¿Cuánto tiempo lleva llegar a la pobreza cero?

Su eliminación es posible, pero todo depende de tres variables: cuánto crezcamos, cuánto redistribuyamos y cuánto estamos dispuestos a esperar para lograr el objetivo. En 25 años es una meta exigente, pero no necesariamente imposible.

Hace unos días, el INDEC comunicó que en el primer semestre de 2019, la pobreza por ingresos [1] alcanzó al 35,4% de la población, es decir, a más de 16 millones de personas. Como hemos dicho aquí, se trata de la cifra más alta desde 2008, y casi 10 puntos más elevada que en 2017. El objetivo de la pobreza cero se alejó dramáticamente producto de la crisis cambiaria (y luego económica) iniciada en abril de 2018.

Más allá del slogan de la campaña de Macri de 2015, ¿es factible que Argentina pueda alcanzar la pobreza cero? Si es así, ¿cuánto tiempo demandaría? La respuesta es que sí, es factible. Pero el tiempo que demoraremos en alcanzarla depende fundamentalmente de lo que ocurra dos variables: a) el ingreso per cápita (es decir, con el PBI per cápita) y b) la distribución del ingreso. Vayamos paso a paso.

Separando la paja del trigo: crecimiento, pobreza y desigualdad

Crecimiento económico, pobreza y desigualdad están interrelacionados, pero son tres nociones distintas. Pobreza es un concepto abstracto que alude a estar por debajo de un umbral mínimo de bienestar. En Argentina, el INDEC define ese umbral mínimo a partir de una canasta básica que incluye ciertos rubros y excluye otros. Vale aclarar que siempre hay cierta dosis de arbitrariedad en la construcción de las líneas de pobreza y en lo que entendemos como "básico" (canasta básica, necesidad básica). Es por ello que el Nobel de Economía Angus Deaton, experto en la temática, señala que las líneas de pobreza son tan científicas como políticas. Científicas en tanto implican una serie de saberes técnicos para construirlas rigurosamente; pero políticas en tanto tenemos que tomar una decisión acerca de qué consideramos como "básico". Si consideramos pocas cosas como "básicas", probablemente la cifra de pobreza será baja. Si consideramos muchísimas cosas como "básicas", la cifra de pobreza será más alta. Por ejemplo, si la canasta básica alimentaria de Argentina estuviera compuesta solamente de arroz, la pobreza extrema [2] en Argentina sería decididamente menor. Si tuviera lomo, jamón crudo, palta y almendras, sería notoriamente mayor.

Hecha esta aclaración, podemos definir como "pobre" a aquella persona que está debajo de un umbral mínimo absoluto de bienestar. Por ejemplo, actualmente, si una familia tipo tiene ingresos por $25.000, entonces sería pobre, dado que la línea de pobreza para ese hogar es hoy de unos $33.000. En la práctica, es un poco más compleja la medición de la pobreza, ya que el INDEC tiene en cuenta otras variables adicionales, como por ejemplo el tamaño del hogar: la canasta básica es más cara mientras más personas vivan en el hogar, y viceversa. Es por esa razón que si un hogar gana $15.000 al mes no es automáticamente pobre (si viviera una sola persona, no lo sería). Del mismo modo, un hogar con ingresos de $50.000 no es automáticamente "no pobre", puesto que si allí vivieran diez miembros, no alcanzaría para las necesidades de todos.

¿De qué hablamos cuando hablamos de desigualdad?

Así como la pobreza refiere a una dimensión absoluta, la desigualdad es un concepto que implica una relación entre dos o más personas. La definición de desigualdad por ingresos podría entenderse como "cuántas veces más gana A respecto a B". Por ejemplo, en Argentina, el 10% de mayores ingresos dice ganar [3] 20 veces más que el 10% más pobre.

Es común que se crea que si baja la desigualdad, la pobreza en un país baja automáticamente. O, a la inversa, que si sube la desigualdad, la pobreza también lo hará. Esta suposición es un error, ya que es clave ver lo que pasa con una tercera variable: el ingreso medio per cápita (que aquí tomaremos como sinónimo de PBI per cápita). Pongamos un ejemplo para que se entienda mejor.

