Ganó Macri, perdió Cambiemos

Mientras en el oficialismo hay quienes ya perfilan una oposición dialoguista con el muy probable gobierno del PJ, Macri dejó en claro que seguirá apostando a la grieta. Mal pronóstico para la unidad después de diciembre.

Noelia Barral Grigera
21 de octubre de 2019 13:10 hs
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Enérgico, más suelto, beneficiado por los ejes temáticos y por el orden que quedó definido por sorteo, el presidente Mauricio Macri atravesó airoso el segundo debate presidencial y dejó plasmada una advertencia de cara a lo que vendrá: si en Cambiemos hay quienes quieren y trabajan por la construcción de una futura oposición dialoguista y conciliadora, él no estará en ese grupo. A contramano de lo que piensan Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Alfredo Cornejo, Gerardo Morales, Martín Lousteau y Emilio Monzó, entre otros, el Presidente avisó en el tramo final de su campaña que él no quiere cerrar la grieta ni facilitarle los primeros meses de gestión a quien, si se confirman los resultados de las PASO, será su sucesor, Alberto Fernández.

Subido a la épica por la remontada, Macri insistió ayer en contraponerse a él y a su electorado contra un "ellos" al que, ocasionalmente, se refirió como "el kirchnerismo". Dentro de ese colectivo hay una gran parte de la ciudadanía para la que el Presidente debe gobernar hasta el 10 de diciembre, algo que no pareció afectarlo durante el debate. Macri siempre se mostró mucho más cómodo en el rol de candidato retador que en el de Presidente. Nunca dejó de ser opositor de la oposición.

Desde el 11 de agosto, dos líneas se configuraron en Cambiemos. Esa misma noche, cuando se robó el micrófono sobre el escenario, Elisa Carrió arengó a la multitud y pronosticó un "apoyo inamovible" del 33% para "la Argentina republicana". Un día después, Hernán Lombardi se sumó al grupo de la épica, con un mensaje por whatsapp que revirtió el enfoque que hasta ese momento tenía el Presidente sobre el resultado de las PASO. Macri pasó de pensar en reunirse con Alberto Fernández a convencerse de que "Sí, se puede". En la vereda de en frente quedaron los "dialoguistas", que buscan una oposición no confrontativa para el futuro. Muchos de ellos, de contacto permanente con Sergio Massa, "Wado" De Pedro y Máximo Kirchner. El segundo debate presidencial dejó claro que Macri los desautoriza.

La pregunta por la continuidad que sobrevuela a la coalición oficialista desde las PASO podría tener una respuesta más pronta de lo esperable si, desde el 10 de diciembre, Macri sostiene el perfil intransigente que mostró durante el debate. Algo que probablemente ocurra, como estrategia de cara a las elecciones de 2021.

"Así son ellos, no van a cambiar", repitió el Presidente en distintos momentos del evento en la Facultad de Derecho de la UBA, adonde por momentos funcionó en tándem con el candidato que prometió el plan económico que a Macri le hubiera gustado prometer: José Luis Espert. El postulante del Frente Despertar no tiene sólo el liberalismo económico en común con Macri, también apoyan al mismo candidato porteño: Rodríguez Larreta. Juntos, avanzaron contra Fernández con las preguntas sobre la corrupción kirchnerista.

El candidato del Frente de Todos tuvo momentos de impacto, como en el primer debate, con algunas frases durísimas contra el Presidente y su gestión. Ese fue el foco exclusivo de su estrategia, que funcionó en espejo con la de Macri: hablaron casi exclusivamente entre ellos, como si los otros cuatro candidatos no estuvieran. Fernández solo le respondió directamente a Espert cuando, un segundo antes, el candidato de Despertar le preguntó si no había visto o sospechado de los denunciados sobreprecios en la obra pública.

Se destacó en esta ocasión el candidato del Frente de Izquierda y los Trabajadores-Unidad, Nicolás del Caño, más suelto y acomodado al formato, con críticas centradas en el gobierno de Macri aunque sin dejar de marcar las contradicciones en el Frente de Todos, y con una de las únicas propuestas concretas de toda la discusión: la legalización del consumo de marihuana.

Deslucidos nuevamente, Roberto Lavagna y Juan José Gómez Centurión, que terminó de cerrar una página tristísima después del debate cuando llegó a las tres decenas de miles de seguidores en Twitter y posteó: "Estos sí son 30.0000", haciendo gala de su negacionismo de los crímenes de la última dictadura militar.