Y un día, Monzó salvó la unidad en Cambiemos

El interbloque amenazaba con anticipar la ruptura por las distintas posturas frente al golpe de Estado en Bolivia. El presidente de la Cámara de Diputados apuró una votación a mano alzada y no quedó registro detallado de divisiones en el oficialismo.

Noelia Barral Grigera
14 de noviembre de 2019 13:11 hs
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Emilio Monzó tiene la intención firme de formar un bloque propio dentro de Cambiemos a partir del 10 de diciembre, con una decena de legisladores que se mantendrán en el universo de la -para entonces- oposición pero con criterio propio. Esta rebeldía, resistida por el presidente Mauricio Macri, quien reclama liderazgo único, sólo acrecentó el recelo y la tirria que buena parte del PRO mantiene con el diputado nacional. Sin embargo, fue el propio Monzó el que ayer evitó que la fractura, que comienza a ser cada vez más profunda al interior de Cambiemos, saliera a la luz.

La diferencia de criterios frente a la situación boliviana entre los partidos que integran Cambiemos es explícita: para la UCR, hubo un golpe de Estado. Para el PRO y la Coalición Cívica, una interrupción del orden institucional provocada por las irregularidades en la última reelección de Evo Morales. Navegando por ese abismo, primero el jefe del interbloque, Mario Negri, había logrado que Cambiemos tuviese un proyecto propio, de consenso, para llevar a las sesiones de ayer en el Congreso. "Ataques contra el sistema democrático", fue la fórmula de consenso que consiguió Negri después de tres horas intensísimas de discusión en el interbloque.

Pero todavía faltaba el recinto. Allí, el primero en marcar diferencias con su interbloque fue Daniel Lipovetsky, que se mostró sentado en soledad en medio de un mar de bancas cambiemitas vacías, un rato antes de que la oposición lograra por sí sola el quórum. Después, con la sesión avanzada, fue un sector del radicalismo el que dejó trascender su incomodidad con no votar el proyecto que para el peronismo había redactado Felipe Solá, condenando el golpe de Estado.

Esa rebelión interna en Cambiemos amenazaba con romper el frágil equilibrio que había conseguido Negri. Los díscolos explicaban que no era posible no acompañar el repudio al golpe de la oposición, primero porque consideran que efectivamente hubo un golpe, pero además porque iba a terminar siendo el único proyecto en votarse y sus nombres quedarían para la historia registrados entre quienes se abstuvieron de opinar en la discusión.

Fue en ese momento en el que Monzó salvó a Cambiemos de una ruptura pública. El presidente de la Cámara de Diputados evitó la votación nominal (en la que cada legislador debe identificarse con huella dactilar en su banca y pulsar un botón por sí o por no para que su voto quede registrado a su nombre) y optó por la más difusa votación a mano alzada. En menos de dos segundos, el proyecto de la oposición quedó aprobado y para la historia no habrá registro oficial de quiénes se hubieran expresado en contra o hubieran elegido abstenerse.