Un golpe a la inclusión urbana

El gobierno de Evo Morales llevó adelante transformaciones que integraron a los sectores más pobres de la sociedad boliviana al entramado de la ciudad. El caso más emblemático es la red de teleféricos estatales que conecta El Alto con La Paz, que conforman el área metropolitana más importante del país vecino

Fernando Bercovich
17 de noviembre de 2019 11:11 hs
fernando@cenital.com  
@ferbercovich

Existe un amplio consenso acerca de que el gobierno de Evo Morales logró que Bolivia sea un país mucho más inclusivo que cuando empezó su gestión, al mismo tiempo que mantuvo una inflación baja y un crecimiento económico sostenido, dos variables que otras experiencias similares en la región no pudieron controlar del todo.

Uno de los pilares de este proceso de inclusión social que sostuvo el gobierno del MAS por doce años tiene que ver con transformaciones urbanas que lograron integrar a grandes sectores de la sociedad boliviana -los más pobres- al entramado urbano formal. Quizás la transformación más radical fue la implementación de Mi Teleférico, una red de teleféricos estatales -inaugurada en 2014- que conecta El Alto con La Paz, las dos ciudades que conforman el área metropolitana más importante de Bolivia.

Cinco años después de comenzar a funcionar, las 10 líneas de Mi Teleférico conforman una red de 32 kilómetros con 36 estaciones. El pasaje sale 3 pesos bolivianos (alrededor de 45 centavos de dólar) y los teleféricos llegan cada 12 segundos. La primera línea inaugurada, la roja, une en solo 10 minutos El Alto con el centro de La Paz, y todas las estaciones tienen su nombre en aymara y en castellano. La primera fase de las obras, las primeras dos líneas, costó 235 millones de dólares que salieron directamente del Banco Central boliviano.

Como en muchas ciudades latinoamericanas, la diferencia de alturas muchas veces se traduce en diferencias de clase. El Alto -a 4.100 metros sobre el nivel del mar y 500 sobre La Paz- tiene una concentración de población de bajos ingresos muy elevada que por lo general trabaja o tiene que movilizarse hasta el centro de La Paz para satisfacer diferentes necesidades como la compra de alimentos, atención médica o ir a la facultad o a la escuela. Hasta la llegada del teleférico, escaleras, calles estrechas y un entramado complejo hacían de ese traslado un calvario, sobre todo para las personas mayores o con movilidad reducida.

Según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el ahorro de tiempo promedio por pasajero a raíz de la implementación del teleférico fue del 22%. Las líneas roja y amarilla son las que más impacto tuvieron en ese sentido. Según otro informe de la propia empresa, un usuario que realiza 30 viajes por mes se ahorra 16 horas de viaje al mes, lo que equivale a viajar 32 minutos menos por día.

Mi Teleférico de La Paz es la red que mayor cantidad de pasajeros al año transporta (más de 42 millones) pero no es la única experiencia de este tipo en la región. La ciudad colombiana de Medellín fue la precursora en 2004 y le siguieron Cali, Ecatepec (al norte de la Ciudad de México), Río de Janeiro, Santo Domingo, Mérida y Caracas, entre otras.

Ariel López, ingeniero y urbanista, trabajó en la implementación del Metrocable, el sistema de teleféricos de Caracas, que empezó en 2013 y el cual tomaron los bolivianos como modelo. "El teleférico es un transporte costoso, pensado para actividades como el esquí, pero es una inversión que se justifica cuando no hay otro modo de integrar la ciudad", cuenta en diálogo con Cenital. López explica que "en el barrio San Agustín en Caracas, donde como en muchas otras ciudades los más pobres están en los cerros, sin el teleférico las personas tenían que caminar 40 minutos hasta sus casas una vez que se bajaban del metro" mientras que "los ancianos y los discapacitados tenían que pagarle a alguien para que baje a hacer compras".