América Latina, otra vez en movimiento

Panorama político regional en un marco de elecciones presidenciales y movilizaciones que ponen en cuestión el mentado giro a la derecha de la región.

Están pasando cosas en América Latina. Disolución del Parlamento en Perú, movilizaciones y agudización de la crisis en Ecuador, y elecciones presidenciales este mes en Bolivia, Uruguay y Argentina son algunas de las situaciones que atraviesa la región. Esas distintas y complejas realidades locales pueden ser la antesala de un nuevo escenario latinoamericano que promete modificaciones, aunque aún no se sabe cuáles serán, ni cómo quedará compuesto el tablero regional.

Bolivia: la campaña electoral más compleja para Evo

Evo Morales llega a las elecciones del 20 de octubre en un contexto más complejo que el de las votaciones anteriores, donde llegó a obtener más del 60% del apoyo. Según explicó a Cenital el Embajador de Bolivia ante la Organización de Estados Americanos (OEA), José Alberto Gonzales, la elección de este año "será la más complicada" para el mandatario, debido a dos cuestiones principales. Por un lado, el desgaste que suelen sufrir los gobiernos con el paso del tiempo. En este caso, una gestión que ya lleva 14 años. Por otro, el conflicto generado a partir del Referéndum del 21 de febrero de 2016, donde se rechazó modificar un artículo de la Constitución para que el líder del Movimiento al Socialismo (MAS) pudiera ser candidato a una nueva reelección.

La pregunta del Referéndum era si los bolivianos estaban de acuerdo en modificar el artículo 168 de la Constitución que limita a dos mandatos a los gobiernos presidenciales. Vale aclarar que Evo ya va por su tercera gestión, debido a que la primera administración no se contabiliza, por haber ser previa al proceso constitucional de 2009. La consulta obtuvo el 51% de rechazo y el 48,7% de aprobación, en medio de una feroz campaña mediática. Cuando faltaban dos semanas para la consulta popular, los medios de comunicación informaron que el presidente tenía un hijo que no había reconocido. Primero dijeron que había muerto y que el líder indígena nunca había estado junto a él. Luego, aseguraron que estaba vivo. Finalmente, se descubrió que nada era verdad, y posiblemente ese tipo de noticias hayan tenido su impacto en el plebiscito que perdió.


El gobierno no modificó el artículo 168, tal como decidió la mayoría en la consulta popular, pero, a través del Tribunal Supremo Electoral, se aprobó una interpretación constitucional que declaró inaplicables los artículos que prohibieran la reelección por ser contrarios a la normativa internacional. Por ello, el líder aymara podrá presentarse para competir por un cuarto mandato. La decisión generó malestar en un sector de la sociedad, y posiblemente influya en la merma de apoyo que actualmente se ve en las encuestas, que van del 35% al 45%. En todas el Presidente va primero, pero para ganar debe sacar el 50% de los votos, o el 40% y diez puntos de ventaja sobre el segundo. Su competidor mejor posicionado es Carlos Mesa, ex vicepresidente, convertido en mandatario tras la renuncia de Gonzalo Sánchez Losada. Desde el oficialismo consideran que deben ganar en primera vuelta, porque un posible ballotage aumentaría notablemente las posibilidades de que el MAS sea derrotado.

¿A favor? Una de las medidas más transformadoras que tomó Evo fue la nacionalización de los recursos naturales, por los cuales Bolivia pasó de recibir 300 millones de dólares de ingreso por hidrocarburos a 4 mil millones. Con ese dinero se desarrollaron una serie de programas sociales destinados a los jóvenes, sobre todo campesinos e indígenas, que abandonaban las escuelas para trabajar, otros destinados a embarazadas y bebés de menos de un año, para combatir la alta mortalidad materna e infantil, entre otros planes. En el 2018 Bolivia fue el país con menor tasa de desempleo de América del Sur (4,27), la pobreza se redujo en estos años más de veinte puntos y la inflación anual no llega al 2%. Como si fuera poco, desde el 2014 hasta la actualidad, el país gobernado por Evo lideró cada año el crecimiento económico de la región, con una tasa promedio de 5%.

