¿Qué herencia económica deja Macri?

El legado en materia fiscal, financiera e industrial será un problema de difícil solución para la gestión de Alberto Fernández. ¿Qué herramientas positivas deja el oficialismo?

Mara Ruiz Malec
3 de noviembre de 2019 10:11 hs
mara@cenital.com  
@marucha_rm

El panorama económico para el próximo gobierno es complicado. La Argentina va a contar con limitados grados de libertad para hacer política económica, en un contexto internacional muy particular. Vamos a repasar la "pesada herencia" que deja Cambiemos.

La situación fiscal

Uno de los logros que el gobierno se atribuye es haber bajado el déficit fiscal. En particular, el déficit primario (lo que recauda el gobierno versus lo que gasta sin contar los intereses) cerraría el año en un valor de entre -0,5% y -0,8% del PIB, mejorando el resultado respecto al 2015, cuando fue (medido con la misma metodología) de -3,8%.

¿Qué significa esto? Para el gobierno actual, no tener déficit primario es condición para que la economía crezca. El razonamiento es algo así como que si el Estado gasta más de lo que tiene, está consumiendo recursos presentes y futuros que podrían ir a financiar al sector privado. Condición o no, lo cierto es que Argentina ha tenido pocos momentos de resultados fiscales positivos. No siempre coincidieron con períodos de auge. En la convertibilidad hubo resultado primario positivo muchos años y ya sabemos cómo terminó.

Lo que sí es cierto es que al déficit hay que financiarlo. Hay varias maneras y todas tienen sus problemas. Por eso, sería importante recibir un país con un Estado equilibrado.

Sin embargo, este no es el caso por dos motivos. El primero y más evidente es que lo que importa es el déficit total, que incluye intereses. Seguimos con un saldo en contra equivalente al 4,4% de lo que produce el país en un año. Lo que es una caída del déficit de casi tres puntos cuando se mira el primario se convierte, en el mejor de los casos, en una caída de menos de un punto mirando el déficit total. Parece poco si se tiene en cuenta que efectivamente buena parte del gasto público bajó de manera bastante pronunciada. Los subsidios al consumo de servicios públicos descendieron a la mitad como porcentaje del gasto. Ojo, que esto también significa que siguen teniendo un peso relevante, a pesar de los fuertes tarifazos. Ocho de cada cien pesos van a subsidios (antes eran dieciséis). La caída del gasto en obra pública fue brutal. Hoy se invierte, en términos reales, la mitad que en 2015.

Pero esta no es la única mala noticia. Este déficit primario "casi cero" de 2019 contuvo recursos extraordinarios. Por extraordinarios quiero decir que no se van a repetir el año que viene. Liquidación de Fondos, ventas de centrales térmicas. Las retenciones fueron repuestas, pero al tener un tope en pesos, de no mediar cambios no crecerían el año que viene como lo hicieron este año, aun si el dólar aumenta. A esto se deben sumar los compromisos de baja de impuestos asumidos en la reforma tributaria de 2017, en particular de las contribuciones patronales. Estas rebajas tenían una implementación gradual, lo que implica que en 2020 se bajarán esos impuestos respecto a este año. De esta forma, el Instituto de Trabajo y Economía calcula que, aún sin que aumente el gasto público, el año que viene el Estado Nacional tendría un déficit de -1,6% del PIB por la caída proyectada en los ingresos.

La situación financiera

Los déficits hay que financiarlos y la restricción más evidente que deja este gobierno es el cierre de los mercados de deuda. El macrismo gastó en menos de tres años la bala de plata que le dejó el kirchnerismo. El logro, cuestionables sus formas y montos, de haber avanzado sobre el conflicto con los fondos buitre se agotó demasiado rápido.

Los problemas son de corto y mediano plazo. Para el año que viene, Alberto Fernández necesita cerca de 20 mil millones para pagar deuda en dólares con el sector privado y más de un billón de pesos para pagar vencimientos en pesos. Parte de esto se debe al reperfilamiento encarado por Lacunza, que abultó los vencimientos de un 2020 que no era tan acuciante (aunque cuando te prestan cero dólares, todo programa de vencimientos es prohibitivo).

Empecemos por la divisa norteamericana. Estos 20 mil millones son solo para pagar deuda, porque suponemos que la economía no se recupera de golpe y que, por lo tanto, los dólares que aporta el sector exportador alcanzan para que nuestra economía funcione.

En 2022 y 2023 habrá vencimientos con organismos internacionales (principalmente con el FMI) por cerca de 20 mil millones cada año, a lo que hay que sumarle los vencimientos de deuda de mercado. Se hace evidente que se necesitan dos negociaciones para al menos reperfilar vencimientos. Una con los acreedores privados y otra con el Fondo.

