Radiografía del campo argentino

Los resultados del Censo Nacional Agropecuario del INDEC fueron publicados luego de 16 años, período en el que se perdieron más de 80 mil productores. ¿Cuáles son las características del sector?

Mara Ruiz Malec
17 de noviembre de 2019 10:11 hs
mara@cenital.com  
@marucha_rm

Se publicaron los resultados del Censo Nacional Agropecuario (CNA) del INDEC, una radiografía detallada del campo argentino. Se vuelve a tener este nivel desagregado de información después de 16 años: la última publicación del CNA corresponde al año 2002.

En primer lugar, hay 250.881 explotaciones agropecuarias (EAP), que se extienden en poco más de 157,4 millones de hectáreas. La mayoría de los establecimientos, alrededor del 85%, corresponden a personas físicas (personas), mientras que sólo 28.526 corresponden a personas jurídicas (empresas) y poco más de 5.300 a sociedades de hecho no registradas. Sin embargo, la distribución de la superficie es distinta: el 55% del territorio agropecuario corresponde a personas físicas, alrededor del 38% a personas jurídicas, mientras que el 7% restante corresponde a sociedades no registradas o sin discriminar. Esto significa que las personas jurídicas (las empresas) tienen explotaciones de mayor superficie que las personas físicas (2.085 hectáreas promedio por establecimiento, siendo el promedio general del censo 627,5).

Aproximadamente el 21% de la superficie agropecuaria del país (33,2 millones de hectáreas) está implantada con algún cultivo, mientras que el 79% restante de distribuye en pastizales, bosques y montes naturales, entre otros. Entre los principales cultivos se destacan las oleaginosas (principalmente soja y girasol) en primer lugar (38,5%), seguidas de los cereales (30,5%), y otros forrajes. A su vez, los cultivos industriales son el 2,4% (893.000 hectáreas) y los frutales sólo el 1,4 % (515.000 hectáreas).

En el caso de la ganadería, lógicamente dominan las vacas: se relevaron más de 40,4 millones de cabezas bovinas. Detrás, bastante lejos, está el ganado ovino (8,6 millones de cabezas), el porcino (3,6 millones), el caprino (2,6 millones) y el equino (908.000 cabezas).

El censo también releva cuestiones de infraestructura, donde todavía hay mucho por hacer. Por ejemplo, sólo en 36.296 explotaciones se registró infraestructura de riego (14%); en 25.850 explotaciones (alrededor del 10%) se utilizaron paneles solares. También tenemos datos sobre cómo se organiza la producción y con qué medios: en el 91% de los establecimientos la gestión es realizada directamente por el productor, mientras que el 59% realiza algún tipo de gestión técnica administrativa, el 34% utiliza computadora y el 35% tiene acceso a Internet. Además, se identificaron 332.721 viviendas de las cuales 257.528 están habitadas por 732.986 personas.

En términos geográficos, Buenos Aires es la provincia con mayor cantidad de establecimientos y de superficie censada. En el caso de los EAP, le siguen Misiones (23.341), Mendoza (21.178) y Córdoba (21.022). Por su parte, en términos de superficie, detrás del territorio bonaerense se encuentran Chubut (17 millones de hectáreas), Santa Cruz (13,1 millones) y Córdoba (11,7 millones).

Pero el fenómeno más trascendente que deja ver los resultados preliminares del censo es el de la concentración. Mientras que el promedio de hectáreas por explotación fue de 627,5, las 863 explotaciones que tienen más de 20.000 (0,37% del total de establecimientos) promedian 39.703 hectáreas, concentrando el 21,7% de la superficie total. Si consideramos las explotaciones con más de 10.000 hectáreas, las 2.473 EAP (menos del 1% del total) promedian 23.048 ha y tienen más de 57 millones de ha, el 36,4% del total.

Este diagnóstico se condice con la pérdida de 83.000 productores en estos 16 años. La misma tierra en menor cantidad de manos. La importancia de contar con un buen diagnóstico debe ser complementada con políticas sectoriales que evalúen los riesgos de esta concentración, que permitan avances en la mejora de las condiciones de trabajo de las familias que producen, que se diversifique la producción, y se fomenten las economías regionales. Sólo de esta forma, en conjunto con una política económica ordenada, se podrá facilitar la llegada de alimentos a los hogares de todos y todas, y mejorar la inserción de los productos agropecuarios argentinos en el mundo.