. Esto también se traslada al mundo de las motos, con Zanella que cerró dos de sus plantas en menos de una semana.

Los últimos datos oficiales disponibles de empleo en el sector automotriz son del cuarto trimestre de 2018, los cuales ya muestran una caída de 3% anual, ubicándose con un nivel de empleo 7% menor al del cuarto trimestre de 2015. Sin embargo, en los primeros seis meses de 2019 la industria profundizó su caída por lo que se espera que los datos sean aún peores.