Imaginemos un país en el año 2018, en donde A gana 4 panes diarios, B gana 16 panes diarios y que, en ese país, la línea de pobreza establece que es pobre todo aquel que gana menos de 5 panes diarios. En este país, llamémoslo, "Panlandia", el ingreso total es de 20 panes y como viven dos personas, el ingreso per cápita es de 10. Asimismo, A es pobre y B no (de modo que la pobreza es 50%), y la brecha de desigualdad es de 4 a 1 (es decir, B gana 4 veces más que A).

Ahora imaginemos ese mismo país en 2019. A gana 10 panes diarios y B gana 90. El ingreso total es de 100, y el per cápita de 50. Aquí pasaron dos cosas: A dejó de ser pobre, de modo que la pobreza bajó al 0%. Pero a la vez, la desigualdad entre A y B se amplió de 4 veces a 10. ¿Cómo puede ser que haya bajado la pobreza con suba de la desigualdad? La clave está en el tercer término que mencionamos: el crecimiento. El ingreso per cápita se quintuplicó, y esta intensa expansión más que compensó el deterioro de la desigualdad.

Un esquema clarificador

Con base en lo anterior, podemos decir que lo que pase con la pobreza va a ser el resultado de la interacción entre el crecimiento del ingreso per cápita y de la evolución de la desigualdad. En términos simples,

variación de la pobreza = variación del ingreso + variación de la desigualdad [4]

El esquema a continuación muestra distintas combinatorias de variaciones del ingreso per cápita (PBIpc), desigualdad y pobreza. A los fines didácticos, supone que en un país hay dos personas, una de las cuales es la más pobre (y gana 10) y otra es la más rica y gana 100. En la mitad derecha del gráfico tenemos situaciones en donde la pobreza baja (y viceversa en la mitad izquierda); en la mitad superior, tenemos situaciones en donde los ricos mejoran su situación absoluta (y viceversa en la mitad inferior). En tanto, la desigualdad subirá en las situaciones que se encuentren por encima de la diagonal gris-marrón, y viceversa. Veamos algunos ejemplos.

Esquema 1: Interacciones entre crecimiento económico, pobreza y desigualdad

Fuente: elaboración propia

La sección 1 del esquema (arriba a la derecha) muestra un escenario en el cual tanto el pobre como el rico mejoran su ingreso a lo largo del tiempo, pero el rico lo hace en un porcentaje mayor, como en el ejemplo descripto. De este modo, sube el ingreso per cápita, baja la pobreza y sube la desigualdad. Sobran ejemplos en la historia en donde ocurrió esto. Uno es el siglo XIX en Europa y Estados Unidos, tras la Revolución Industrial; uno más reciente, China desde los años '70, cuando era un país muy igualitario pero con el grueso de la población siendo pobre. Hoy China es mucho más desigual que hace 40 años, pero la mayoría de la población mejoró su situación absoluta, aunque algunos lo hicieron a un ritmo mucho más vertiginoso, dando así lugar a una sociedad mucho más estratificada.

Una situación algo distinta es la que se encuentra en la sección 2 del esquema (también arriba a la derecha), en donde se comparte con el caso anterior una baja de la pobreza y una suba del ingreso per cápita, aunque con una baja la desigualdad. Este escenario es lógicamente el más deseable de todos. ¿Ocurrió alguna vez en la historia? Sí, muchas veces, como por ejemplo en la América Latina del boom de los commodities (incluyendo nuestro país entre 2003-2011) y en Europa en la segunda posguerra.

