Crujen los cimientos del alumno modelo

La permanencia de la gente en las calles le abrió la puerta a una demanda extendida en un sector de la sociedad chilena: cambiar la Constitución. En las últimas horas, Sebastián Piñera dejó abierta esa puerta.

Leticia Martínez
9 de noviembre de 2019 13:11 hs
leticia@cenital.com  
@aletimartinez

Desde Santiago de Chile. - La profundización de los reclamos en Chile acorrala a Sebastián Piñera que ahora asegura que es "urgente" avanzar en modificaciones profundas. Desde el inicio de las revueltas, el presidente trasandino intentó todo para evitarlas: acusar de vándalos a quienes se manifestaban, utilizar la fuerza policial, decretar el Estado de Emergencia y el toque de queda, cambio de Gabinete y el anuncio de medidas que buscaban calmar los ánimos. En las últimas horas, el mandatario chileno comenzó a hablar por primera vez con más fuerza sobre el mayor reclamo que prevalece en la sociedad: cambiar la Constitución.

Mad Max

Bancos, supermercados y correos completamente quemados. Vidrios rotos y carteles caídos. En las paredes no queda espacio para otra escritura. "Piñera asesino", "paco violador", "hasta que la dignidad se haga costumbre", son algunas de las frases que predominan en la ciudad de Santiago. Parece lejana esa imagen de la capital que destacaban por su limpieza e infraestructura para hablar del desarrollo del país trasandino. En las calles santiaguinas hoy se respira bronca, malestar y también esperanza.

"Lo que pasó en el '73 estuvo bien porque ahora estamos volviendo a lo mismo", asegura el chofer que recibe a Cenital en el Aeropuerto Arturo Merino Benítez con respecto al golpe de Estado que Augusto Pinochet encabezó contra el presidente socialista, Salvador Allende. Vladimir Tonich se muestra enojado por las protestas que se realizan en el país desde el pasado 18 de octubre. Vive en Renca, una de las regiones del Gran Santiago más afectadas, y según cuenta saquearon e incendiaron los 8 supermercados que había en la zona.

Pese a mostrarse contrario a las manifestaciones, Vladimir asegura que está de acuerdo con las demandas. "Chile es tremendísimamente caro, con un sueldo mínimo no vives y con la pensión debes seguir trabajando", cuenta el chofer mayor de 60 años que atraviesa esa situación. Se despertó a las 4 de la mañana para trasladar turistas y su labor no terminará hasta las 21. Las jubilaciones que están en el sistema privado de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), equivalentes a las AFJP argentinas, rondan los 110 mil pesos chilenos, cuando algunas consultoras arrojan que se debe cobrar algo más de 165 mil para no estar debajo de la línea de la pobreza. "Ni pierdo el tiempo en votar, esté quien esté va a robar igual", concluye el chofer, en una clara demostración del descreimiento que hay sobre la política, en un país donde el voto no es obligatorio y sufraga menos de la mitad de la población.

Las balas que vos tiraste van a volver

Después de tomar los datos, el recepcionista del hotel céntrico en Santiago ofrece barbijos y cuenta que al lado del mostrador hay una botella con agua y bicarbonato. Esa mezcla sirve para paliar los síntomas que genera respirar el gas lacrimógeno que arrojan los carabineros. Llama la atención que un alojamiento, y siendo de noche, se tengan esos recaudos. Pero con las horas vamos a ir entendiendo que nadie que esté cerca del centro se va a salvar de recibir la "arma antidisturbio".

Es el día 18 de protesta y se espera un "superlunes", en alusión a la marcha que se va a realizar por la Alameda, calle que une el Palacio de La Moneda con Plaza Italia, espacio donde se realizan las manifestaciones más masivas como las del viernes 25 de octubre que reunió a más de un millón de personas. La hora pactada es a las 17, pero desde unas horas antes las manifestantes se dan cita a través de las redes sociales.

