Al otro lado del río

Hace unos días se conoció un proyecto que ganó el primer puesto para intentar que la Ciudad de Buenos Aires deje de darle la espalda al Río de la Plata en una parte de la costanera, desde ciudad universitaria hasta Parque Norte. Pero las críticas no tardaron en llegar.

Fernando Bercovich
2 de diciembre de 2019 11:12 hs
fernando@cenital.com  
@ferbercovich

El proyecto -que llevará adelante el estudio de arquitectura Marantz junto con Grinc Regeneración Ambiental- se enmarca en la política de distritos que sostiene hace años el gobierno porteño y busca posicionar a esa zona de la ciudad como el Distrito Joven mediante la concesión de 12 mil metros cuadrados a emprendedores gastronómicos privados, entre los cuales estarán los carritos ya instalados en la zona. También se prevén más de 80 mil metros cuadrados de espacio público a lo largo de un sendero de 15 metros de ancho que bordeará la costanera.

Sin embargo, al ver la luz el proyecto suscitó varias críticas de especialistas que vienen reclamando una recuperación de la ribera porteña hace muchos años. Al ser consultado por Cenital, el licenciado en Diseño del Paisaje Fabio Márquez señala que más allá del proyecto en sí mismo "hay una cuestión conceptual que tiene que ver con que la convocatoria de concursos cuando la escala abarca la proyección del vínculo de la ciudad con el río. Es algo que en esos casos ya no se usa más porque deberían ser equipos multidisciplinarios". Además, pone especial énfasis en que la recuperación de la costa porteña debería pensarse "con participación amplia y seria de la ciudadanía para saber cómo se quiere relacionar con el río. En todo caso después del proceso participativo se puede convocar a técnicos para que ejecuten el proyecto".

Para Joan Marantz, quien dirige el estudio que lleva su apellido, la participación no fue el principal escollo a sortear. "Lo que faltó es tiempo, no sé si participación. La participación se dio a través de los concursos, pero la última palabra es siempre del gobierno de la Ciudad", aclara.

En relación al proyecto en cuestión, Márquez enumera una serie de críticas como que "se dejan afuera temas ambientales importantes porque los arquitectos no están formados para eso, entonces toman decisiones equivocadas. Dicen que va a haber un 80% del espacio de superficie absorbente pero en el render no se ve eso, la prioridad la tienen las concesiones comerciales y no el espacio público".

Sobre ese punto que señala el paisajista Joan Marantz, parece estar de acuerdo pero se encarga de aclarar los límites del proyecto para el que los convocaron: "La falta de integración de la ciudad con el río es histórica y se da no solo por las concesiones privadas sino también por cuestiones viales: una autopista, una avenida, vías de tren y otros elementos. Pero nosotros no podemos abrir vías de conexión sino más bien proponer en nuestro lugar de intervención".

Además, el licenciado en Diseño del Paisaje sostiene que "tampoco dicen nada del área privada de Costa Salguero que no tendría que existir y tampoco aparecen en el proyecto la reserva ecológica de ciudad universitaria, que están muy cerca y necesitan mejoras urgentes. No intervienen ahí porque no son espacios en los que se pueda hacer negocios".

Al respecto, Marantz aclara que el proyecto decía explícitamente que no se podían tocar ni la reserva ni el Parque de la Memoria. "No fue decisión nuestra, nosotros nos moríamos de ganas de mejorar los accesos y otros elementos de la reserva pero no nos lo pidieron", destaca el arquitecto de 35 años.


Según Márquez, en la gestión de Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad no se piensa la ribera como un conjunto porque no hay ningún plan integral sino acciones aisladas. "El lugar sigue estando desconectado porque en el proyecto no aparece ninguna premisa que tenga que ver con el transporte público ni la movilidad. Tiene que ver con la organización de la ciudad en distritos, que no implica hacer ciudad sino armar parques temáticos dentro de una ciudad", concluye.

En este punto Marantz también coincide con Márquez, pero se encarga de defender su propuesta para la costanera. "Nosotros lo que hacemos es aportar un proyecto dentro de una estructura de decisiones del gobierno de la ciudad. Lo que queremos hacer es generar actividad e interés, que me parece que es un primer paso. Después si tienen que llegar más líneas de colectivos, un metrobús o lo que sea necesario, se pueden generar, pero nosotros vamos atrás de un proyecto concreto, no de ese tipo de decisiones". Y agrega: "Nosotros no dijimos que hay que hacer un Distrito Joven y que va a haber determinada cantidad de metros cuadrados de concesiones. Nosotros respetamos las bases del concurso y participamos de un proceso que ya está en vías de desarrollo", concluye el arquitecto desligándose de varias decisiones que tomó el gobierno de la Ciudad en las bases del concurso.

¿Volar el aeroparque?

En el año 2000 Aníbal Ibarra ganó las elecciones con casi el 50%. Durante la campaña, el entonces candidato del Frente Grande se había encargado de prometer la mudanza de todas las operaciones del Aeroparque a Ezeiza con el fin de ganar como espacio verde junto al río el área ocupada por el aeropuerto. Sin embargo, luego de la crisis de 2001 el panorama cambió y el jefe de gobierno de ese entonces tuvo que dar el brazo a torcer. Días antes de que asumiera Néstor Kirchner, se determinó que Aeropuertos Argentina 2000 continué su operatoria en el Aeroparque porteño hasta el final de su contrato con el Estado nacional, en 2028.

Respecto de esta barrera urbanas con el río que los porteños y las porteñas ya tienen naturalizada, Márquez es categórico y propone lo mismo que se propuso hace ya casi 20 años: "El aeroparque no puede seguir ahí. Es la gran barrera urbanística que nos impide nuestra vinculación con el río. Tiene que convertirse en el gran parque ribereño que la ciudad se merece. Todo lo que funciona en aeroparque podría trasladarse a Ezeiza si se mejora la conexión con ese aeropuerto que ya tenemos".

Marantz Arquitectos no es la primera vez que trabaja para el gobierno porteño. Hace muy poco fue el encargado de diseñar parte del Paseo del Bajo. Y eso despierta más suspicacias entre los que no ven con tan buenos ojos la intervención propuesta sobre la costanera norte.

Pero al transitar las zonas aledañas a la obra, casi todos los especialistas precisan que hay muchos aspectos no resueltos de la mejor manera: más baldosas que espacios verdes y árboles para un tránsito de gente no tan masivo y poco refugio ante el sol que pega sobre una superficie blanca muy amplia hace que esa zona sea hostil en verano. Además, una calidad constructiva por lo menos dudosa de la obra en general, que a pocos meses de inaugurada ya empezó a mostrar fisuras, no ayudan a defender la intervención urbana insignia del primer mandato de Larreta. "Son espacios pensados para que se vean lindos con Google Earth pero que no son amigables con las personas", sostiene Márquez como última reflexión.