Bolsonaro: nueve meses ATR

La intensidad que se vive en Brasil desde la llegada de Jair Bolsonaro no condice con los tan solo diez meses que lleva en el cargo. Las dificultades para sacar al país de la recesión, la incapacidad para construir acuerdos extrapartidarios y las divisiones internas en la coalición de gobierno complicaron el cumplimiento de los objetivos de su administración.

El lema "más Brasil, menos Brasilia" con el que el excapitán de Ejército hizo campaña entró en crisis cuando el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, manejó los tiempos del debate de la reforma previsional a su antojo y el proyecto, para la desgracia del Ministro de Economía, Paulo Guedes, fue suavizada en el tratamiento posterior en el Senado.

En términos económicos, Brasil sigue lidiando con los efectos de Lava Jato que desarticuló a las principales empresas claves en el núcleo de desarrollo como Camargo Correa, Odebrecht y la estatal Petrobras. En este marco, Guedes avanzó con algunas privatizaciones como la fusión de Embraer con Boeing y otras 12 empresas que, como buena parte de las decisiones de Estado, pasaron por el filtro del ala militar.

Además, el posicionamiento internacional de alineamiento automático con Estados Unidos en nombre del proyecto antiglobalista que enamora a los Bolsonaro, al Canciller Ernesto Araujo y el filósofo de cabecera de todos ellos, Olavo de Carvalho, complicaron las relaciones con un aliado estratégico como China y llevaron al fracaso el acuerdo Mercosur-Unión Europea ante la resistencia de Bolsonaro de recibir asistencia financiera del G7 en plena crisis en el Amazonas. Sin embargo, la subordinación con Washington aún no dio los resultados esperados.


Ahora bien, Bolsonaro, sin partido tras su salida del Partido Social Liberal, y con la imagen en caída tiene la ventaja de no contar con una oposición fuerte y consolidada que se divide, al menos, en tres grupos que tienen la mirada puesta en las elecciones municipales del año próximo. La derecha política con pretensiones democráticas encarnada en una parte del PSDB y figuras como Rodrigo Maia, conservadurismo filo outsider de la mano del gobernador de Sao Paulo Joao Doria y el conductor televisivo Luciano Huck y la centroizquierda con base en el Partido de los Trabajadores, que dirime su hegemonía entre los liderazgos ideológicos y los bastiones territoriales pero con la inmensa centralidad del expresidente Lula.

Finalmente, otro teatro de operaciones como el poder judicial debate la magnitud del golpe que puede darle a la Operación Lava Jato a través de la anulación de los procesos llevados a cabo por Sergio Moro sobre la base de delaciones premiadas. La interna judicial entre lavajistas y supremos cristaliza una fisura en el bloque de poder y podría derivar en la libertad de Lula. Un escenario todavía lejano.

Agudización del conflicto en Ecuador

La región está expectante de lo que sucede en Ecuador. Desde que el presidente, Lenín Moreno, anunció hace dos semanas el "paquetazo" económico, acordado con el FMI y por el cual subieron los precios de los combustibles, las protestas no sólo no han mermado sino que continúan y se profundizan, obligando incluso al decreto de Estado de Excepción, el traslado de la sede gubernamental de Quito a Guayaquil y el Toque de Queda en algunas regiones. Por la represión policial, se contabilizan al menos cinco muertos.

Lenín supo ser aliado político del ex presidente Rafael Correa, de quien fue vicepresidente durante seis años. Sin embargo, desde que asumió en 2017 se distanció de Alianza País e intentó desligarse de todo rastro de la Revolución Ciudadana, como se conoce al proceso correista, y de su base política. La enemistad llegó a tal punto que Moreno responsabilizó al ex presidente de estar, junto a Nicolás Maduro, detrás de las protestas que piden su salida y ponen en jaque su continuidad.


