"El programa del FMI estaba destinado al fracaso"

En diálogo con Cenital, la economista india Jayati Ghosh analizó la crisis argentina y consideró necesario reestructurar la deuda e impulsar la demanda interna para volver a crecer.

Tomás Lukin
28 de septiembre de 2019 09:02 hs
 
@TomasLukin

Jayati Ghosh es una de las economistas más prestigiosas del mundo. Experta en desarrollo económico, finanzas internacionales, distribución del ingreso y política macroeconómica, Ghosh no necesita eufemismos para referirse a la crisis argentina: "El nuevo gobierno deberá repudiar el programa de austeridad del FMI, renegociar el acuerdo y reestructurar la deuda. La flexibilización laboral y la reforma del sistema de pensiones deben ser resistidas", sostiene durante la entrevista con Cenital. La catedrática india de la Universidad de Jawaharlal Nehru en Nueva Delhi considera que una renegociación con los acreedores no solo debe contemplar la extensión de los plazos de repago sino "quitas y límites a los montos que pueden extraerse para el pago de los vencimientos de la deuda como sucedió con Alemania en 1953". Atenta a la historia reciente, la secretaria ejecutiva de la International Development Economics Associates (IDEAS) reclama la creación de un mecanismo global para guiar los procesos de reestructuración soberanas. A contramano del recetario del ajuste postulado por los profesionales ultra liberales, Ghosh remarca la necesidad de impulsar la demanda interna para recuperar el sendero del crecimiento económico sin descuidar la distribución del ingreso y así mejorar la capacidad de pago de la deuda externa.

¿Por qué fracasó el programa de financiamiento acordado entre Argentina y el FMI?

El programa del FMI estaba destinado al fracaso. Estuvo basado en argumentos económicos incorrectos que, casualmente, son los mismo que fracasaron una y otra vez en distintos países. Hay que recordar por qué el presidente argentino Mauricio Macri solicitó el préstamo del FMI en primer lugar: una vez logrado un acuerdo con los holdouts que le permitió acceder al mercado global de crédito, su gobierno ingresó en una fiesta de endeudamiento que incrementó la deuda pública, fundamentalmente pasivos denominados en dólares, hasta el 90% del PBI. Los enormes déficits fiscal y de la cuenta corriente se volvieron insostenibles a mediados de 2018, mientras que la inflación volvía a dispararse. La inevitable fuga de capitales llevó a una corrida cambiaria. Y, sin siquiera considerar otras medidas, el gobierno de Macri corrió al FMI, que le otorgó el mayor préstamo de su historia. Esa decisión, aparentemente, fue impulsada por el presidente estadounidense Donald Trump que quiso hacerle un favor a Macri, su viejo amigo de los días en los que se dedicaba a los negocios inmobiliarios. El FMI, que parece no haber aprendido nada de su larga historia de errores de políticas, reclamó su tradicional paquete: recortes masivos del presupuesto, con una balance del resultado fiscal primario en 2019 y una reducción del déficit externo. Cualquier macroeconomista decente hubiera podido anticipar que eso solo iba a empeorar las cosas.

Los informes elaborados por los técnicos del FMI hace apenas un año proyectaban una rápida recuperación económica con sostenidas mejoras en la inversión privada.

El gobierno de Macri hizo todo lo que el FMI le pidió y la economía empeoró en forma sostenida. La inflación se ubica por encima del 55%, la pobreza superó una vez más el 30% de la población mientras que la actividad y el empleo se vienen abajo. Las proyecciones de crecimiento y realizadas por el FMI fallaron. Fueron revisadas a la baja en reiteradas oportunidades y, sin dudas, serán necesarios más recortes en las estimaciones. El problema reside en el modelo económico fallido que sostiene el FMI con su absurda creencia en la "austeridad expansiva".

¿A qué se refiere con "austeridad expansiva"?

Es la noción de que, por alguna razón, los inversores globales van a estar tan encantados con la reducción en el gasto público que se tirarán de cabeza a cubrir la brecha en la inversión de la economía. Se trata de una visión que ha sido rebatida una y otra vez, a expensas de una enorme cantidad de sufrimiento humano, pero el FMI todavía trafica esta estrategia. La "austeridad expansiva" no funciona y tampoco puede funcionar con el paso del tiempo porque asume que el impulso necesario para la expansión debe llegar de afuera de la economía: más exportaciones y la llegada de nuevas inversiones extranjeras. Si todos los países intentan hacer lo mismo esto, llevará a una carrera hacia el abismo que es contraproducente y que mantendrá la actividad económica global por debajo de sus posibilidades. Y, mientras tanto, si como resultado de la pérdida de poder adquisitivo la demanda interna se contrae, habrá menos incentivos a invertir. A su vez, eso implica que con el paso del tiempo la economía desaprovechará los beneficios potenciales de las economías de escala estáticas y dinámicas.

Si el fracaso está garantizado, ¿por qué el FMI insiste con esa receta? ¿Quién se beneficia con la "austeridad expansiva"?

