Arena de conflictos

Luego de los intentos fallidos por detener la construcción del estadio cubierto, los vecinos de Villa Crespo buscan reducir la cantidad de recitales para evitar los efectos negativos en un barrio mayoritariamente residencial.

Fernando Bercovich
10 de noviembre de 2019 11:11 hs
fernando@cenital.com  
@ferbercovich

Hace por lo menos dos años que los vecinos de Villa Crespo están en vilo por la construcción del estadio cubierto más grande del país en Humboldt y Camargo, al lado de la cancha de Atlanta. ¿Qué implicancias tiene su funcionamiento para un barrio cuyo uso es mayoritariamente residencial?

La historia empezó en 2012, cuando el Estado porteño le cedió por 40 años al club la explotación del terreno público y Atlanta a su vez subcontrató a la empresa Lugones Center para la construcción y explotación de lo que iba a ser un microestadio social y deportivo. La compañía abandonó la obra luego de un derrumbe y dejó de pagar el canon que venía pagándole a la institución deportiva y que resultaba fundamental para sus finanzas. Cuando el diario La Nación y AEG Worldwide se mostraron interesados en continuar la obra, el club, que además se había tenido que hacer cargo de varios juicios luego del derrumbe, los vio como salvadores.

La construcción del estadio afectó sobre todo a los vecinos que viven en las manzanas más cercanas. Cortes de luz, circulación de camiones y temblores hasta la noche y desde muy temprano. Pero el viernes pasado, cuando Tini Stoessel inauguró el Movistar Arena, se hicieron carne viejos temores.

"Lo que nosotros temíamos -y se está concretando- es que el funcionamiento de un estadio iba a implicar el cambio de la vida en el barrio. Tres o cuatro recitales por semana en la zona irrumpen en la vida cotidiana de la gente. Se arman colas, el barrio se llena de policías y de vendedores ambulantes y los negocios que no pueden vender alcohol a partir de las cuatro de la tarde. Para ir hasta tu casa tenés que mostrar que en el DNI figura esa dirección y sino no te dejan pasar. Si querés invitar a alguien a tu casa quizás no puede pasar", cuenta Ingrid de Jong, una de las vecinas agrupadas contra la construcción del estadio, a Cenital.

Con casi el doble de capacidad que el Luna Park, el Movistar Arena puede alojar hasta 16 mil personas. AEG Worldwide construyó alrededor de 120 arenas similares al emplazado en Villa Crespo, pero ninguno de ellos parece estar en medio de calles estrechas, sino más bien rodeados de avenidas, playas de estacionamientos o espacio público.

El desorden del tránsito es una de las mayores quejas de los vecinos. Aunque los desarrolladores se habían comprometido a habilitar por lo menos 1.600 plazas de estacionamiento, el día de la inauguración sólo abrieron un bajo tribuna de la cancha de Atlanta donde se podían guardar autos, para lo cual permitían que los que se dirigían al espectáculo circularan contramano por Humboldt.

Ese mismo día un hombre de 35 años murió atropellado por un colectivo mientras cruzaba la avenida Juan B. Justo a la altura de Camargo. Según los testigos, la persona fallecida comenzó a cruzar la calle por el carril de autos particulares, que se encontraba detenido, y al llegar al carril exclusivo del metrobús fue atropellado. "La muerte del vecino se da en el contexto del recital, cuando habían cortado el tránsito en cinco calles de la zona y el flujo normal del tránsito había cambiado", sentencia De Jong.

Uno de los argumentos más comunes a favor de construir estadios de este estilo es económico: se "revitaliza" la zona por el consumo de las multitudes que acuden a los espectáculos. Si bien es cierto que cierto tipo de comercios, como restaurantes y bares, pueden mejorar sus ventas, estos no son el tipo de comercios que suele haber en barrios residenciales. Y los impactos económicos negativos también existen. Para el dueño de una vivienda en la zona lindera al estadio el precio de venta de la propiedad probablemente baje, mientras que el alquiler de un local típico de barrio de uso residencial, como puede ser un almacén o una verdulería, probablemente suba, ya que el dueño tendrá la perspectiva de alquilarlo para otro uso por el que podría cobrar más.

¿Y quiénes ganan? Fuera de las tres empresas vinculadas (La Nación, AEG Worldwide y Movistar) no parece haber demasiados ganadores. ¿El Estado? "No recibe nada, ni siquiera los impuestos ya que en la cesión del terreno está contemplado que aquellos que exploten el predio no paguen ninguno", responde la vecina que se opone al microestadio. Atlanta sí recibe algo, ya que en la ley que autoriza la cesión del predio para la construcción del estadio -votada positivamente por casi todas las fuerzas políticas en la Legislatura- se establece un canon de alrededor de 50 mil dólares mensuales para el club. Aunque para una institución deportiva en serias dificultades económicas parezca una cifra alta, los vecinos calcularon que ese número representa apenas el 0,2% de las ganancias que obtendrá La Nación y compañía por la explotación del predio.

Si bien los vecinos lograron frenar un tiempo la inauguración del estadio, un último estudio de impacto ambiental -necesario para toda obra grande en la ciudad, pero que no se había hecho y fue forzado por el recurso de amparo de los vecinos- dio el visto bueno. "No está bien hecho, lo dicen los peritos especializados pero a la Agencia de Protección Ambiental de la Ciudad no le importa", afirma indignada De Jong.

Ahora que el estadio ya está funcionando los vecinos parecen, por el momento, resignados a negociar ya que ninguno de ellos está en condiciones de presentar un nuevo amparo porque si pierde tendría que pagar una millonada por lucro cesante. "Mientras tanto pedimos mediante una ley que se baje la cesión de los terrenos a 20 años, que la empresa pague los impuestos que le corresponde y que se dedique sólo a espectáculos deportivos diurnos", sostienen los vecinos organizados. Así, intentan bajar el volumen de eventos (hay 20 espectáculos previstos hasta fin de año) y evitar que las personas que concurren al estadio lo hagan en auto. Muchos deciden llegar en auto porque a la salida de los espectáculos nocturnos el subte no funciona y la frecuencia de colectivos es baja.

Si bien por ahora todo indica que el estadio va a seguir funcionando las luchas de vecinos contra estadios -especialmente aquellos destinados a espectáculos musicales masivos-no escasean en la ciudad de Buenos Aires. Habitantes de Núñez y de Caballito lograron que no haya más shows de ese tipo en los estadios de River y Ferro, respectivamente.