Pepe Mujica: "No pueden aceptar que un indio esté manejando el litio"

El ex-presidente habla de la región, de Argentina y de Uruguay, donde advierte sobre las consecuencias sociales de un posible triunfo de la derecha. Evo Morales, Alberto Fernández, Chile y la "generación bobeta".

Leticia Martínez
23 de noviembre de 2019 11:11 hs
leticia@cenital.com  
@aletimartinez

Desde Montevideo.- Mientras su compañera de vida, la vicepresidenta de Uruguay Lucía Topolansky, se predispone a cocinar con las verduras que ellos mismos cultivan en su chacra, el ex Presidente se toma un mate frío y se sienta en la silla del living a la espera de la entrevista. "¿Cansado por la gira?", le pregunta Cenital. "Más que por la gira, cansado porque tengo 84 años", contesta quien supo ser mandatario uruguayo entre el 2010 y 2015 y que en las últimas semanas se cargó la campaña presidencial al hombro. El ex líder tupamaro es el dirigente frenteamplista con mayor imagen positiva y estuvo recorriendo el país en busca de los votos que podrían revertir la balanza para las elecciones del domingo que, todo indica, se inclinaría hacia la derecha.


La vicepresidenta de Uruguay, Lucía Topolansky, mientras corta las verduras.

Mujica se enoja cuando habla de los jóvenes que se preocupan solo por trabajar para poder comprar más cosas. "Soy una rara avis, me contemplan pero no me siguen, ni pelota me dan", afirma algo frustrado. Lucía, con quien convive desde hace más de cuarenta años, confiesa que el secreto de su relación está en "tener la misma causa de vida". Una causa marcada por la fe en la política como herramienta de transformación.

-¿Cuál es el saldo de estos tres años de gobierno del Frente Amplio en Uruguay?

Ha hecho bastante justicia social, ha promovido muchos derechos y muchas garantías. La economía en estos años creció un 65%, y el salario y las jubilaciones más del 50%. Ha sido una mejora sustantiva. Después ha habido reconocimiento en el campo de derecho de casos olvidados, como el cumplimiento de las 8 horas para los peones rurales, la seguridad social para las sirvientas. Dentro de los trabajadores también hay categorías y hubo trabajadores olvidados siempre por su dificultad de organizarse porque en definitiva el que no se organiza no llora y el que no llora no mama. Las sirvientes nunca pudieron tener un sindicato y los peones rurales que estaban dispersos de a dos o tres en la inmensidad de la estancias tampoco. Ahora ha sido posible, creo que son conquistas, aparte del reconocimiento de la diversidad sexual en la agenda de los derechos, el reconocimiento de la mujer a disponer del uso de su cuerpo a través de su voluntad, y una masificación de la enseñanza terciaria importante de llevarla al interior, un avance importante en la industria de la energía al punto que estamos vendiendo energía a la Argentina y Brasil, una cosa que parece ridícula, pero es así.

Desde el punto de vista de la economía, un nivel de inflación relativamente manejable, bajo, crédito internacional en buenas condiciones, quedan problemas en la agenda todavía, muchos.

-¿Y cuáles son los cuestionamientos?

Hay un cuestionamiento que explotó mucho la derecha, que es el problema de la seguridad. Está presente, es una motivación en mucha gente, y el reclamo es que desde que está el Frente Amplio aumentaron como en 350 mil los puestos de trabajo, pero en el último año y medio se deben haber perdido 50 o 60 mil puestos de trabajo, y hay demanda de trabajo también.

-¿Es la elección más complicada para el Frente Amplio?

No se si es la más complicada. En la sociedad contemporánea hay una especie de ansiedad consumista, que es una forma de cultura subliminal del capitalismo en esta etapa, que necesita que todos seamos voraces compradores permanentes y eso crea una especie de ansiedad colectiva de más y más. Hay fenómenos que no tienen explicación.

En el caso de Uruguay está presente ese factor y está presente también el juego permanente de un sistema de comunicación dominado por intereses económicos. No puede ser casual que todas las gremiales patronales estén contra el Frente y está bien, tienen que estar en contra porque es coherente con sus intereses de clase al fin y al cabo.


-Usted dijo que la izquierda se pelea por ideas, mientras que la derecha se une por el interés. ¿Eso sucedió en Uruguay?

