El premier de Portugal, Antonio Costa.

Portugal: el modelo socialista gana continuidad

Las elecciones revalidan la gestión de Costa, que seguirá como Primer Ministro y mejora la posición socialdemócrata ante sus aliados. Sin mayoría absoluta, deberá buscar apoyos para gobernar. En el Parlamento más diverso de su historia, la ultraderecha tendrá representación por primera vez, retirando al país de la excepción europea.

Juan Elman
7 de octubre de 2019 16:10 hs
juan@cenital.com  
@juan_elman

Antonio Costa lo hizo. Las elecciones del domingo pasado en Portugal dejaron un mensaje claro: las políticas impulsadas por el Partido Socialista (PS), con apoyo de otros dos partidos a su izquierda -eso que algunos observadores rotularon como 'modelo'- revalidaron su mandato. Costa seguirá siendo Primer Ministro y se convirtió en el segundo líder socialdemócrata más popular en Europa, después de Malta. Al mismo tiempo, Portugal es cada vez menos excepcional: en línea con sus vecinos, la ultraderecha entra por primera vez en el Parlamento y las fuerzas ecologistas continúan su ascenso.

Con el 99% escrutado y sólo cuatro escaños provenientes del voto extranjero restantes para asignar -que suelen ir para las fuerzas mayoritarias- el Socialismo gana la elección con el 36,6% de los votos y 106 escaños, a diez de la mayoría absoluta. Se trata de un aumento de veinte escaños respecto al 2015 y lo que le va a permitir elegir sus apoyos para formar gobierno.

En la elección anterior, Costa accedió al poder luego de un pacto programático con el tradicional Partido Comunista y el Bloco de Esquerda, un partido antiausteridad similar a Podemos. El acuerdo se hizo conocido como 'geringonça', que en portugués se traduce como "formación poco sólida". Luego de conocerse el resultado, Costa declaró que los votantes revalidaron el acuerdo, pero con una mayor preeminencia del Partido Socialista. Las negociaciones ya están formalmente abiertas, pero ahora le alcanza con uno solo de los dos partidos para gobernar, y tiene nuevas opciones.

En segundo lugar, con casi 30% y 77 escaños, quedó ubicado el Partido Social Demócrata (PSD), de centro derecha, a pesar de sus siglas. En el 2015 había concurrido en coalición con el democristiano CDS, con el que habían obtenido 107 escaños. Ambos pierden fuerza: el PSD hace su peor performance desde los ochenta y el CDS, que quedó en quinto lugar con 5 escaños, la peor en su historia. Ahora cuentan con nuevos competidores: los libertarios de Iniciativa Liberal y la ultraderecha Chega ('Basta', en portugués) consiguen un escaño cada uno y consolidan la fragmentación de la derecha.

Respecto al resto de la izquierda, el Bloco se mantiene como tercera fuerza con casi el 10% y 19 escaños, mismo número que en 2015. En cuarto lugar queda la izquierda comunista, aglutinada en la coalición CDU, con Los Verdes, que obtiene cerca del 7% y 12 escaños; retrocede: son cinco asientos menos que en la legislatura anterior. Uno de los puntos altos del domingo fue la irrupción de PAN, un partido animalista que obtuvo 4 escaños, tres más que hace cuatro años. Por último, la fuerza ecosocialista Livre, una escisión del comunismo, obtiene un escaño y será representada por Joacine Moreira, una de las tres mujeres afrodescendientes que tendrán representación por primera vez en la historia del país. Se tratará de un Parlamento que también integrará a tres fuerzas ambientalistas y el de mayor participación de mujeres en su historia.

Así, el sistema político portugués acentúa su fragmentación: ahora son diez fuerzas -en un Parlamento de 230 escaños- las que tienen un lugar en la mesa. El norte del país continúa siendo mayormente conservador mientras el centro-sur le pertenece a la izquierda. Es Lisboa, la capital del país, donde más han traccionado las fuerzas minoritarias, tanto de izquierda como de derecha.

El otro gran actor de la elección fue la abstención, que superó el 45%, una marca histórica (la mayor desde 1975) aunque previsible: en 2015 fue de 44% y las municipales y europeas de los últimos tiempos ya bocetaban la sombra. En Portugal la izquierda gana elecciones y cumple sus promesas con el visto bueno de Bruselas, pero no logra trastocar la apatía política que todavía reina en la sociedad.

El futuro de la 'geringonça'

Costa no alcanzó la mayoría absoluta -un objetivo no declarado públicamente pero imaginable gracias a algunas encuestas- pero, además de haber quedado cerca, se queda con el premio mayor: el Socialismo mejora su representación mientras el resto de la izquierda se queda donde está y, en el caso del comunismo, retrocede. Esto era importante para Costa, porque refuerza su mano y se blinda frente a las posibles exigencias de sus socios. Era esperable que, ante una mejor performance de estos, principalmente del Bloco, pudieran exigir representación con cargos en el gobierno. A Costa le alcanza con alguno de los dos, mientras puede recostarse en las nuevas fuerzas de izquierda o, de ser necesario, incluso en la centroderecha. La incógnita está en qué tipo de acuerdo buscará para gobernar.

Las condiciones que alentaron al acuerdo legislativo del 2015 cambiaron. El temor a una repetición de un gobierno conservador que había sido responsable de un paquete de austeridad solo comparable con el de Grecia ya no existe más; y, con una economía que logró salir de la terapia intensiva -el sello por excelencia del 'modelo'-, las demandas ya tienen otro carácter.

