Reforma constitucional en Chile: cronología de los hechos

Las fuerzas políticas llegaron a un acuerdo para realizar un plebiscito que podría calmar el estallido social, aunque algunos sectores lo rechazan.

Leticia Martínez
17 de noviembre de 2019 12:11 hs
leticia@cenital.com  
@aletimartinez

Chile se acerca a la tranquilidad social tras casi un mes de movilizaciones. Oposición y oficialismo anunciaron este viernes por la madrugada que avanzarán en un plebiscito en abril para consultarle a los chilenos si quieren una reforma constitucional y, en caso de estar de acuerdo, cuál consideran que es la forma en la que hay que realizarlo. La decisión política puede frenar las protestas, debido a que modificar la Carta Magna era el principal pedido y todo indica que van en ese sentido.

Paso por paso

La fecha a la que se hace referencia como comienzo de las protestas es la del viernes 18 de octubre, donde se produjeron las primeras movilizaciones masivas con cacerolazos y saqueos. Sin embargo, es necesario retroceder una semana a esa fecha para entender que fueron los estudiantes de secundaria los que comenzaron a organizarse a través de las redes sociales para realizar lo que denominaron "evasivas masivas", que no era más ni menos que grupos de jóvenes que se ponían de acuerdo para saltar los molinetes del subte, en rechazo al aumento que el gobierno de Sebastián Piñera había anunciado los primeros días del mes.

Los jóvenes que aseguraban llevar adelante la medida por sus padres, debido a que ellos tienen una tarifa especial, comenzaron a grabar las evasiones y la viralización de esos videos llevó a que comiencen a organizarse para realizar diversas protestas en las estaciones de metro con horarios asignados. El gobierno desestimó las protestas de los estudiantes y mandó a carabineros a que impidan las evasivas. Allí fue cuando también se sumó el resto de la sociedad a las protestas.

Ante las numerosas movilizaciones, con enfrentamientos y saqueos a comercios, el Gobierno de Sebastián Piñera decretó el Estado de Emergencia y el toque de queda. La salida de los militares trajo los peores recuerdos de quienes habían vivido en la dictadura de Augusto Pinochet. Las protestas y las cacerolas continuaron con más fuerza hasta que el Presidente decidió dar marcha atrás con la suba del precio del boleto del subte. Ya era tarde. Las demandas ya no eran solo por el metro, las demandas eran para cambiar un sistema al que consideran desigual.

Sin respuestas

Durante las cuatro semanas de protestas, Piñera tuvo muchas idas y vueltas. Mientras los estudiantes rechazaban la suba del precio del subte, el mandatario respondió con toque de queda. Cuando comenzaron a demandar medidas profundas, el Presidente contestó con un paquete que los manifestantes consideraron insuficientes. También pasó lo mismo cuando denunciaron violación de derechos humanos y el mandatario contestó con más firmeza contra quienes consideraba violentos.

Lo mismo sucedió cuando la demanda más clara comenzó a ser la reforma constitucional como única herramienta para terminar con el modelo de privatización de la educación, de las pensiones de las Administradoras de Fondos Pensiones (AFP) o buscar un sistema de calidad de salud, entre otras demandas. Desde el comienzo, Piñera se mostró contrario a esa posibilidad.

Las movilizaciones tuvieron su pico el viernes 25 de octubre con una marcha de más de un millón de personas. Las protestas se realizaban día a día en los distintos puntos del país. También la violencia, los saqueos, la destrucción y la represión policial. Según el último informe del Instituto de Derechos Humanos de Chile (INDH) en estas semanas murieron 22 personas, hubo más de 5 mil detenidos, casi 170 personas perdieron un ojo por el disparo de balines de carabineros y también se contabilizan denuncias de abuso sexual.

En el marco de las denuncias por abusos policiales se filtró un audio del general titular de carabineros, Mario Rozas, donde aseguraba que no entregaría a ningún efectivo que esté acusado por violación de derechos humanos. Un día antes, Piñera había anunciado que establecería querellas contra "los violentos", y también había pedido que se reincorporen a las fuerzas efectivos que ya estaban retirados.

Entre tantas idas y vueltas, el mandatario se mostró en los últimos días más cercano a la posibilidad de avanzar en un Congreso Constituyente, algo que también era rechazado por gran parte de la sociedad. Las encuestas indican que la mayoría de los chilenos está a favor de modificar la Carta Magna y consideran que la herramienta más eficiente es a través de una Asamblea, por considerar que el pueblo tiene mayor injerencia.

Si bien el acuerdo para realizar plebiscito es un gran avance para los manifestantes, aún resta ver cómo se desarrollará. En la consulta popular las opciones, en caso de estar a favor de la reforma, serán la Convención Constitucional (totalidad de delegados electos para esta ocasión) o la Convención Mixta Constitucional (un 50% de delegados y el otro 50% de legisladores). Algunos sectores de la izquierda ya manifestaron su descontento, debido a que denuncian la "letra chica" del convenio, en lo que tiene que ver con el quórum y la selección de representantes, entre otros cuestionamientos. Las protestas continúan en algunos sectores del país en rechazo al acuerdo que consideran una traición. Se esperaba que el anuncio de la consulta ponga fin al estallido social, pero nada está del todo dicho.