El cuadrante noroeste (arriba a la izquierda) muestra una situación en la cual el pobre empeora su situación y el rico la mejora (algo así, como un "Hood Robin"). En los medios, es usual que cuando se hable de suba de la desigualdad se la piense automáticamente en esta situación, cuando se titula "los ricos, cada vez más ricos; los pobres, cada vez más pobres". La Argentina de los '90 sí tuvo mucho de esto: el ingreso per cápita creció fuerte, pero la desigualdad empeoró tanto, que la pobreza subió significativamente. En general, los procesos de crecimiento económico suelen implicar baja de la pobreza (aunque no necesariamente de la desigualdad); sí es menos frecuente que se registre un fuerte crecimiento económico con aumento de las personas con necesidades insatisfechas. En el caso de Argentina de los '90, la particularidad se debe a que el país experimentó una drástica transformación productiva que, si bien modernizó a varios sectores, generó multitudes de perdedores, con consecuencias muy negativas en el desempleo y, por ende, en la pobreza.

Abajo a la izquierda tenemos dos escenarios muy negativos. Uno de ellos implica caída del ingreso per cápita, suba de la pobreza y suba de la desigualdad (sección 4). En situaciones así, los más pudientes se empobrecen, pero los pobres lo hacen relativamente más: ello ocurrió en la Argentina de la crisis de la Convertibilidad (1998-2002) y en los últimos dos años. Si los pobres se empobrecen pero relativamente menos que los ricos, tenemos una suba de la pobreza junto con una caída de la desigualdad (algo así como un "nivelar para abajo", sección 5). Algo así ocurrió en Argentina entre 2013 y principios de 2015. Aquí tenemos claramente un ejemplo de una baja de la desigualdad que nada tiene de virtuosa.

Por último, en el cuadrante sudeste tenemos una baja de la pobreza y la desigualdad, que se da junto con una caída del ingreso per cápita, producto de que los ricos retroceden. Esto es lo que se supone debiera ocurrir inicialmente en algunas revoluciones o en procesos redistributivos muy fuertes. En Argentina, esta dinámica se dio -en bajas dosis- entre 2011-2013: la pobreza bajó un poquito, pero el PBI per cápita se contrajo; la razón es que la mejora de la desigualdad más que compensó el deterioro del ingreso por habitante. Estos procesos por lo general tienden a implicar tensiones sociales, ya que los sectores más acomodados de la sociedad retroceden. Un ejemplo lo ilustra bien: el enojo de muchos trabajadores de altos ingresos con el gobierno de CFK, que subía la presión fiscal en el Impuesto a las Ganancias a la vez que convalidaba aumentos de la Asignación Universal por Hijo (AUH) muy por arriba de la inflación y la media salarial [5].

La regla del "5 a 2"

Hasta ahora, nos hemos movido más en el terreno de lo conceptual. Pero en la Argentina actual, ¿qué debe pasar con el crecimiento del ingreso medio (o del poder adquisitivo medio, de ahora en más los consideraremos sinónimos) y con la desigualdad para que la pobreza pase del actual 35,4% a un, pongamos, 30%?

Vamos con un ejercicio bien simple primero. El Gráfico 1 muestra qué ocurriría con la pobreza ante un movimiento del ingreso medio. La línea azul muestra cuánto sube la pobreza para un determinado deterioro del poder adquisitivo. Por ejemplo, si hoy el poder adquisitivo cayera 5%, la pobreza subiría 2 puntos (del 35,4% actual al 37,4%). Si cayera un 10%, la pobreza subiría 4,4 puntos (del 35,4% a un 39,8%), y así sucesivamente. Aproximadamente, por cada 2,5% que cae el poder adquisitivo, sube 1 punto la pobreza o, en números redondos, por cada 5% que se contrae el ingreso real, la pobreza trepa 2 puntos. Esa es la "regla de almacenero" en la Argentina actual.

Gráfico 1

Fuente: elaboración propia en base a EPH-INDEC del primer trimestre de 2019.

A la inversa, la línea roja muestra cuánto caería la pobreza ante una mejora del poder adquisitivo. Por ejemplo, una suba del poder adquisitivo del 10% hace que la pobreza baje 3,4 puntos (del 35,4% actual al 32%). En tanto, una del 30% haría que la pobreza baje 10 puntos (hasta volver a los valores de fines de 2017). La regla aquí es que, aproximadamente, por cada 3% que sube el ingreso per cápita, la pobreza baja un punto.