La marcha es masiva. Se visualizan especialmente jóvenes que tapan sus caras y llevan consigo limón y agua con bicarbonato para hacerle frente a las lacrimógenas. "Ya vas a ver, las balas que vos tiraste van a volver", corean los manifestantes en lo que hasta el momento es una marcha tranquila. De pronto los carabineros empiezan a hacer una encerrona con carros hidrantes, arrojan gas y tiran balines. En respuesta, algunos de los manifestantes ingresan a lo que supo ser un banco que ahora se convirtió en un local irreconocible por las quemaduras. Sacan los últimos muebles que quedan dentro, los llevan a la calle y hacen una gran fogata. Delante de esa situación, una mujer toca el violín y la escena parece surrealista.


No fueron las pastillas, fueron los hombres de gris

El gas lacrimógeno es un arma química que se utilizó en la Primera Guerra Mundial y que la Convención de Ginebra en 1993 prohibió para los conflictos bélicos. Sin embargo, son unos cuantos los países que lo usan como "arma antidisturbio" en protestas, como es el caso de Chile. El arma considerada no letal genera sequedad en la boca, lagrimeo constante y picazón en todo el rostro. Nadie que esté en las proximidades se va a salvar de recibirla, pero tampoco va a faltar quien tire agua con bicarbonato o te ofrezca un pedazo de limón para morder.

El fin de semana llegó a Santiago una delegación de derechos humanos encabezada por la Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, y el presidente de la Fundación para la Democracia, Guillermo Whpei, donde pudieron conversar con heridos y denunciaron que los mecanismos de represión no son nuevos sino que son "sistemáticos". Recibieron además las denuncias de personas que aseguran haber sido víctimas de métodos de tortura utilizados durante la dictadura, como desnudamientos, crucificciones e incluso violaciones sexuales.

Hasta el momento, se calcula de acuerdo a las distintas organizaciones, entre ellas la Cruz Roja, que hay más de 2200 heridos, al menos 24 muertos, 3 desaparecidos, más de 5 mil detenidos y 19 denuncias de abuso sexual. Además según el Colegio Médico de Chile (Colmed) hay al menos 180 personas que perdieron un ojo como consecuencia de los balines de gomas que disparan los carabineros. Según la organización el número es récord en el mundo ya que superó a las 154 lesiones similares en Palestina, en el marco del conflicto con Israel, en un plazo de 6 años.


Bye bye, Carta Magna

Cuando se anunció la suba del precio del subte que pasaría de 800 a 830 en hora pico, estudiantes de secundaria comenzaron a organizarse a través de las redes sociales para organizar evasivas, por la cuales saltaban los molinetes sin pagar. Si bien los jóvenes no se veían afectados por el descuento que tienen, afirmaban que lo hacían por sus padres. Durante una semana se sucedieron estas pequeñas manifestaciones, a las que Piñera tildó de "vándalos", sin imaginarse que estos alumnos estaban comenzando a prender una llama imposible de apaciguar, cuando comenzó a sumarse el resto de la sociedad y se convirtió en masivas protestas que ya lleva más de 20 días desde su inicio.

Las jubilaciones, la salud, la educación, los salarios, se encuentran entre las principales demandas que exigen los manifestantes. La declaración de Emergencia y el toque de queda generó mayor malestar en la sociedad, que salió con más fuerza a las calles y comenzó a pedir la renuncia de Sebastián Piñera, quien entre las medidas que tomó cambió a parte de su Gabinete y anunció recientemente un paquete de leyes de más mano dura para frenar el conflicto. La demanda que más se escucha en estos días tiene que ver con el pedido de una Asamblea Constituyente para modificar la Constitución, debido a que consideran que es la única forma de cambiar de raíz el sistema enraizado en territorio chileno.

Las protestas no ceden pese a la cantidad de días y el desgaste lógico que genera el tiempo. Las opción más válida para poner fin al estallido social, podría ser que el Gobierno contribuya para avanzar en una Asamblea Constituyente, Piñera se había mostrado reticente al principio y ahora sostiene que estaría dispuesto a conversarlo. Los manifestantes no parecen estar dispuestos a dar atrás con sus demandas.