La parte de pesos también es complicada, porque hoy el gobierno tampoco logra colocar deuda en nuestra moneda. Ni siquiera será fácil solucionarlo recurriendo al sector público. El Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES tiene límites normativos para invertir en activos del Tesoro, y efectivamente está bastante al límite. El Banco Central podría volver a prestarle al Tesoro, algo que, aunque implica emitir dinero, se vería reflejado en los números de deuda del Estado Nacional. Para que esto no suceda, el gobierno también podría hacer uso de las ganancias del Banco Central, pero para eso, tiene que cerrar el 2019 con ganancias. Parte del activo del BCRA se encuentra comprendido por unos títulos que en su momento el Tesoro colocó a cambio de reservas que se utilizaron para pagar deuda. Esas letras son intransferibles, el BCRA debe guardarlas hasta su vencimiento. Antes, estaban valuadas, justamente, al valor que pagan el día que vencen. Al titular de la entidad Federico Sturzenegger se le ocurrió valuar esas notas tomando en cuenta el rendimiento de otros activos argentinos. ¿Vieron que el precio de los bonos argentinos se fue al piso? Bueno, si se usa la "metodología Sturzenegger", hoy el Banco Central tiene pérdida, no ganancia.

A todo esto, estamos haciendo abstracción de posibles efectos negativos del financiamiento con emisión. Suena algo lógico. La economía está en recesión (no tenemos inflación porque la gente esté comprando mucho) y los posibles efectos de mayor cantidad de dinero en la economía sobre el dólar (oficial) están blindados por los controles de cambios. Igual, a quien no le gusta nada la idea de que el BCRA vuelva a financiar al Tesoro es al FMI.

El acuerdo con el Fondo es quizás la peor herencia. Con 12 mil millones de dólares en desembolsos pendientes (de los cuales en realidad 5,4 correspondían a esta gestión), nos deja no sólo una deuda a la fecha de casi 45 mil millones sino la necesidad de coordinar políticas económicas con este organismo para lograr, al menos, patear los vencimientos, ultra concentrados en los próximos años de gestión.

La fábrica cerrada

Cuando se toma una deuda, lo que hay que mirar no es tanto la deuda en sí sino la capacidad de repago. ¿Tiene Argentina capacidad de salir del pozo? La destrucción de habilidades no fue menor. El Producto Bruto Interno medido por cada habitante -si se cumple la proyección de caída del FMI para este año- finalizará un 9% por debajo de 2015. La tasa de inversión (la inversión respecto al PBI) era de 19,5% en 2015 y este año terminará en 15,7%. Como dijimos más atrás, no hubo un boom de infraestructura, pese a la propaganda oficial. El gremio de vialidad nacional incluso afirma que se construyeron menos rutas, mientras que los datos de la Encuesta Permanente de Hogares ponen en duda que se haya avanzado en materia de cloacas mucho más rápido que antes. La industria produce un 10% menos que hace cuatro años, la utilización de la capacidad instalada apenas alcanza el 60% en los últimos meses y se destruyeron casi 160 mil puestos de trabajo registrados en la seguridad social en el sector privado. El salario real podría terminar entre un 15% y un 20% por debajo de 2015, de acuerdo con la actividad. No hay estadísticas estrictamente comparables, pero se estima que más de 4 millones de personas cayeron por debajo del umbral de ingresos necesario para no ser pobres. No sólo que no esto no se resuelve de un día para el otro sino que el mero tránsito por el desempleo, la precariedad y la pobreza generan muchas veces efectos en las personas que perduran por mucho tiempo.

Otros indicadores importantes tampoco tuvieron buenos resultados. La inflación de 2018 y la de 2019 son las más altas desde la salida de la hiper a principios de los '90. Las tasas de interés siguen siendo altas para el crédito productivo pero bajas para tentar al ahorrista en pesos, controles de cambios mediante. Sobre estos últimos, se deja un esquema muy restrictivo, más que el recibido en 2015, lo cual deja espacio para ir modificándolo de acuerdo con las circunstancias sin asustar tanto "al mercado".

¿Hay algo que haya hecho el Gobierno que pueda ayudar a transitar mejor la próxima etapa?

Quizás el hito más importante haya sido recuperar la credibilidad del INDEC. Si bien perfectible, los indicadores de precios de hoy son aceptados por la mayoría de los empresarios y sindicatos. Esto será crucial si parte de la estrategia antiinflacionaria descansará en un acuerdo de precios y salarios. No hay acuerdo posible si no hay una referencia, algo que el kirchnerismo pagó muy caro.

Se avanzó sobre algunas leyes productivas. La ley de compre nacional quizás sea la más importante en este sentido. La posibilidad de establecer preferencias para las compras del Estado es una de las pocas políticas de generación de valor nacional que todavía permite usar la Organización Mundial de Comercio (OMC). Esta ley debería ser mejorada si quiere ser efectiva, pero definitivamente representó un avance.

El tipo de cambio efectivamente es más "competitivo" que antes, aunque habrá que ver si esto puede -y a qué costo- sostenerse. Las exportaciones si bien no vieron ningún boom, han dejado de caer (aunque en esto también tuvo que ver el panorama externo). La quita de retenciones original al trigo y al maíz efectivamente ayudó a aumentar la producción, algo que deberá ser tenido en cuenta por el próximo gobierno.

En materia social, la inclusión de los hijos e hijas de monotributistas en la Asignación Universal saldó una diferencia importante.

Quizás la mejor herencia tiene que ver con el efecto que generaron los errores cometidos. Un cierto consenso de que Argentina requiere pensar una política cambiaria (y que eso significa tener regulaciones sobre el mercado de cambios) y que librar a las fuerzas del mercado la inversión y la producción, sin ayuda del Estado y matando al mismo tiempo al mercado interno en pos de un equilibrio fiscal que nunca llega, puede ser el mejor faro que dejen estos cuatro años de Cambiemos en el poder.