La llegada de Moreno al poder supuso cambios rotundos en el gobierno: impulsó un referéndum para impedir la posibilidad del regreso de Correa, se alineó con la derecha en la Asamblea Nacional. En política exterior se sumó al Grupo de Lima, se acercó a Estados Unidos y quitó el asilo a Julian Assange. Ante las dificultades financieras, recurrió al FMI. "Siempre supimos que Lenín era de derecha, pero pensamos que podíamos rodearlo con hombres y mujeres de izquierda", confesó Correa en diálogo con Resumen del Sur. Quien fuera su delfín político escenificó una ruptura para llevar adelante un programa de ajuste económico que despertó protestas en un pueblo con historia de movilizaciones que en el pasado derivaron en salidas de presidentes.

Venezuela: nueva oposición, nuevo diálogo

Como sucede desde el año 2013, Venezuela oscila entre picos de violencia insurreccional y mesetas de diálogo bajo tensa calma. La estrategia orquestada por la moribunda Mesa de Unidad Democrática y apadrinada por los países del Grupo de Lima y Estados Unidos fracasó paulatinamente. Juan Guaidó se proclamó presidente, no pudo sostener niveles de movilización lo suficientemente contundentes como para inclinar el tablero a su favor o partir a las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas y desde entonces protagonizó intentos fallidos de derrocamientos.

La lealtad militar fue uno de los elementos claves para que Nicolás Maduro continúe en el Palacio de Miraflores y el "Presidente Encargado" solo quedó en lobby regional y anuncios simbólicos. La oposición venezolana nunca pudo vertebrar una línea de acción homogénea y con el debilitamiento de la línea dura, que se levantó de la mesa de diálogo de Barbados permitió el paso adelante de los sectores moderados representados, entre otros, por Avanzada Progresista, el espacio liderado por el ex gobernador de Lara, Henri Falcón, que compitió con Nicolás Maduro en las presidenciales de 2018. Este espacio también conformado por Cambiemos, Movimiento Al Socialismo y Soluciones tiene menos prensa que los tradicionales Copei, Voluntad Popular o Acción Democrática, pero más densidad territorial y vocación de ser parte de las soluciones de los problemas en un país colapsado.


La semana siguiente a la nueva Mesa de Diálogo Nacional logró la liberación del diputado y vicepresidente de la Asamblea Nacional, Edgar Zambrano, y concretó el retorno del chavismo a la Asamblea Nacional. Oficialismo y oposición coinciden en condenar las sanciones impuestas contra el país y acordaron reforzar el Consejo Nacional Electoral para un proceso electoral con más transparencia.

Si bien no hay normalidad institucional con la permanencia de la Asamblea Nacional Constituyente, esta etapa vino acompañada de pequeños avances que puede devolver cierta estabilidad. La salida electoral es prioridad en esta nueva oposición y Estados Unidos parece haber soltado un poco el pie del acelerador pero con Venezuela nunca se sabe. El año que viene deberían realizarse las elecciones legislativas para renovar la Asamblea Nacional y las condiciones siguen siendo poco claras.

Mientras tanto, Nicolás Maduro deja en claro que su mandato termina en 2025, refuerza su vínculo de dependencia con China y Rusia y espera un cambio de mapa político en la región que le permita recibir un poco de oxígeno en un contexto tensión fronteriza con Colombia, luego de la invocación en su contra del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca. Como hace tiempo, los venezolanos esperan cambios en una nación que se desangra día a día.

Vizcarra fortalecido

A casi dos semanas de la disolución del Congreso de Perú, el presidente Martín Vizcarra salió fortalecido. El grado de desprestigio del fujimorismo en particular pero del Parlamento en general le dio sustento a la jugada oficial.

La consultora Ipsos Perú indicó que el 65% desaprueba la destitución de Vizcarra, un 48% respalda al jefe de estado, el 70% quiere elecciones anticipadas y, por último, dos datos que revelan el grado de desprestigio del Congreso: sólo el 7% lo apoya y el 78% considera que obstruye.


Así es que Fuerzas Armadas, Policía Nacional, bloques progresistas, medios de comunicación y el apoyo de la sociedad significaron una mayoría demasiado contundente como para sostener la hipótesis de golpe o intentar configurar una nueva institucionalidad con Mercedes Aráoz como presidenta encargada.

