Uruguay: una elección sorpresiva

La segunda vuelta presidencial, entre el Frente Amplio y una coalición de cinco partidos, fue muchísimo más pareja de lo anticipado por las encuestas.

Leticia Martínez
25 de noviembre de 2019 11:11 hs
leticia@cenital.com  
@aletimartinez

Desde Montevideo.- La segunda vuelta electoral para consagrar al Presidente de la República Oriental del Uruguay trajo sorpresas. Respaldado por las encuestas, el equipo del Partido Nacional, con Luis Lacalle Pou y Beatriz Argimón a la cabeza, esperaba una victoria cómoda sobre los candidatos del Frente Amplio, Daniel Martínez y Graciela Villar. Y aunque es por lejos lo más probable que Lacalle Pou termine por consagrarse, los resultados dentro del margen del empate técnico dejaron atónitos a propios y ajenos, que deberán esperar al final de la semana para saber quién llevará las riendas del país oriental los próximos 5 años.

No estaba todo dicho

En el búnker de Lacalle Pou estaban confiados en irse la misma noche del domingo con la victoria presidencial. No era para menos. Tras la elección en primera vuelta del pasado 27 de octubre, las encuestas arrojaban entre 4 y 7 puntos de ventaja para el candidato del Partido Nacional, el tradicional partido blanco, cuya rivalidad con los colorados marcó al país desde el siglo XIX hasta la década del ochenta del siglo pasado.

Martínez, ex intendente de Montevideo y ex ministro del actual presidente Tabaré Vázquez, se había impuesto con el 39% de los votos, mientras Lacalle Pou había obtenido el segundo lugar con el 28%. Tras la reforma constitucional de 1996 el sistema electoral exige que para ganar en primera vuelta hay que obtener el 50% o más, por lo que el destino fue ballotage.

En el 2014 Lacalle Pou se veía cerca de quedarse con la presidencia frente a Tabaré Vazquez. Le costó aceptar la derrota en ese entonces y se propuso que en esta oportunidad no volvería a pasar por lo mismo. Para eso, al otro día de la votación de octubre llamó a toda la oposición y junto a cinco partidos opositores, de centro, derecha y ultraderecha que formaron lo que se presentó a la sociedad como coalición multicolor.

No es casual el nombre multicolor. La alianza incluye a espacios políticos que van desde el tradicional Partido Colorado, que encabeza Ernesto Talvi, al recientemente creado Cabildo Abierto, con el general Guido Manini Ríos a la cabeza. Este último fue titular de las Fuerzas Armadas hasta marzo de este año, cuando el presidente Vázquez lo expulsó de ese puesto por haber defendido a tres militares acusados por su accionar durante la última dictadura militar.

El Partido Colorado y Cabildo Abierto habían sacado un 12% y un 11% respectivamente el 27 de octubre, por lo que solo hacía falta hacer una simple suma para saber que esa coalición podría superar ampliamente el apoyo del FA. Algunos analistas sostenían que el hecho de que un ex candidato llame a votar por otro no necesariamente implicaba un traslado de votos exactos. Sin embargo, ninguna encuesta ponía en duda la victoria del blanco, hijo del ex presidente Luis Alberto Lacalle, que durante la década del '90 del siglo pasado encabezó un programa de privatizaciones y reducción del estado.

La sorpresa

El ánimo de los dirigentes del Frente Amplio se había contagiado con el presagio de las encuestas, y ya de manera adelantada daban la derrota del espacio, que gobierna Uruguay hace 15 años, como un hecho. Argumentaban que el FA durante las gestiones de Tabaré y Pepe Mujica había generado más de 300 mil empleos y que en el último año, consecuencia en parte de la crisis argentina, había caído notablemente el turismo y más de 50 mil uruguayos habían perdido su trabajo.

"Con el corazón encendido, con la mente concentrada y con el alma llena de esperanza a esperar los resultados", decía Daniel Martínez en la última parte de su recorrido antes de atrincherarse en el búnker. El candidato del FA había llegado a las 19.30, hora de cierre de urnas, a la última unidad básica que visitaría, donde lo esperaban decenas de jóvenes embanderados al grito de "se siente, se siente Martínez presidente". El pelado, como lo llaman los militantes, se mostró confiado al finalizar la votación. Seguramente ya le habían llegado algunos números.

Mientras los seguidores de Lacalle Pou se reunían en el búnker del boulevard Artigas, en el coqueto barrio de Pocitos, los frenteamplistas escogieron el Hotel Crystal Tower, a pasos de la avenida 18 de julio para esperar los resultados. Con escenarios montados en la calle, miles de militantes de ambos partidos acompañaban a sus candidatos a la espera de los primeros resultados que se conocerían a las 20.30.

