¿Qué pasó en las elecciones de Israel y qué caminos se abren ahora?

Lejos de la mayoría parlamentaria, Benjamin Netanyahu enfrenta el peor momento desde su llegada al poder.


18 de septiembre de 2019 16:09 hs

Por primera vez en diez años, las perspectivas de futuro para Benjamin Netanyahu se pintan de color negro. Con poco más del 90% de los votos escrutados, las elecciones en Israel arrojan un escenario de bloqueo político, con ninguna fuerza o bloque ideológico con la mayoría en el Parlamento necesaria para gobernar.

¿Qué pasó?

Según los resultados preliminares, que podrían variar ligeramente en las próximas horas, el partido del ex general Benny Gantz, del partido Azul y Blanco, obtendría 32 escaños; Likud, la fuerza de Netanyahu, 31. Se necesitan 61 escaños para llegar a la mayoría y ningún bloque se acerca: Likud contaría con el apoyo de dos partidos ultraortodoxos (el askenazi Unión del Judaísmo de la Torah y el sefardí Shas) y otro de extrema derecha nacionalista (Yamina), pero sumaría 55, lejos del número mágico; un bloque de centroizquierda, con Gantz a la cabeza, es aún más inviable.

En tercer lugar, que podría eventualmente ocupar el liderazgo de la oposición, se encuentra Lista Conjunta, un frente de partidos árabes que fue denostado por el Primer Ministro y otras fuerzas extremistas durante toda la campaña, y que mejoró su performance respecto a la elección de mayo: sumó 13 escaños, tres más que en aquella ocasión.

Todas las miradas están puestas en Israel Nuestra Casa (Ysrael Beteinu), del ex ministro de Defensa Avigdor Lieberman, que obtuvo el cuarto lugar con 9 escaños, casi el doble que en los comicios anteriores. Lieberman es representante de la ultraderecha, aunque secular, y es el máximo responsable de la repetición de elecciones. En mayo le quitó su apoyo a Netanyahu, con la excusa de que este concede demasiados beneficios a los judíos ultraortodoxos, principalmente la exención que brinda a los jóvenes religiosos para saltearse el servicio militar. Ahora, tras mejorar su performance, es quien tiene la llave para formar gobierno y ya pide uno de unidad con las dos primeras fuerzas.

La izquierda, aglutinada en el Partido Laborista y la recientemente formada Unión Democrática, con 6 y 5 escaños respectivamente, no logra hacer pie: quedaron en los últimos lugares. Otzma Yehudit, un partido de extrema derecha abiertamente racista y antiárabe, que podría haber sumado al bloque de Netanyahu, no superó el piso del 3,25% requerido y quedó fuera del Parlamento.

¿Y ahora qué?

El escenario con el que más se especula es uno de unidad entre Likud y el partido de Gantz, que dejaría afuera a los partidos religiosos. La incógnita está en el rol que ocuparía Netanyahu ahí. Gantz descartó en la campaña una coalición en la que Bibi sea Primer Ministro, ya que está acusado de tres cargos serios por corrupción (soborno, fraude y abuso de confianza) y su partido incluía en su plataforma, la prohibición para acusadas por estos delitos de participar en puestos de gobierno. Netanyahu, precisamente para evitar ser condenado, ha declinado ceder su lugar y que otro miembro de Likud asuma en su sitio. Los analistas políticos israelíes no ven viable un escenario donde Bibi se baje, ya que cuenta con el respaldo de las bases, y mantiene un fuerte dominio sobre la estructura del partido. El clima de guerra que respira el país y la amenaza de nuevas elecciones pueden hacer que Gantz abandone, su promesa de campaña, pero esto, por ahora se vislumbra lejos.

Otras opciones incluyen una coalición con Likud, los partidos ultraortodoxos, Yamina y el Laborismo, con ofertas de carteras jugosas, pero su líder ya ha rechazado cualquier gobierno con Netanyahu; un bloque de derecha al que se sume Lieberman también parece lejano dado el perfil secular del dirigente, que alejaría a los ortodoxos; una coalición liderada por Gantz, con los partidos de izquierda y el apoyo de partidos ultraortodoxos llegaría a una mayoría pero también tiene pocas chances de prosperar dadas las diferencias ideológicas.

Aún si lograra escapar al bloqueo y asegurar un nuevo mandato, Netanyahu puede verse destituido pronto, si los cargos en su contra prosperan y no es capaz de conseguir inmunidad en el Parlamento, un proyecto que ya tiene contemplado.

Los líderes mundiales, y especialmente aquellos que tienen intereses en Medio Oriente, miran de cerca el proceso de inestabilidad política que se abre en Israel. Para los que pugnan por una solución de "dos Estados" al conflicto con Palestina y un cambio en el posicionamiento de Israel, las elecciones y el momento que vive el país no brinda esperanza alguna: las principales fuerzas políticas, así como sus votantes, se inclinan por profundizar el control israelí sobre los territorios antes que un retiro.

Para Bibi, en el momento más complicado de su carrera, las próximas semanas dirán si puede hacer gala de su cintura política y conseguir un round más. Los dados ya no juegan a su favor.