AMLO, entre la recesión y la violencia, con crédito popular

Las encuestas siguen acompañando al presidente mexicano, a pesar de los datos negativos en materia económica y de seguridad.


26 de noviembre de 2019 15:11 hs

Los recientes datos económicos mexicanos, que marcan la entrada del país en recesión técnica, sumados a la falta de resultados en materia de seguridad, donde el país norteamericano mantiene una de las tasas de homicidio más altas del mundo como consecuencia del problema del narcotráfico, no han dañado sin embargo la imagen de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), que mantiene altos índices de popularidad, prometiendo diferenciarse de los fracasos de sus antecesores.

Mal año para la economía mexicana

Desde la primera mitad del año México atraviesa una recesión técnica, es decir, tres trimestres consecutivos de caída. En el primer semestre la caída fue del 0,1%, que se suma a la caída del último trimestre de 2018. Una tendencia que no encuentra aún freno, ya que la actividad apenas avanzó un 0,01% en el tercer trimestre, de acuerdo a los datos ofrecidos por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Por el otro lado, la recesión parece no haber afectado al empleo y la inflación oscila alrededor del 3%.

Días atrás, AMLO había pedido a los legisladores estadounidenses que ratifiquen "lo más pronto posible" el nuevo tratado de libre comercio entre Estados Unidos, México y Canadá. "Hay demócratas y republicanos a favor de la aprobación del tratado. Que se haga lo más pronto posible para que no se contamine con el asunto político-electoral", pidió el mandatario en relación al acuerdo de libre comercio suscrito con las administraciones de Donald Trump y Justin Trudeau. El nuevo tratado había sido firmado en noviembre de 2018, pero aún no ha sido ratificado por el congreso estadounidense.

A los datos sobre la recesión económica, lejanos al crecimiento del 4% anual prometido durante la campaña, se suman los altos índices de inseguridad.

Nuevo enfoque frente al narcotráfico.

Desde su asunción, López Obrador intentó diferenciarse de sus antecesores en diversos aspectos, pero particularmente lo hizo en la estrategia de lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico.

La detención y posterior liberación de Ovidio Guzmán, hijo del Chapo, en octubre pasado fue tomada como un signo de debilidad del Estado en su pelea contra las organizaciones dedicadas al narcotráfico. Sin embargo, para el presidente, responde a una cambio de estrategia.

En más de una ocasión, el presidente mexicano afirmó que es más importante proteger la vida de inocentes, que lamentar que se produzcan "daños colaterales", señalando que intentará usar "más la inteligencia que la fuerza" y diferenciándose del enfoque puramente militar de sus antecesores Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón o Vicente Fox. "La anterior estrategia convirtió al país en un cementerio; lo he dicho una y mil veces. Nada por la fuerza, todo por la razón y el derecho", explicó el mandatario.

Se calcula que desde el 2003 al 2018, más de 250 mil personas murieron como consecuencia del crimen organizado. Tras la ola delictiva que tomó el país durante el gobierno de Vicente Fox, en el 2006, el ex presidente, Felipe Calderón, inició lo que se conoció como "guerra contra el narcotráfico", en la que, además del crecimiento del número de homicidios, se multiplicaron las denuncias de violaciones contra de los derechos humanos en el accionar de los efectivos de seguridad. Ante este fracaso, AMLO asegura estar explorando otro camino para terminar con el flagelo que atraviesa el país. Hasta ahora, los números le son adversos. Sólo en octubre, se registró un total de 2.866 homicidios dolosos y en lo que va del año, los muertos suman 28.741 en lo que va camino a establecer un nuevo récord.

Sin embargo, a casi un año de la asunción del líder del Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), las encuestadoras sitúan al presidente con un fuerte apoyo popular. De acuerdo a El Financiero, la popularidad del mandatario es del 68%, por lejos la más alta entre los líderes latinoamericanos. A pesar de que los números no acompañan hasta hoy al crédito ciudadano, el pueblo mexicano parece dispuesto a conceder al nuevo mandatario tiempo suficiente para intentar superar los fracasos heredados.