No interés de ganar, sino que es el interés de participar más activamente en el reparto de la torta. El interés bien concreto de contribuir en todo lo posible a disminuir el peso de la agenda social, y de las cuestiones sociales, la regulación de salarios y jubilaciones, y conseguirle una cuota de plusvalía mayor al sistema empresarial.

-¿Tiene temor a que gane Lacalle Pou?

Yo no tengo ningún temor, pero sé que va a multiplicar las deudas pendientes, no me preocupa Lacalle Pou, me preocupa la suerte de la gente.

-Evo Morales sostuvo que le gustaría que usted fuese mediador. ¿Va a serlo?

No, no veo que haya ninguna voluntad de mediación de quienes están hoy con la manija en Bolivia. Me parece que, en el fondo de muchas idas y venidas, no pueden aceptar que un indio esté manejando el litio, eso es altamente insurreccional. ¿Cómo va a estar un indio manejando un valor estratégico como el litio? Si ya pasó todo lo que está pasando en Bolivia, acá hay poderes que no aceptan esta política de que se construyan las baterías de litio en Bolivia y que después se exporten, y menos sin participar, porque por un lado participan los alemanes y por otro los chinos, entonces hay alguien más interesado en el litio, me parece.


-Luis Almagro fue su canciller y actualmente quedó en la mira con todo lo que está pasando en Bolivia y el rol que jugó la OEA. ¿Usted tiene relación con él?

No.

-¿Se imaginó en algún momento que podía actuar así?

No, se ve la cara pero no se ve el corazón.

-¿Cómo analiza lo que está sucediendo en Chile?

La crisis de Chile es por la falta de bienes públicos que es una forma de amortiguar las injusticias que existen en nuestra sociedad. Si la salud es un negocio, si la jubilación es es un negocio, si la enseñanza es un negocio, si el agua que tomamos es un negocio y todo es un negocio, pobre Chile, ese es el problema que tiene. Con estructuras capitalistas el Estado tiene que tener políticas que obliguen y que favorezcan a la construcción de bienes públicos que ayuden a amortiguar las enormes diferencias de ingresos que existen en la sociedad, y esta es la gran polémica que tenemos. En Uruguay el salario ¿por qué creció? porque hubo voluntad. Ayer salió el ex presidente Sanguinetti y escribió que el Estado va ser neutral. Cuando se trata de dos fuerzas totalmente desequilibradas, una débil que si no trabaja no come y otra, esa neutralidad está con los más fuertes, porque se puede ser neutral cuando las cosas son equilibradas, pero no se puede ser neutral cuando las cosas son desequilibrados. Los macro números pueden cerrar bien, pero abajo no cierra.

-¿No se sorprendió con las protestas entonces?

Acá estuvimos conversando un mes antes de las protestas con algunos que ponían a Chile de modelo y yo dije públicamente que estaban locos, un senador de allá me relajaba y al mes saltó ésto. No es que yo sea mago, hace 3 o 4 años que todas las semanas vienen tres o cuatro chilenos acá y no encontré ni uno que hable bien, estos tipos ven los macro números pero no hablan con la gente, así de sencillo. Lo que tienen que lograr es una política de construcción de bienes públicos.

Los papeles, que no se engatucen con la magia de los papeles porque en lo escrito se puede reconocer la igualdad y los derechos, y el problema es que tengan enseñanza universitaria pública, que tengan acceso a una salud racional. Que se monte un sistema que ampare a la gente y tiene que ser público, el agua no puede ser de empresas privadas, sobre todo en el Chile seco del norte, debe ser un bien público.


Además tiene infinitas ramificaciones, acá en Uruguay un viejo le hacen una operación de cataratas, a un viejo que esté sordo le ponen un aparato para mitigar el efecto de la sordera, al que le falta la pata le hacen una pata ortopédica y un zapato, son bienes públicos. Los estudiantes tienen un boleto muy barato, no es de hoy, es de hace muchos años. La energía eléctrica vale en todo el país lo mismo, los que vivimos acá estamos subsidiando algunos pueblitos que están lejos que no podrían tener energía eléctrica porque tender un cable cincuenta kilómetros para 20 casas no es económico, pero tienen que tener energía eléctrica.

-En base a lo que usted dice, le consultaba a un ex funcionario del MAS hace unos meses cómo hizo Evo Morales para modificar tanto las condiciones de distribución de Bolivia y que no le den un golpe, y él me contestó en su momento que pudo hacerlo porque tenía el apoyo del pueblo. Sin embargo, con un Estado fuerte del que usted habla y apoyo popular vimos cómo finalmente hubo una destitución. ¿Cómo se explica?