El lector atento podrá preguntarse: ¿no hay una asimetría aquí? ¿Por qué 2,5% de deterioro del poder adquisitivo generan 1 punto de suba de la pobreza, y para volver a bajarla necesitamos un 3% de mejora del ingreso medio? No hay asimetría. Si ganamos 100 y nos recortan el 50% de nuestro sueldo, pasamos a ganar 50. Si luego nos aumentan un 50%, no volveríamos a ganar 100, sino 75. La lógica aquí es la misma.

En el ejercicio de recién, sólo asumimos variaciones del ingreso medio pero sin cambios distributivos. Es decir, el ejercicio previo supone que si el PBI per cápita crece 2%, el ingreso medio per cápita lo hará en 2% para todas las personas por igual. Pero en la experiencia real siempre hay cambios distributivos; nunca ocurre que la distribución del ingreso quede exactamente igual entre un año y otro. Entonces, la pregunta ahora es la siguiente: ¿qué combinaciones de crecimiento y cambios en la distribución del ingreso permiten bajar la pobreza al X% dentro de un período de tiempo?

Formas de llegar a la pobreza cero

Dejando todo lo demás constante (lo que en economía se llama ceteris paribus), una mejora distributiva baja la pobreza. Volvamos al ejemplo de arriba, en donde A gana 4 panes y B 16, y la línea de pobreza es de 5 panes. Si le aplicamos un impuesto de 2 panes a B y con lo recaudado se lo damos a A, tenemos que A gana 6 (y deja de ser pobre) y B gana 14, y el ingreso medio es exactamente el mismo (10 panes). En la sección anterior también vimos que, ceteris paribus, el crecimiento económico (es decir, que el ingreso de todas las personas sube en la misma proporción) también baja la pobreza. En el ejemplo de los panes, sería que A pase de ganar 4 a 8 y B de 16 a 32 (ambos duplican su ingreso, el ingreso medio se duplica, y la desigualdad es exactamente la misma).

La cosa se pone un poco más compleja cuando intentamos combinar crecimiento con distribución del ingreso. Veámoslo mejor en el Gráfico 2, que contiene cuatro curvas. Cada una de las curvas tiene combinaciones de crecimiento del ingreso familiar medio con mejoras distributivas (disminución del coeficiente de Gini[6]).

Gráfico 2

Fuente: elaboración propia en base a EPH-INDEC (primer trimestre 2019).

La línea roja muestra distintas combinaciones de crecimiento y baja del Gini para lograr el objetivo bien ambicioso de lograr la pobreza cero en 10 años. Por ejemplo, si el ingreso medio creciera al 25% por año y el Gini disminuyera a razón de 0,5% por año, en el 2029 habríamos eliminado la pobreza. El mismo resultado podría lograrse si Argentina creciera al 10% anual y bajara el Gini a razón de un 2% por año. Si Argentina no creciese, el esfuerzo distributivo debería ser todavía mayor: el Gini debería mejorar 4,4% por año, lo cual implicaría una intensísima redistribución progresiva del ingreso, que generaría fuertes resistencias por parte de los sectores más acomodados. También puede bajar la pobreza con decrecimiento del ingreso medio, pero con un esfuerzo distributivo todavía mayor (en el Gráfico solo pusimos valores de crecimiento positivos pero la línea roja bien puede continuar por la izquierda del cero). En pocas palabras, se puede llegar a la pobreza cero en 10 años combinando tasas de crecimiento y mejoras distributivas muy difíciles de lograr en la práctica.

Las otras líneas muestran lo mismo, pero siendo más pacientes en cuanto a los plazos. Como se puede ver, si queremos alcanzar la pobreza cero en 25 años (línea violeta), las exigencias en materia de crecimiento y distribución son notoriamente menores. Por ejemplo, si crecemos al 2,5% anual y, en simultáneo, el Gini baja 1% por año, para dentro de un cuarto de siglo estaremos cerca de la pobreza cero. La Argentina del 2044 tendría un ingreso per cápita similar al que hoy tienen países como Eslovenia, Israel o España, y un Gini de 33 puntos, parecido al de Francia, Alemania o Suiza (hoy es de 43).