"Gana Lacalle Pou por 3 puntos", asegura un periodista frente al resto de los comunicadores que esperaban en la puerta del hotel del FA. Incluso algunos canales ya hablaban del nuevo Presidente. "Pará", lo cruza otro comunicador que afirma haber recibido una encuesta que da la victoria a Martínez. Así sería durante horas. Con algunas pequeñas diferencias, ya se había descartado un triunfo aplastante de la coalición de derecha e incluso se hablaba de empate técnico.

Los militantes de Lacalle Pou se mostraban algo desconcertados e incluso el nivel de euforia había bajado al conocer los primeros resultados. Mientras, los frenteamplistas que vitoreaban sobre la Avenida 18 de julio comenzaron a cantar y saltar con el impulso de la sorpresa de números que no esperaban, e incluso algunos lloraban por las novedades.

¿Empate?

Pasaban las horas y ni Lacalle Pou ni Martínez se pronunciaban al respecto. Con los datos oficiales, todos comenzaron a hablar de empate técnico, y cerca de las 11 de la noche, la Corte Electoral de Uruguay anunció que no se conocería el resultado final hasta el jueves o viernes, tras el análisis los votos observados. Estos son sufragios de las personas que por distintos motivos votaron en una sede que no era la que correspondía.

"Pensaron que estábamos enterrados y no se dieron cuenta que éramos semillas", afirmó un eufórico Martínez al salir al escenario, lejos de la falta de carisma que le endilgaron en las últimas semanas. El candidato del Frente Amplio pidió a sus seguidores esperar el resultado y afirmó que más allá de cuál fuera el final, habían podido lograr algo que "parecía imposible".

Minutos después del frenteamplista, salió al escenario Lacalle Pou. Agradeció el llamado del presidente Vázquez, se quejó de la ausencia de comunicación con Martínez y con la voz por momentos quebrada, afirmó seguro de su victoria: "Nos estamos viendo en una semana para confirmar esto".

¿Y ahora?

Con el 100% de los votos escrutados, el candidato blanco se perfila en primer lugar con 28.666 votos sobre el frenteamplista. El partido Nacional recogió 1.168.019 sufragios, el oficialista cosechó 1.139.353. Si bien los votos observados rondan los 35 mil, parece difícil que todos sean dirigidos a Martínez y que de esa forma el ex intendente de Montevideo obtenga una victoria.

Se abre el interrogante sobre cómo la coalición de derecha, en caso de acceder al gobierno, aglutinará ideas entre espacios que difieren entre moderados y una ultraderecha más cercana al bolsonarismo que a otros referentes regionales. Las rispideces comenzaron incluso antes de la elección, cuando Manini Ríos al filo de la veda electoral, grabó un mensaje a los soldados llamando a no votar por el Frente Amplio, al afirmar que ese espacio rechaza a los militares. Un mensaje replicado luego por el Centro Militar, que llamó a enfrentar "al marxismo". Algunos responsabilizaron al ex-general por haber contribuido a la merma de votos de los multicolores. Lo cierto es que, antes de empezar, Manini marcó la cancha. Sabe que necesitarán su apoyo.

No es para desmerecer tampoco el trabajo que el Frente Amplio hizo en territorio para convencer a los indecisos. El ex presidente José Mujica, el dirigente con mayor imagen positiva del espacio, salió a recorrer, con sus 84 años, el interior uruguayo, la región más hostil con la izquierda, y hasta aseguró que sería ministro de un eventual gobierno de Martínez, pese a que el ex mandatario obtuvo la mejor performance en la elección de octubre, donde encabezó la lista de senadores. El ex intendente de la capital uruguaya había llamado a realizar un "maracanazo", en relación a la copa del mundo que obtuvo el país oriental frente a Brasil. Frente a las pobres expectativas, los resultados de ayer se asemejan bastante.

Los días previos a la elección, Montevideo parecía estar viviendo una final entre Peñarol y Nacional. Las banderas de uno y otro partido flameaban en autos y casas por doquier. Al reconocerse con otro simpatizante del mismo partido no faltaba la bocina en señal de apoyo. Mientras los que apoyan al oficialismo reconocen falencias, se apoyan en los muy buenos indicadores económicos y en la ampliación de derechos sociales, la oposición cuestiona el crecimiento del desempleo y, especialmente, la inseguridad. Lo cierto es que más allá de las diferencias, como en pocas regiones del mundo, los uruguayos podían manifestarse uno al lado del otro sin que ello generara rispidez. Aún ajustados, los resultados difícilmente generen impugnaciones o desconocimientos de ninguna parte. Con algunas luces de alarma en el horizonte, en una región convulsionada, la democracia uruguaya dio otra muestra de fortaleza.