Subieron el empleo y el desempleo, ¿por qué?

El INDEC dio a conocer datos del mercado de trabajo correspondientes al segundo trimestre de 2019.

Daniel Schteingart
20 de septiembre de 2019 10:15 hs
dany@cenital.com  
@danyscht

Parece paradójico pero no lo es: el empleo y el desempleo pueden subir a la par. La clave: para compensar la fuerte caída del poder adquisitivo, muchas personas salen a buscar empleo. Algunas lo encuentran (aunque sea precario), otras no.

Este jueves el INDEC dio a conocer datos del mercado de trabajo correspondientes al segundo trimestre de 2019. Como viene ocurriendo desde el inicio de la crisis cambiaria del año pasado, el empleo y el desempleo vienen subiendo conjuntamente. Pero, ¿cómo puede ser?

¿Cómo sabemos si alguien es desocupado?

Para entender la dinámica del mercado de trabajo, es fundamental comprender el siguiente punto: la población argentina (de casi 45 millones de habitantes) puede dividirse en tres grandes partes. Por un lado, están las personas ocupadas, que es enormemente heterogéneo, ya que dentro de los ocupados están tanto quienes trabajan 1 hora por semana, quienes trabajan 50 horas, quienes tienen empleo precario, quienes tienen empleo de calidad, quienes son asalariados, quienes dueños de pyme, quienes trabajan por cuentapropia, quienes quieren trabajar más horas de las que trabajan o quienes están conformes con su jornada laboral. En Argentina hay un poco más de 19 millones de personas con algún tipo de trabajo.

En segundo lugar están las personas desocupadas. Para que una persona sea considerada desocupada debe reunir dos condiciones: a) no tener trabajo, y b) estar buscando activamente un empleo. La segunda condición es fundamental y muchas veces se las pasa por alto en los análisis. Si la segunda condición no existiera, entonces un niño de 5 años o una jubilada de 80 años serían desocupados, lo cual ciertamente sería ridículo. Medido de esta manera (que es similar a como se mide en otras partes del mundo), Argentina tiene hoy casi 2.300.000 desocupados.

El resto de la población (casi 24 millones de personas) comparte con los desocupados la condición "a" (no tener trabajo), pero no la condición "b" (buscar empleo). Dentro de este tercer y mayoritario grupo tenemos al grueso de niños y adolescentes y personas mayores, y también por ejemplo a las amas de casa, que bajo las definiciones convencionales del mercado laboral se considera que no trabajan (aunque eso es ciertamente cuestionable pues trabajan al interior del hogar).

A los ocupados y los desocupados se los conoce como "activos" o "población económicamente activa" (PEA). Al tercer grupo se los denomina "inactivos". El Cuadro 1 resume estas definiciones. Una aclaración: los informes del INDEC tienen como insumo la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), que se hace en 31 ciudades del país, en las que vive el 63% de la población nacional. La cantidad de personas que aparece en el Cuadro 1 es diferente de la de los informes del INDEC puesto que aquí lo que hemos hecho es proyectar los valores al total nacional.

Cuadro 1: Composición de la población argentina al segundo trimestre de 2019 (estimación)

Fuente: Elaboración propia en base a INDEC y proyecciones demográficas del INDEC.

Hay tres grandes indicadores que son relevantes en el mercado laboral, y todos están interrelacionados. El primero es la tasa de empleo, que muestra cuántas personas están ocupadas cada 100 habitantes. En el segundo trimestre de 2019, esa cifra fue del 42,6%, lo cual surge de dividir la cantidad de ocupados (19,1 millones) sobre el total de la población (44,9 millones).

El segundo es la tasa de actividad, que surge de dividir a los activos (ocupados más desocupados) sobre el total de la población. Por definición, siempre hay más activos que ocupados, puesto que todo ocupado es activo pero no a la inversa, por la existencia de los desocupados. Por tal razón, la tasa de actividad siempre es mayor a la de empleo. Hoy está en 47,7%, mostrando un significativo crecimiento en los últimos años.

El tercero, y el que siempre tiene mayor repercusión, es la tasa de desocupación, que -atención- surge de dividir a los desocupados sobre la población activa, no sobre la población total. El 10,6% reportado ayer por el INDEC se obtiene dividiendo los 2,3 millones de desocupados sobre los más de 21 millones de activos que tiene nuestro país.

Cae el poder adquisitivo, sube la cantidad de personas buscando empleo

En el último año, la tasa de desocupación pasó del 9,6% al 10,6%; en el mismo lapso, la tasa de empleo pasó del 41,9% al 42,6%. En términos absolutos, hay 290.000 nuevos desocupados y 500.000 nuevos ocupados, según el INDEC. ¿Qué pasó?

Cayó significativamente la cantidad de personas que estaban inactivas en el mercado laboral y, en contraste, trepó fuerte la tasa de actividad. Producto de la caída del poder adquisitivo del último año y medio (14% desde marzo de 2018), a muchos hogares les cuesta llegar a fin de mes. Por ello, muchas personas -mayormente mujeres que por ejemplo eran amas de casa- salen al mercado laboral a buscar un ingreso que complemente el deterioro del bolsillo. Algunas de esas personas encuentran empleo (y por eso sube el empleo, aunque mayormente precario), pero otras no (y por eso sube simultáneamente el desempleo). La suba simultánea del desempleo y el empleo es la contracara de la tasa de inactividad.

Un dato consistente con lo anterior es que también subió fuertemente la cantidad de ocupados que quieren y/o están disponibles para trabajar más horas. Todo ello aumenta la presión sobre el mercado de trabajo: hay muchas más personas que necesitan trabajar para llegar a fin de mes. La oferta laboral crece fuerte, con una demanda que está en baja producto de la crisis. Lógicamente, ello dificulta las posibilidades de negociación salarial e incrementa las probabilidades de aceptar un sueldo más bajo "porque no queda otra para llegar a fin de mes".

En síntesis, la dinámica del mercado laboral es ciertamente preocupante. ¿Podría ser todavía peor? Sí, claramente sería todavía más grave que la cantidad absoluta de empleo se contraiga, como ocurrió en la crisis de la Convertibilidad. Siempre es mejor aunque sea la changa o un empleo informal que el liso y llano desempleo.

Como conclusión final, podemos afirmar que el grueso del ajuste recayó en los salarios, más que en el empleo. Y este dato no es menor: la caída generalizada del poder adquisitivo afecta a prácticamente la totalidad de la población argentina. Difícil pensar en la derrota de Macri en las PASO sin este dato. Incluso en Neuquén, la única provincia en donde el empleo formal creció significativamente en el último año (producto de Vaca Muerta), a Juntos por el Cambio le fue muy mal. La razón: se generaron algunos miles de puesto de trabajo de calidad, pero el resto de los trabajadores (y, por ende, la mayoría de los hogares) experimentó un notorio deterioro en el bolsillo.

¿Qué esperar de acá en más? La devaluación post PASO volvió a atizar al salario, y con ello al consumo y la actividad económica. De este modo, es probable que, al menos por los próximos meses, el empleo de calidad siga retrayéndose, y aumente la búsqueda de trabajo y con ello la tasa de desocupación.