Costa busca reeditar el pacto legislativo, ahora con un mayor peso del Partido Socialista, y quizás ampliado a otras fuerzas para conseguir más robustez. El pacto parte de un acuerdo programático, con presupuestos negociados año a año. No es una coalición. En su primer mandato el arreglo ha tenido idas y vueltas, pero Costa se las arregló para sacar adelante los presupuestos y mantener la estabilidad política que fue vital para la recuperación.

La recepción de los resultados del domingo fue diferente en los dos socios tradicionales. Mientras el Bloco, por vía de su líder Catarina Martins, se mostró a favor de una reedición del pacto, ya sea con un carácter estable o con negociaciones anuales, el líder del Partido Comunista, Jerónimo de Sousa, se mostró más cauto. Dijo que su visto bueno dependerá del contenido que presente el Socialismo y que no renunciará a sus propuestas, que contemplan una subida general del salario mínimo a 850 euros -hoy está en 700, bien por debajo del promedio europeo- y otras reversiones del programa de austeridad anterior, especialmente en legislación laboral.

"Se puede volver a tener una coalición a la izquierda pero difícilmente será en los mismos términos que en 2015. Al PS le basta un socio para lograr el apoyo para gobernar. Dada la nueva composición y las varias alternativas que tiene para obtener apoyo, puede inclinarse por formar un gobierno minoritario (mayoría simple) y tratar de ir negociando materia por materia, o proyecto por proyecto, con los distintos partidos", dice Rita Lages de Olivera, investigadora de la Universidad de Chile, en diálogo con Cenital.

La coyuntura económica que enfrenta Portugal también cambió. El país va a crecer menos en los próximos años y el boom turístico y de la construcción que traccionó al modelo en los primeros años también mermó. Si bien la designación de Lagarde al frente del Banco Central Europeo promete continuidad con su antecesor, Mario Draghi, las políticas expansivas de la entidad, que ayudaron a que Portugal mejore su macroeconomía, pueden cambiar ante un escenario regional y global más complicado. Por lo demás, los rótulos de milagro ya pasaron de moda y los cadáveres de la austeridad salen a la luz: la deuda pública sigue representando un 120% del PBI, los salarios son relativamente bajos, aunque hayan aumentado y el déficit de inversión pública, principalmente en salud y educación, sigue acechando a Mario Centeno, el ministro de finanzas estrella de la Zona Euro, que seguirá al mando de su cartera al menos durante los primeros años. El déficit fiscal alcanzado, menor al 1%, conseguido por un redireccionamiento en el gasto público antes que un boom de crecimiento, sigue causando fascinación en los pasillos de Bruselas.

Una economía más ajustada puede alejar a las fuerzas de izquierda, pero a Costa le alcanza con obtener menos de diez votos -la abstención, al ser más representativa la izquierda, también lo ayudaría-, que puede conseguir fácilmente un acuerdo viable. Lo más conveniente sería una reedición del pacto ampliado al resto de fuerzas de izquierda, pero lo cierto es que, al tener diferentes opciones, los temores de que el escenario portugués se asemeje a otros de encierro como el de España, donde gobernar se ha convertido en una hazaña o sin ir más lejos a Alemania, son infundados.

Señales

El fenómeno portugués, que en el último tiempo ha cruzado el charco, nunca fue solo números: impresiona porque es un ejemplo exitoso donde la izquierda, desde moderados hasta radicales, se ha unido en pos de un programa común, exitoso y revalidado por mandato popular. En otras palabras, Portugal es uno de los pocos países donde la socialdemocracia gobierna sin haber cedido a las demandas de un sistema político corrido a la derecha, como es el caso de los países nórdicos, cuna de la rosa.

Las elecciones dejan un mensaje positivo al resto de la familia socialdemócrata europea, principalmente a la española, abocada a unas nuevas elecciones que no prometen allanar el camino a la gobernabilidad, mientras se refuerza la figura de Costa. La socialdemocracia del Sur , que podría a fin de año ostentar poder en España, Italia y Portugal -los resultados de Syriza en Grecia, aún perdiendo, no son nada despreciables- puede sembrar esperanza en el resto del continente.

Pero Portugal es cada vez menos excepcional. La entrada al Parlamento de la extrema derecha Chega!, con un discurso anclado en la antipolítica -promete recortar escaños y la figura del Primer Ministro- y en el punitivismo, es una señal que debe ser atendida, aunque el hecho de que haya obtenido un solo escaño, y menos del 2% de los votos, la aleja del estado del arte de esas fuerzas del resto de Europa. El otro dato a registrar es la fuerza de los partidos ecologistas y animalistas, que hasta hace un tiempo solo rebotaban en el Norte de la región. La elección del domingo, junto con la de noviembre en España, en la que Más País, la fuerza que Iñigo Errejón tiñó de verde, puede salir fortalecida, prometen expandir el fenómeno.

La experiencia socialdemócrata también fue pronunciada como modelo para Alberto Fernández, que se entrevistó con Costa hace unas semanas. Si, como escribía Martín Schapiro hace un tiempo, Alberto busca una tercera posición en Europa, entonces los resultados del domingo son una buena noticia para el candidato del Frente de Todos. El éxito portugués tras la salida del paquete con el FMI -precedido, vale decir, por un ajuste brutal- junto con las recetas en términos de redireccionamiento de gasto público puede seguir ocupando un lugar privilegiado en la selecta -por la escasez- carpeta de experiencias para mirar.

En un contexto regional y global azotado por las amenazas de recesión, donde las derechas florecen y las izquierdas se ven obligadas a reformularse para hacer pie, las elecciones del domingo avisan: Antonio Costa tiene algo para decir.