Elecciones en España: 4 claves para entender el resultado del domingo

La maniobra de Sánchez fracasó. La extrema derecha se dispara y Ciudadanos se hunde. Si formar gobierno en abril era difícil, ahora lo es más.

Juan Elman
12 de noviembre de 2019 11:11 hs
juan@cenital.com  
@juan_elman

Lo sabemos: todo lo que sucedió en Bolivia dejó poco lugar para el resto del mundo. Pero el domingo también hubo elecciones en España. A los escenarios de inestabilidad política se les suma uno nuevo. Los resultados dejan un escenario de bloqueo, donde ningún partido o bloque ideológico suma los escaños necesarios para formar gobierno. Hay menos posibilidades que en abril. Para salir de la situación, Pedro Sánchez, presidente en funciones, deberá conseguir votos de la derecha o de fuerzas independentistas catalanas. Este martes dio el primer paso, al sellar un preacuerdo con Unidas Podemos, pero no es suficiente.

El PSOE de Sánchez obtiene 120 escaños, tres menos que en abril. El Partido Popular se recupera ligeramente de la anterior contienda: pasa de 66 a 88. Una de las sorpresas de la elección fue la irrupción de Vox, un partido de extrema derecha nacionalista, que obtiene el tercer lugar y duplica sus escaños: reúne 52. Unidas Podemos alcanza los 35 escaños, siete menos que antes de la repetición. La otra gran sorpresa de la jornada fue el desplome de Ciudadanos, mayor que el augurado por las encuestas, que pasa de 57 a 10 escaños, dejando fuera del Parlamento a varias figuras de su dirigencia. Así, junto a otros partidos minoritarios, el bloque de izquierdas suma 160 escaños, diez más que la derecha pero lejos de 176, la mayoría requerida para gobernar.

Estas son algunas claves de la elección del domingo.

Sánchez se equivocó

Durante el transcurso de la larga y fallida negociación con Unidas Podemos después de las elecciones de abril, Sánchez especulaba con que una repetición de los comicios le iba a otorgar una mayoría más holgada, con la posibilidad de prescindir del apoyo de los morados para el gobierno. Se equivocó. Las elecciones no solo le hacen perder escaños a su formación: también baja Unidas Podemos, sus potenciales aliados, y Ciudadanos, que también pudo haber salvado la investidura hace un par de meses. La izquierda retrocede y la derecha avanza, con la extrema derecha como el partido que más crece desde abril. Sánchez forzó unas nuevas elecciones para mejorar sus alternativas para formar gobierno y no depender de Unidas Podemos y de la abstención de los catalanes. No solo no lo consigue: sus opciones se reducen aún más.

Vox se dispara

En abril, Vox hizo un desembarco simbólico pero a la vez modesto: obtuvo el 10% de los votos y 24 escaños, un resultado menor al que pronosticaban algunas encuestas y menor al de otras fuerzas de calibre similar en Europa. Entraron al Parlamento por primera vez desde el franquismo, es cierto, pero no dieron el golpe, como algunos analistas advertían. En noviembre la película es diferente: Vox aumenta más de un millón de votos, 5 puntos porcentuales y duplica sus escaños. La ola de protestas independentistas en Cataluña, la disminución en la participación electoral y el hartazgo con la repetición de los comicios son algunos de los motivos que explican la mejora en la performance de esta fuerza nacionalista, que recupera insignias del franquismo, se opone al feminismo y a la migración y denuncia tanto al progresismo como a la 'derechita cobarde'. Es del Partido Popular de donde provienen la mayoría de sus votos.

El resto de la derecha se rearma

El Partido Popular (PP) mejoró considerablemente su perfomance de abril, la peor de su historia, pero esta sigue siendo de las más bajas comparada con los últimos años. Aun así, el festejo no es solo por la veintena de escaños ganados: con este resultado se afirma como líder de la oposición y empuja a la banquina a Ciudadanos, un rival que lo amenazaba desde el centro y en abril se decía que podía superarlo. La amenaza naranja quedó desactivada para el PP, que ahora tiene que prestar atención al otro flanco: Vox ya es un peligro serio desde la derecha, lo que probablemente influya en la postura de Casado ante un eventual gobierno de Sánchez y específicamente en la cuestión catalana, de la que los ultras han sacado provecho.

Lo de Ciudadanos ya es una historia aparte. Tras el fiasco del domingo, Albert Rivera, que comanda la formación hace más de una década y que hasta hace un año se decía que podia ser presidente, dimite como líder y abandona la política. La favorita a sucederlo es Inés Arrimadas, la política estrella de Barcelona que confronta con el independentismo. El partido ahora entra en una etapa de reconfiguración y seguramente se verá obligado a encontrar una nueva estrategia. El giro a la derecha de Ciudadanos de este año, abierto a pactar con Vox y vetando al PSOE, lejos de las credenciales liberales que supo portar, seguramente se pondrá en discusión.

Lo que viene: rosca o elecciones

Al igual que abril, Pedro Sánchez es el único líder con la capacidad de formar gobierno. Pero la tendrá difícil. Había solo dos escenarios diferentes al que fracasó aquella vez: una gran coalición con el PP, algo que ambos actores descartaron, o un acuerdo con el resto de la izquierda, partidos nacionalistas regionales y Ciudadanos, que no marida bien con el resto de la izquierda y es una apuesta tan arriesgada como incierta. La alternativa que ahora busca es la que fracasó en las últimas elecciones: un acuerdo con Unidas Podemos -el único por ahora consumado- y el resto de la izquierda, los partidos nacionalistas regionales y la abstención de ERC, los independentistas catalanes de izquierda.

El fracaso de la investidura había alejado a Sánchez de los morados, con los que estuvo a punto de formar una coalición de gobierno, con tres ministerios y una vicepresidencia de carácter social para la formación que comanda Pablo Iglesias. Este los había rechazado, pidiendo competencias en áreas estratégicas, como Trabajo o Vivienda. Cuando Iglesias cambió de opinión, ya era tarde, pues Sánchez estaba convencido de que las elecciones lo iban a fortalecer. Ahora, la pérdida de votos de ambas fuerzas con la derecha en alza del otro lado traccionó: ambas formaciones han llegado a un acuerdo este martes, en el que Iglesias será vicepresidente en un eventual gobierno. Los detalles no han sido publicados, pero el pacto, tejido horas después de la elección, es una buena señal. Sánchez podría encabezar el gobierno más progresista en décadas, tras la incorporación de los morados a una coalición.

El acuerdo entre ambos no es suficiente, ya que Sánchez deberá obtener una abstención de los independentistas, de los que se ha alejado luego de las protestas en Cataluña que siguieron a la sentencias del Proces. El líder del PSOE seguramente deberá tomar una postura más clara respecto a la situación catalana, que podría condicionarlo en un eventual gobierno.

Las urnas hablaron y la izquierda, que tiene la llave de gobierno, ya comenzó a articularse. Sánchez buscará el envión para sumar los apoyos que faltan. O unas nuevas elecciones se avecinan.