Los países que adoptaron este tipo de estrategias terminaron dependiendo del crédito para apuntalar la demanda doméstica. Esto genera ciclos de auge y crisis que deberían evitarse mediante una expansión de la demanda interna basada en el incremento de los salarios reales que acompañe la productividad. Entonces, ¿quién se beneficia con la "austeridad expansiva"? El sector financiero. Las finanzas aparecen para cubrir la necesidad de crédito de forma tal que terminan apropiándose de una creciente porción del PBI. También se benefician algunas grandes empresas y firmas multinacionales que, tras la implementación de esas medidas, pueden contratar trabajadores con menores salarios y en peores condiciones dado que existe una mayor cantidad de personas desocupadas. Los economistas ortodoxos se convirtieron en los porristas de esos grupos de interés. Por eso, no me sorprende que hayan empezado a perder legitimidad entre la gente aunque mantienen su influencia en los pasillos del poder de la mayoría de las naciones e instituciones internacionales.

Uno de los principales reductos de poder para la economía ultra ortodoxa es el FMI, que actualmente atraviesa un proceso de recambio de autoridades. ¿Cómo cree que la nueva Directora Gerente del Fondo, Kristalina Georgieva, debería abordar la crítica situación argentina?

El Fondo debe revisar las experiencias exitosas de reacción a crisis externas y administración de la deuda. Se trata de casos donde los países se desprendieron de la carga de sus deudas a través del crecimiento económico ya que esa dinámica redunda en una reducción de la relación entre los pasivos y el producto. De esa manera, el repago de las obligaciones se vuelve más sencillo con el tiempo. La comunidad internacional reconoció ese principio en 1953 cuando los países se reunieron en Londres para renegociar la deuda de Alemania. Más de la mitad de la deuda del país fue borrada y los pagos fueron limitados al 3 por ciento de las exportaciones alemanas, dándole a los otros países un incentivo para ayudar a Alemania a exportar más. Ese mecanismo de cancelación y administración de la deuda se convirtió en la base del milagro económico alemán. La idea de que los países deberían desprenderse de la carga de sus deudas es obvia y plantea un escenario donde todos ganan. Y, lo mejor sería que lo sugiera un organismo multilateral como el FMI. Por eso, es incomprensible que el Fondo no proponga este tipo de estrategia. En la situación actual, se necesitan quitas así como límites a los montos que pueden extraerse para el pago de los vencimientos de la deuda. Además, en la situación global actual, el FMI debería sugerir un impulso fiscal coordinado que ayude a las economías a expandirse de manera sustentable que también aborden los problemas medioambientales.

Las elecciones presidenciales tendrán lugar dentro de un mes y el resultado de las primarias permite anticipar un cambio de signo político en el gobierno. ¿Qué estrategia pueden adoptar quien asuma en diciembre para hacer frente al programa de austeridad y reformas pactado con el FMI?

El nuevo gobierno debe repudiar el programa de austeridad que no sólo no mejora la situación macroeconómica sino que aporta fuerzas recesivas, incrementa la pobreza, deteriora la distribución del ingreso y afecta los derechos económicos y sociales de los ciudadanos. Es necesario una renegociación del acuerdo con el FMI. Obvio que algunas medidas serán requeridas para hacer frente a la situación de extrema inestabilidad pero siempre con un ojo atento a la distribución del ingreso. La devaluación fue lo suficientemente extrema como para garantizar la competitividad de las exportaciones. Otras actividades deberán ser impulsadas reviviendo la demanda doméstica que ha sido brutalmente golpeada por la crisis. Esto puede requerir una reducción en las tasas de interés, algo que posibilitan los controles de capitales que Macri se vio obligado a reponer. Se debe evitar, a su vez, que las tarifas y la carga de los servicios públicos sobre los usuarios se incrementen demasiado.

Todos los candidatos presidenciales ya expresaron su decisión de renegociar el acuerdo con el FMI. De hecho, el propio gobierno anticipó que pretende avanzar con una revisión del programa. Experiencias recientes muestran que las negociaciones donde se extendieron los plazos de repago están condicionadas a la implementación de medidas de flexibilización laboral y reformas de los sistemas de pensiones. ¿Existe alguna alternativa?

La inclusión forzada de elementos ideológicos como la flexibilidad del mercado de trabajo y las reformas de los sistemas de pensiones deben ser combatidas a toda costa. La primera significa menor protección para los trabajadores y la segunda menor protección social. Son formas de reducir la carga sobre el capital y los ricos para pasar todo el peso al resto de los ciudadanos. No hay ninguna necesidad de incluir estos elementos en una negociación sobre la administración de la deuda. Hay que señalar que las negociaciones que sólo incluyen una extensión de los plazos de repago rara vez ofrecen una solución a los problema de la deuda. La ausencia de mecanismos de reestructuración viables, donde los acreedores y deudores comparten la carga del ajuste, distorsionó las renegociaciones de deuda a lo largo de los últimos años. La necesidad de un sistema global para la administración de las deudas soberanas es obvia y urgente. Es esencial contar con la posibilidad de una reestructuración y que esos procesos no sean afectados por los fondos buitre. Deberían ser prohibidos. No cumplen ningún fin social útil y sólo causan daño permitiendo el enriquecimiento de una minoría explotadora.