China y Estados Unidos: mientras reinician negociaciones, se profundiza el enfrentamiento

Una delegación del país asiático arribó a territorio estadounidense en busca de un acuerdo que al menos suspenda el enfrentamiento entre las potencias, y Donald Trump redobla la presión sobre las empresas.


9 de octubre de 2019 12:10 hs

Si todo sucede como está pautado, Estados Unidos y China comenzarán otra ronda de negociaciones. Lo harán envueltos en una nueva polémica. Cuando faltaban dos días para que comiencen las charlas que buscan poner fin a la guerra comercial entre ambos países, Donald Trump anunció que sumó 28 empresas chinas a la "lista negra". Entre las compañías restringidas se encuentran las más importantes en materia de videovigilancia e inteligencia artificial. Una decisión que, lógicamente, profundizó el malestar en el gobierno de Xi Jinping.

¿Qué pasó?

Se prevé para este jueves el comienzo de la décimo tercera ronda de negociaciones de altos funcionarios de los gobiernos de China y Estados Unidos en suelo norteamericano. El encuentro, que busca poner fin a 15 meses de guerra comercial, llega nuevamente en un momento de tensión luego del anuncio de Trump de sumar empresas chinas a las compañías con restricciones.

El lunes por la noche Trump informó que incluyó 28 empresas chinas a la lista de entidades a las que se les impide comprar suministros estadounidenses. Del total de compañías, veinte son oficinas de seguridad pública y ocho son empresas privadas, entre ellas, HIkvision, de videovigilancia, y SenseTime y Megvii Technology, líderes en tecnología de reconocimiento facial.

¿El argumento? De acuerdo a lo que explicaron desde el Departamento de Comercio norteamericano, la decisión se tomó por considerar que esas empresas forman parte de "la campaña de represión, detención arbitraria masiva y vigilancia de alta tecnología de China contra uigures, kazajos y otros miembros de grupos minoritarios musulmanes".

Desde el gobierno de Xi Jinping respondieron a las medidas tomadas por Estados Unidos, que también incluye restricciones de visa a funcionarios chinos, y negaron que en China haya violación de los derechos humanos, tal como lo describe Estados Unidos.

"Estas acusaciones no son más que una excusa para que Estados Unidos interfiera deliberadamente en los asuntos internos de China", aseguró el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Geng Shuang, en diálogo con la BBC.

Restricciones

De acuerdo a lo establecido por el gobierno de Donald Trump, las empresas que figuran en la "lista negra" deben recibir el aval especial de la Casa Blanca para poder comprar suministros estadounidenses, lo cual complica a las fábricas que tienen su producción internacionalizada como es el caso de las compañías tecnológicas.

Algo similar, aunque sin el señalamiento en materia de Derechos Humanos, había sucedido en mayo pasado con la empresa Huawei que produce sus celulares con un 30% de componentes estadounidenses, lo cual generó fuertes pérdidas económicas tanto para los productores chinos como para los estadounidenses.

En esta ocasión, Trump volvió a atacar en el punto más vulnerable. Las empresas de Inteligencia Artificial son clave en el desarrollo tecnológico chino. Además de las mencionadas Hickvision y Sense Time, se encuentra Megvii, dependiente del gigante del comercio electrónico Alibaba; la firma de reconocimiento de voz iFlytek: el fabricante de equipos de vigilancia Dahua Technology; la empresa de recuperación de datos Xiamen Meiya Pico Information, la de reconocimiento facial Yitu Technology y Yixin Science and Technology Co.

En el marco de las renovadas negociaciones, las nuevas sanciones abren el interrogante sobre su sentido, ya que no es claro si las mismas son un intento de mejorar la posición negociadora norteamericana, o si trascienden esta negociación. También dejan al descubierto un aspecto preocupante de cara al futuro. Establecidas invocando los Derechos Humanos, nos recuerdan que, más allá de las obsesiones comerciales de Donald Trump, el enfrentamiento entre Estados Unidos y China supone un choque por la primacía tecnológica, cuando estas van a moldear al mundo, y un conflicto de sistemas políticos y valores que también será difícil conciliar.