No alcanza con el apoyo del pueblo, tienen que tener los milicos también, pero las generaciones de ustedes son bobetas porque desprecian a los milicos. No tienen políticas para los milicos, no se plantean la importancia que tienen en el juego de la historia. Hay que tener políticas para ellos, son parte, son el brazo coercitivo del Estado, y un Estado de clases está dominado por eso, y si no trabajás la cosa del poder estás regalado. Ustedes los jóvenes son antimilitaristas, después los cagan a palos, en vez de tratar agarrar el palo ustedes.

-Usted ha dicho en más de una ocasión que se va la vida trabajando para consumir sin disfrutar de las relaciones humanas, ¿cómo llegamos a ésto?

Eso es el capitalismo, que precisa que siempre estemos disconformes, que estemos pensando en cambiar la moto por el auto y después por uno más grande, y eso es similar a la felicidad humana. Un sistema que crea un cultura que le es funcional a sus propios intereses. A ti te va condenar a que tengas que pagar cuotas todos los meses y vas a tener un trabajo, y después vas a tener que conseguir otro trabajo, hasta que te agotes y venga otro que te sustituya. La felicidad en el capitalismo es una esfinge de mercado, en lugar de tener una zanahoria en la anécdota del burro, es el dios mercado que nos conduce.

Se hacen las parejas nuevas y salen a ver las vidrieras del shopping. No es culpa de ustedes estar dominados, es como una gigantesca telaraña que amarra a las gente de todas partes. Es un sistema no es solo unas relaciones de propiedad y una forma de producir y distribuir es además una cultura. Mi generación, hija del racionalismo, pensó que cambiando las relaciones de producción y distribución cambiaba a la sociedad y no abordó jamás el cambio cultural, y es más fácil cambiar una relación material que un cambio cultural.

-¿Cree que usted logró vencerlo?

Personalmente soy una rara avis, que me contemplan pero no me siguen, ni pelota me dan.


Pepe Mujica mientras le muestra su chacra a Cenital.

-¿Cómo analiza lo que sucede en Argentina?

La Argentina nos tiene acostumbrados a los que somos veteranos a pasar por esas aventuras inexplicables. Siempre dije que hay que estudiar un modelo para el mundo y otro para Argentina. A lo largo de mi vida la he visto fundida. Creo que el país va a salir adelante va a pagar un costo enorme. El problema es que pueda poner proa y no vuelva a caer, pero es una cuestión endémica. Hay dos problemas, suturar la crisis y generar condiciones para que sea un recuerdo del pasado y evitarlo. Cada 8, 10 años hay una destrucción de la argentinidad y empezar de vuelta, ese es el problema más grave. Estos modelos ultraliberales, que algunos llaman liberales y otros neoliberales, tienen diferencias muy importantes con el viejo liberalismo, el neoliberalismo no tiene problema con la catadura política del sistema, se abrazan directamente con la dictadura, o salida fascista. En el viejo liberalismo eso era prácticamente imposible, es como si el liberalismo hubiera perdido categoría. Es evidente que no encaja con la Argentina ni por las tapas, porque cada vez que se ensaya esto se termina en un colapso. Ese es un problema político de la sociedad argentina no volver a repetir esa película, aunque siempre estamos expuestos a cambiar para peor.


-¿Cómo ve a Alberto Fernández como presidente?

De Alberto soy amigo, pienso que va tener una lucha infernal y tengo confianza en que salga bien, pero lo tienen que ayudar. Tienen que tratar de mantener la unidad del barco. El peronismo es una categoría política entre religión y partido, no es ni partido ni religión. Tiene esa dos cosas, tiene su diosa Evita eso no se discute, tiene una terrible mística y eso le da una fortaleza y una durabilidad en el tiempo increíble que es admirable. Ahora tiene un problema de compaginación, hay de todo y entonces es formidable cuando embiste y logra un grado de unidad. Tiene que mantener parte de esa unidad para poder construirse como proyecto, ese va a ser el desafío.

-¿Quién tiene que ayudar a Alberto?

Todos ustedes.

-¿La población argentina?

Sí, y sobre todo la población joven porque se están jugando mucho. Tienen un dilema, pero tienen una oportunidad maravillosa, no la dejen escapar.