El armador impensado

Además de su rol clave en el acercamiento entre Cristina y Alberto, en las últimas horas se conoció que Juan Cabandié también fue nexo entre la ex presidenta y la familia Noble Herrera durante lo más álgido de la pelea entre su gobierno y el Grupo Clarín. ¿Qué otros vínculos intenta recomponer?

Noelia Barral Grigera
31 de octubre de 2019 11:10 hs
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El primer encuentro fue en el barrio de Belgrano y, aunque ninguno de los dos protagonistas recuerda exactamente la fecha, creen que fue entre 2009 y 2010. De un lado de la mesa, Vanesa Noble Herrera, esposa de uno de los herederos de la familia fundadora del Grupo Clarín. Del otro, Juan Cabandié, nieto recuperado número 77 y entonces legislador porteño en representación del kirchnerismo. La Justicia intentaba entonces establecer si los hijos adoptivos de Ernestina Herrera de Noble habían sido apropiados. Eran tiempos en los que los periodistas del Grupo escuchaban casi a diario una demanda repetida de la militancia peronista: "Devolvé a los nietos".

Las reuniones fueron reveladas por Vanesa en la entrevista que dio a Radio Con Vos este miércoles y confirmadas a Cenital por el equipo de trabajo de Cabandié. El hoy diputado nacional fue, además, uno de los facilitadores del acercamiento entre Cristina Fernández de Kirchner y Alberto Fernández en 2017, proceso que terminó con ambos electos para encabezar el Poder Ejecutivo Nacional desde el 10 de diciembre. Cabandié se reveló así como uno de los armadores impensados del kirchnerismo. Esos que trabajan en silencio y lejos de los flashes. Y que con sus movidas terminan generando impacto político nacional. "Puse un granito de arena", se ríe él entre sus conocidos.

El acercamiento entre Cabandié y los Noble Herrera tuvo lugar a partir de la familia de Vanesa. Una familia de historia y militancia peronista, a la que Cabandié conoció en plena guerra entre el Grupo y Cristina. Fue un familiar de ella el que les propuso a ambos el encuentro y así sucedió. Cuentan cerca del diputado que él, por su historia de nieto recuperado y su visibilidad pública en la búsqueda de los otros hijos de desaparecidos apropiados por la última dictadura militar, acompaña a muchos varones y mujeres que buscan su identidad. En este caso, la historia fue similar, aunque salpimentada por el entorno de cada uno de los protagonistas.

Mientras Vanesa y Felipe Noble Herrera esperaban conocer la identidad biológica de él, en medio de un proceso judicial viciado y tironeado políticamente, Cabandié le contaba primero a Estela de Carlotto y después a la propia Cristina de su vínculo con una de las herederas del Grupo Clarín. Fue una relación que nació de la necesidad de respuestas de Felipe pero que creció a partir de miradas comunes frente a la realidad del país. "Vanesa cada vez que habla públicamente deja conceptos muy interesantes. Ella habla del pueblo, de los laburantes de Clarín, junto con Felipe fueron a River la noche en que Juan Carr organizó la apertura del estadio para las personas que viven en la calle... Es muy interesante", detallan cerca del diputado.

Cuando Cabandié le contó a Cristina sobre esas charlas, la respuesta de la ex presidenta fue inmediata: "Me encantaría conocerla". Pero el encuentro no ocurrió porque, como contó Vanesa en la entrevista radial, ella decidió privilegiar sus "códigos" con el Grupo Clarín. Aunque, también dijo, el encantamiento por la posibilidad del encuentro era mutuo.

Seis años después de aquella historia, llegaría otro momento clave para este armador impensado del kirchnerismo. Corría 2016, hacía un año que Cristina había dejado el gobierno y ocho desde que se había peleado sin retorno con su amigo y ex jefe de gabinete, Alberto Fernández.

A pesar de aquel alejamiento y de las cosas que Alberto decía sobre Cristina y su segundo gobierno en los medios, Máximo Kirchner nunca había dejado de cruzar con él esporádicos mensajes de whatsapp. Fue a partir de una de esas conversaciones que un día hace tres años el hijo de la ex presidenta le dijo a Cabandié: "Armamos un encuentro en tu casa con Alberto".

En reserva, los tres comieron y hablaron de política hasta agotarse. Cuando Alberto se fue, Cabandié reflexionó sobre cuánto se había encerrado sobre sí mismo el kirchnerismo y le dijo a Máximo: "Este tipo es muy necesario. Voy a seguir frecuentándolo". Y así fue.

Meses después, Cabandié y el ex jefe de gabinete negociaron durante semanas para que Alberto se sumara al armado de Unidad Ciudadana en la elección de 2017 en la Ciudad de Buenos Aires. Intentaron armar una lista conjunta, pero no hubo acuerdo y Fernández cerró con Florencio Randazzo. "Todo lo que habíamos avanzado, lo retrocedimos con él yéndose ahí", lamentan en retrospectiva en el kirchnerismo. La derrota a manos de Cambiemos no sólo en la provincia de Buenos Aires sino también en el resto del país fue el sacudón final para dar el último paso que le faltaba a la historia.

Al otro día de haber perdido las elecciones, Cabandié y Alberto se juntaron. Café de por medio, el diputado le propuso que se reuniera con Cristina. Fernández dijo que sí. Entonces, el armador impensado del kirchnerismo se trasladó hasta el Instituto Patria y le propuso lo mismo a la ex presidenta. Ella quedó en pensarlo. Dos días después, le dio luz verde.

Comenzaron entonces los preparativos para un encuentro de altísimo voltaje político para el que el ex jefe de gabinete de Néstor y Cristina Kirchner había puesto una sola condición: reserva. Se la garantizaron. Y combinaron una fecha: 18 de diciembre de 2017 en el Instituto Patria.

Alberto salió ese día de su departamento en Puerto Madero apenas diez minutos antes de la cita. Con ese tiempo, alcanzaba a recorrer sin problemas las 40 cuadras que lo separaban de Cristina, estimó. Pero los alrededores del Congreso (a tres cuadras del Instituto Patria) eran zona de guerra. La Cámara de Diputados debatía por segunda vez en una semana la reforma previsional de Mauricio Macri y en la Plaza Congreso la Policía de la Ciudad reprimía a los manifestantes que rechazaban la ley. Alberto llegó 50 minutos tarde.

Cuando finalmente apareció en la puerta del Patria, llovía. Llegó acompañado de Claudio Ferreño. Cabandié los esperaba impaciente en la puerta.

El diputado los acompañó a subir las escaleras hasta las puertas de la oficina de Cristina. Alberto entró y él y Ferreño se miraron. "Qué importante esto", festejó medido el amigo de toda la vida de Fernández.

La conversación entre ambos empezó por aclarar los puntos de discordia y terminó horas antes del 18 de mayo de 2019, cuando ella anunció públicamente que él sería candidato a presidente. "Son dos mentes brillantes. Además, el kirchnerismo eran tres. Siempre fueron tres. Nosotros nos enfocamos mucho en Néstor y Cristina, pero eran tres", reflexionan a la distancia cerca del diputado.

En las últimas horas, se multiplicaron cerca de Cabandié los que le preguntan a quién intentará acercar ahora. Se lo preguntan en tono jocoso pero también en reconocimiento a su granito de arena silencioso en el armado kirchnerista. Él se ríe y no responde. Aunque en su círculo más íntimo saben que tiene en mente una sola elección más este año, a la que considera importantísima, y por la que está trabajando día y noche. Es también una elección en la que el peronismo busca sacar al macrismo del poder.