La fragilidad financiera de la Provincia, bajo la lupa

A días de las elecciones generales, Moody's decidió rebajar la calificación de deuda bonaerense. ¿Cómo está el gobierno de Vidal en esa materia?

Pablo López
17 de octubre de 2019 12:10 hs
 

Recientemente, la calificadora de riesgo internacional Moody's puso sobre la mesa la frágil situación financiera en la que se encuentra la Provincia de Buenos Aires, producto de errores en la estrategia de financiamiento instrumentada en los últimos 4 años.

El informe explica que decidió rebajar la calificación de deuda de la Provincia ya que sostiene que se ha incrementado el riesgo de cesación de pagos (por ejemplo, default) en la deuda provincial debido a su alta sensibilidad a las variaciones del tipo de cambio, la acumulación de vencimientos de deuda en los próximos meses y su delicada situación fiscal.

Repasando los números resulta evidente que a esta situación se llegó como resultado directo de las decisiones de gestión del gobierno de María Eugenia Vidal.

En efecto, igual que el gobierno nacional, la Provincia tomó malas decisiones posibles en materia de endeudamiento. Contrario a lo que indica cualquier manual de manejo responsable de pasivos, incrementó la deuda considerablemente, con un alto componente de deuda en moneda, bajo legislación extranjera, y a plazos cortos.

En números: según información oficial, para diciembre de 2015 la deuda bonaerense ascendía a 9.300 millones de dólares, mientras que actualmente asciende a cerca de 12 mil millones en moneda estadounidense. Pero esto no es todo. En 2015 el 57% de la deuda era en moneda extranjera, mientras que en la actualidad la deuda en en esa moneda es más del 82% del total. Para que quede claro, esto implica que la gestión de María Eugenia Vidal tomó deuda en dólares para cancelar deuda en pesos, en una provincia que como es evidente recauda en moneda nacional. Cada aumento del tipo de cambio incrementa los pesos de la recaudación necesarios para pagar deudas.

A este hecho de por sí grave, se suma que una parte de la deuda es de corto plazo, de tal manera que los vencimientos de deuda en los próximos 4 años ascienden a cerca de 9 mil millones de dólares. Este creciente endeudamiento estuvo lejos de tener su reflejo en el financiamiento de obras de infraestructura como alegan desde el gobierno bonaerense. Los gastos de capital en 2018 representaron solo el 6% del gasto total de la provincia, muy por debajo del promedio del resto de las provincias que fue del 15%.

Los números de la deuda bonaerense son, sin dudas, preocupantes, más aún cuando se considera la frágil situación fiscal de la Provincia. Durante 2018 y 2019, la recaudación creció sistemáticamente por debajo de la tasa de inflación, lo cual genera menores recursos en términos reales. Esto se debe a la profunda recesión que atraviesa, tal como lo demuestra la tasa de desempleo: a nivel nacional esta se ubica en el 10,6%, mientras que en los partidos bonaerenses del Gran Buenos Aires alcanza el 12,7%, según cifras del INDEC correspondientes al segundo trimestre de 2019.

Si bien el deterioro de los ingresos y del entramado productivo bonaerense se explica fundamentalmente por las políticas macroeconómicas nacionales, tampoco en este punto la gestión provincial está exenta de responsabilidad. La ausencia de políticas para paliar o compensar las pésimas condiciones macroeconómicas resultan evidentes.

El papel que ha jugado el Banco Provincia (BAPRO) en estos años es una prueba cabal de ello. En efecto, el BAPRO dejó de dedicarse a otorgar préstamos a la producción y de atender las necesidades de las PyMEs de la Provincia para especular con la renta financiera otorgada por el Banco Central y trasladar parte de la misma al gobierno provincial.

Los préstamos representaban más del 60% del activo del banco en 2015 y hoy son tan solo el 40%, mientras que los títulos de deuda que eran sólo el 10% del activo de la entidad financiera hoy explican más del 25%.

De este modo, el informe publicado por Moody's evidencia ciertos desmanejos en materia financiera en los que incurrió la actual administración.

Pablo López es economista, ex director del Banco Central y ex secretario de Finanzas de la Nación.