Endeudamiento, el principal desafío de Alberto Fernández

La renegociación es uno de los puntos más apremiantes que deberá atender el nuevo gobierno tras la salida del poder de Mauricio Macri. La deuda a pagar en 2020 asciende a USD 60.900 millones.

El gobierno de Alberto Fernández tendrá la renegociación del pago de la deuda pública como uno de los principales y más urgentes desafíos, en particular la contraída en dólares. Un problema que, en realidad, ya se había manifestado con claridad a principios del año pasado, cuando el presidente Mauricio Macri decidió acudir al FMI.

La deuda a pagar en 2020 asciende a USD 60.900 millones, de los cuales más de la mitad es deuda denominada en moneda extranjera (USD 32.150 millones). Esto incluye la amortización de capital e intereses de préstamos de organismos oficiales y de títulos públicos, sumado a las Letras del Tesoro. ¿Es mucho o poco? Para tomar dimensión, basta con volver a 2015 y comparar con la deuda que Cristina Fernández de Kirchner le había dejado a Macri: USD 27.300 millones, es decir menos de la mitad, de los cuales 12.600 millones eran en moneda extranjera.

¿Cómo es posible que en menos de tres años se pasara de una economía con niveles de deuda en moneda extranjera sumamente bajos a tener problemas para pagarle al FMI? La cantidad de deuda contraída por el gobierno de Cambiemos fue de una magnitud y de una composición tal (mucho en moneda extranjera, con el sector privado y de corto plazo) que en poco tiempo se tornó insostenible. Entre 2016 y 2018 la Secretaría de Finanzas, a mano de Luis Caputo, contrajo deuda en moneda extranjera por más de USD 68.000 millones entre bonos y letras (estas últimas en términos netos). Para tener una dimensión de la magnitud, esto fue superior al monto emitido durante el período 1991-1999 (USD 65.200 millones).

Frente a la incapacidad de seguir colocando deuda en los mercados internacionales, en mayo de 2018 el Gobierno decidió recurrir al FMI, el prestamista de última instancia a nivel global. En uno de los acuerdos más grandes de su historia, decidió otorgarle un préstamo stand-by por USD 50.000 millones. Uno pensaría que con eso el Ejecutivo disiparía las dudas sobre su capacidad de pago, sin embargo la desconfianza generada, sumado a la impericia del Banco Central frente al manejo del dólar, llevaron a una devaluación de más del 30% y al anuncio de un segundo acuerdo con el FMI. Esto implicó el aumento y además adelantamiento de fondos, que de esta manera terminaron siendo USD 50.000 millones para poder hacer frente a los pagos de la deuda que le quedaban hasta el fin de su mandato en 2019 más otros USD 7.000 que serían otorgados entre 2020 y 2021.

Pero esto tampoco alcanzó. Tras la contundente derrota en las PASO y otra nueva devaluación (de más del 20%), la desconfianza respecto de la capacidad de pago del Gobierno fue tal que la licitación de Letras del Tesoro que realizaba asiduamente todos los meses quedó vacante, es decir, todos los ahorristas decidieron no renovar estas letras (una especie de plazo fijo) y, por ende, hacerse de sus dólares. Esto significó un nuevo jaque a la capacidad de financiamiento ya que el Ejecutivo contaba con la renovación de esas Letras, precisamente para evitar una pérdida todavía mayor de reservas del Banco Central. La solución fue trasladarle el problema a la próximo gestión. Suspendió las licitaciones restantes por lo que quedaba del año y por medio del "reperfilamiento" aplazar la mayoría de los vencimientos de estas letras al 2020, por un total de más de USD 12.000 millones.

Llegamos así a la actualidad. Para entender el gran desafío que tiene el gobierno de Alberto Fernández ni bien asuma hay que poner en contexto la labor de Cambiemos en materia de deuda, su principal herencia. Son verdaderamente preocupantes los abultados vencimientos que enfrentará por los próximos cuatro años, pero sobre todo en los próximos meses.

Vencimientos totales de deuda 2020, por tipo y moneda

Fuente: Instituto de Trabajo y Economía en base a Secretaría de Finanzas

Como atenuante hay que resaltar que parte de esa deuda encuentra en manos del propio Sector Público (lo que implica que es más fácil de manejar). Si sólo se tiene en cuenta la deuda en manos del Sector Privado, ésta asciende a 36.600 millones, de los cuales USD 20.500 son en moneda extranjera.

También resulta preocupante la distribución de los pagos. El 60% de los vencimientos están concentrados en los primeros cinco meses del año, lo que obligará al nuevo gobierno a tener que negociar con los acreedores en poco tiempo y en un contexto sumamente complejo.

De cara a esta negociación, la gran duda es si se buscará reestructurar la deuda únicamente alargando los plazos (es decir, manteniendo los montos) o si además incluirá una quita (reduciendo la deuda total a pagar). Al analizar los voluminosos vencimientos de los próximos años, parece poco probable que alcance sólo con alargar los plazos porque se volvería a caer en el mismo problema en unos años. Para lo que resta de la próxima gestión, los vencimientos de deuda ascienden a USD 40.500 millones para 2021, USD 50.100 para 2022 y USD 45.800 para 2023 (en estos dos años es donde cae la mayor parte del desembolso con el FMI). De lo que no hay dudas, es la herencia que deja el macrismo en términos de la deuda.