Vizcarra jugó de manera audaz para lograr un proceso electoral que reordene un sistema político complejo y generar transformaciones. El Congreso que derive de las elecciones legislativas del 26 de enero tendrá un mandato de poco más de un año pero servirá de radiografía de la elección general de 2021 o, si los números acompañan a Vizcarra, a fines de 2020. ¿Tiempos de reformas estructurales en el sistema político?

Uruguay ¿Frente Amplio a segunda vuelta?

El oficialista Frente Amplio no la tiene fácil para las elecciones del 27 de octubre. De acuerdo a los últimos sondeos de Factum y Radar, el candadito del FA, Daniel Martínez, lidera los sondeos con el 38% de adhesión, pero tiene altas posibilidades de ir a ballotage con Luis Lacalle Pou del Partido Nacional (PN), que cosecharía un 27% de los votos. Y como suele suceder con los oficialismos en las segundas vueltas, los candidatos de la oposición tienen más posibilidades de unificarse contra quien gobierna.

Martínez, ex intendente de Montevideo, pertenece al FA, que gobierna en Uruguay desde hace 15 años, de la mano de Tabaré Vázquez de 2005 al 2010 y de 2015 a la actualidad y Pepé Mujica entre el 2010 y 2015. Los años de gestión generan desgastes y en eso puede parecerse un poco a lo que pasa en Bolivia con Evo. El candidato presidencial que lidera las encuestas apuesta al avance del país en materia de derechos sociales y su relativo aislamiento de las crisis de sus vecinos.


Alberto Fernández y Daniel Martínez.

"Hace 15 años Uruguay no era esto, y mirá que tuvimos tres o cuatro años de viento de cola como quien dice por los precios internacionales. Después en 2008, con la crisis hipotecaria se desbarajustó financieramente el mundo y a partir de 2013, 2014, el relajo global: guerra geopolítica entre China y Estados Unidos, la región cayéndose a pedazos y nosotros, tranquilos, seguimos creciendo", aseguró recientemente Martínez ante medios locales. El candidato del FA se reunió a comienzos de mes con Alberto Fernández, con quien coincidió en su mirada de política exterior, especialmente, en lo que respecta a Venezuela, donde con la renovación de gobiernos la Argentina, Uruguay, Bolivia y México podrían generar una postura diferente a la del Grupo de Lima.

Panorama

Mientras tanto, la Corte Suprema de Colombia inició un proceso contra Álvaro Uribe por los "delitos de fraude procesal y soborno en concurso homogéneo y sucesivo". Al mismo tiempo, en Chile se realizó una masiva movilización del Colectivo No+AFP contra el sistema de jubilación privada, contribuyendo a un mapa de inestabilidad en toda América Latina.

En el mapa regional de la década anterior, los gobiernos de Lula Da Silva en Brasil, Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, Pepe Mujica en Uruguay, Evo Morales en Bolivia, los Kirchner en Argentina, e incluso Michelle Bachelet en Chile compartían visiones regionales desde una perspectiva de izquierda o progresista. En los últimos años ese panorama se modificó rotundamente, con el ascenso de dirigentes de derecha y ultraderecha como Jair Bolsonaro, Mauricio Macri y Sebastián Piñera, que asumieron con otra agenda política. La sorpresa estuvo dado por la asunción de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en México, quien a diferencia de sus antecesores promete mirar un poco más al sur y menos al norte.


El panorama actual y cómo se vayan perfilando los gobiernos, puede dar lugar a otro ciclo de cambios regionales, con una eventual presidencia de Alberto Fernández, quien ya dio algunos indicios de cómo será su política exterior, y resultados positivos para los oficialismos en las elecciones de Bolivia del 20 de octubre y de Uruguay del 27 que otorgue continuidad a sus gobiernos. Sumado a las turbulencias en Ecuador y Perú, lo cierto es que sin saber cuál será el rumbo, la región está en movimiento.