A modo de cierre

Crecer al 2,5% per cápita anual implicaría, dado el crecimiento demográfico de Argentina (1% anual), que la economía en su conjunto crezca al 3,5% cada año. No se trata de una "tasa china", pero tampoco es una cifra baja. Teniendo en cuenta el historial de Argentina de las últimas cuatro décadas, crecer al 3,5% por año sería algo para estar más que conformes. Pero para que ello sea posible, hacen falta dos cosas fundamentales, una más del corto plazo y otra del mediano-largo.

En el corto plazo, es imposible crecer si existe tanta volatilidad macroeconómica. De este modo, el primer objetivo del gobierno que asuma en diciembre tendrá que ser poner toda la artillería en estabilizar la macro, lo cual implica como condición necesaria (pero no suficiente) acuerdos sociales entre los distintos actores (trabajo y capital) para aplacar las muy altas expectativas inflacionarias que tiene hoy la economía.

Pensando en el mediano y largo plazo, es imposible pensar en crecimiento sostenido si Argentina se topa a cada rato con la restricción externa, esto es, con la falta de dólares. Y para que ello no ocurra es fundamental exportar, exportar y exportar cada vez más y, en ciertos sectores en donde hay capacidades, ahorrar dólares sustituyendo mejor importaciones. Nada de ello se puede lograr sin una política productiva, científica y tecnológica activa alineada con una política macroeconómica que apunte a bajar la volatilidad cuanto antes.

[1] Aquí nos referimos a la pobreza por ingresos, que surge de comparar los ingresos de una familia contra el precio de una canasta básica de referencia. La pobreza por ingresos se diferencia de la pobreza multidimensional, en tanto que ésta no presta tanta atención a lo monetario, y se focaliza más en cuestiones estructurales, tales como el acceso a servicios públicos (como cloacas o agua potable), hacinamiento, materiales de la vivienda o si los niños se encuentran yendo a la escuela.

[2] Se denomina "pobreza extrema" (o indigencia) a aquellas personas cuyos ingresos no alcanzan ni siquiera para cubrir una canasta básica alimentaria. Todo indigente es pobre, pero no a la inversa (ya que hay personas pobres que cubren la canasta alimentaria, pero no la canasta total, que incluye rubros como vestimenta, salud, transporte, etcétera).

[3] Remarcamos lo de "dice ganar" puesto que la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) capta el ingreso declarado por los individuos. Existe fuerte evidencia de que a mayor ingreso, las personas tienden a decir que ganan menos de lo que realmente ganan.

[4] Si bien no todos los métodos de desagregación de la variación de la pobreza permiten hacer una desagregación exacta entre el efecto del crecimiento y el de distribución (es decir, queda un residuo), Mahmoudi desarrolla un método en el que la desagregación sí es exacta. En esta nota hacemos uso del método de Mahmoudi.

[5] Entre julio de 2012 y julio de 2015, la AUH subió 210% y el salario promedio bruto (es decir, antes de Ganancias) un 120%. La inflación fue del 119%.

[6] El coeficiente de Gini oscila entre 0 y 100 (o entre 0 y 1), y fue creado en el siglo pasado por el italiano Corrado Gini. Es una de las medidas más usadas para medir desigualdad; el coeficiente asume el valor 0 si el ingreso de una sociedad se repartiera en todos por igual, y 100 si una sola persona se quedara con el total del ingreso. Estos valores extremos nunca se dan a nivel de país; actualmente, los países más igualitarios del mundo (los escandinavos y algunos ex comunistas, como República Checa, Eslovaquia o Ucrania) tienen un Gini cercano a 25. Los países más desiguales (los del sur de África) tienen valores cercanos a 60. Argentina está en 43. A modo de referencia, durante el comunismo, los valores del Gini estuvieron en torno a los 18-22 puntos en países como Checoslovaquia. La Suecia de los años '80 (muy socialdemócrata) tuvo niveles de Gini cercanos a 20 también.