Debate presidencial: cuando el dedo tapa el bosque

Desde el oficialismo apuntaron contra el gesto de Fernández y en el entorno del candidato del Frente de Todos consideraron una muy buena performance del ex jefe de Gabinete. La rigidez del formato conspiró contra la confrontación de ideas.

Noelia Barral Grigera
14 de octubre de 2019 14:10 hs
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@nbg__

El primer debate presidencial 2019 no modificó sustancialmente el escenario electoral. El presidente Mauricio Macri hizo un papel no tan opaco como se esperaba y salvó la ropa en una parada difícil que fue aprovechada al detalle por el candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández. Los otros cuatro candidatos, José Luis Espert (Despertar), Nicolás del Caño (Frente de Izquierda y los Trabajadores Unidad), Juan José Gómez Centurión (Frente Nos) y Roberto Lavagna (Consenso Federal), en ese orden, aprovecharon con mayor o menor destreza las posibilidades de estar finalmente en igualdad de condiciones de visibilidad con los dos postulantes que concentraron el 80% de los votos en las PASO.

En los análisis que contrastan expectativas con resultado, Fernández emergió más agresivo que lo esperado. Sin embargo, el candidato del Frente de Todos no mostró ni dijo nada distinto de los que vienen siendo los ejes de su campaña y de sus entrevistas periodísticas. Sorprendió, sí, con una apertura fortísima contra Macri, llamándolo mentiroso. ¿Qué cara habrá puesto el Presidente?

Lo que no se vio del primer debate presidencial es, probablemente, lo que hubiera resultado más jugoso para las audiencias que marcaron casi 30 puntos de rating entre el cable y la televisión abierta, sin contar a los muchos que lo siguieron por streaming. La decisión de los equipos de campaña de los candidatos de apostar por una fórmula híper conservadora de intercambios le prohibió al director de cámaras, Woody González, mostrar en pantalla dividida esa reacción de Macri, o la de Daniel Scioli cuando Fernández recordó el debate de 2015, o la de la platea cuando Macri acusó a Axel Kicillof de proponer una narcocapacitación educativa. Difícil mensurar cuánto nos perdimos al no ver esos gestos, esas miradas.

Aunque no ganaron las tapas de los diarios, algo de esa información la aportaron las fotos que difundió el equipo del Frente de Todos en la previa del debate. Macri con gesto rígido, serio. Fernández, Lavagna y Espert, charlando sonrientes.

También el video que posteó en Twitter Jon Heguier apenas terminado el debate, cuando los candidatos se saludaron entre sí. Todo el grupo, excepto Macri, alrededor de Fernández; las palmadas en la espalda entre éste y Lavagna; el confuso cruce final entre el Presidente y el candidato del Frente de Todos. Todos detalles no verbales que de ser transmitidos para las casi 3 millones de personas que vieron el debate por televisión hubieran aportado un marco de lectura. Como aportó aquella foto del beso entre Macri y Juliana Awada con un Scioli con gesto adusto parado al lado, en 2015.

De los pocos gestos que sí se vieron, el Presidente focalizó en el dedo levantado de Fernández durante algunos tramos del debate. "Volvió el dedito acusador, volvió el atril", dijo Macri desde su atril. Para varios integrantes del Gobierno, ese gesto de Fernández fue "agresivo". No vieron la misma agresividad en acusar de narcotraficante al rival.

El debate perdió atractivo ante la imposibilidad de que los candidatos se crucen entre ellos, con pregunta y respuesta, como (una vez más) sí ocurrió en 2015 y también en el debate de los postulantes porteños, hace algunos días. Hubo apenas destellos de lo que una dinámica de ese tipo podría haber permitido en las varias veces en que a Fernández le tocó hablar justo después de Macri. Fueron además, esos pasajes, lo más destacables del candidato del Frente de Todos, que mostró allí su capacidad para exceder la rigidez de un formato gris, que desnaturalizó la esencia de un debate: la confrontación de ideas.

Tal vez la posibilidad de cruzarse hubiera generado, además, que alguno de los candidatos no fascistas les respondiese a Espert y a Gómez Centurión cuando hablaron de "el curro de los derechos humanos". O que los candidatos que valoran la gratuidad de la educación universitaria dijeran algo cuando Espert propuso arancelarla.

La inclusión de Fernández de la reivindicación de la soberanía sobre las Islas Malvinas en el eje sobre relaciones internacionales, que hasta aquí no había sido un tema de la campaña presidencial, obligó a que el resto de los candidatos se sumen explícitamente a sus palabras. Algo similar pasó con el Mercosur, aunque resultó disonante que Macri diga que su gobierno lo revitalizó. Esa fue una cuestión que, de todas formas, cruzó a todo el debate: al Presidente le jugó en contra el contraste entre su discurso y su gestión.