Chau, Zloto: te vamos a extrañar

Ezequiel Fernández Moores recuerda al periodista y economista.

Lo admito, siempre desconfié de la mayor parte del periodismo económico. Lo sentí, lo siento, demasiado cerca del poder. Los mercados, la Bolsa, el riesgo país. Nunca nombre ni apellido. Blindaje a la codicia y la desigualdad. Y confié menos de la mayoría de los analistas que van a la TV. Voceros. Nos advierten cuáles son las exigencias de sus mandantes. Y qué nos puede pasar si no les hacemos caso. (No hablo desde ningún olimpo y sé que el periodismo deportivo, al que siempre me dediqué, tiene lo suyo, pero siempre pensé que las consecuencias de panelistas gritones sobre si 4-3-3 o 4-4-2 producían mucho menos daño social que los informes económicos de quienes nos pronostican tormentas que nunca llegan y jamás nos avisan en cambio sobre las que sí se van gestando).

Hasta que en los '80, ya en democracia, comencé a compartir páginas en la revista El Periodista con Marcelo Zlotogwiazda. Un periodista que sí ponía nombre y apellido a los poderes económicos. Al poder permanente. Como lo siguió haciendo luego en Página 12, el segundo y último medio que compartimos. Tozudo hasta cuando jugaba al tenis. Yo siempre confiado en mi "calidad". Y él, que corría y corría. Y ganaba siempre. Lo provocaba diciéndole que no era un tenista, sino un "maratonista". Ni se inmutaba (habitual en él). Lo tomaría como un elogio. Si siguió corriendo maratones hasta menos de dos meses antes de morirse.

Y así como en los '80 puso nombres y apellidos (otros lo siguieron luego), en sus últimos programas, acaso conciente de que se acercaba el final, se dio hasta el lujo de retacearle micrófono a esos señores que no vota nadie pero que deciden casi todo. Se lo pasó a periodistas villeros. Y una noche, la última que lo vi en la tele, fue él mismo micrófono en mano a la Villa 31. Sin necesidad de gritos indignados. No era su estilo. Nunca lo necesitó. "Show, not tell" (Mostrar, no contar). La escena esa noche. Creo que nunca vi antes en los programas políticos de la tele una imagen tan frágil. Hambre y villa. Y Marcelo. Demacrado. Piel y huesos. Casi insoportable para quienes sabíamos que la lucha, siempre de bajísimo perfil, ya llevaba meses. Y que el desenlace, lo decía la imagen, estaba cerca. Pocas veces tanta fragilidad mostraba paradójicamente tanta potencia. La villa que resistía y denunciaba. Digna. Como el periodista. Chau Zloto. Te vamos a extrañar.